Uno de los motivos de conflicto recurrente en las parejas tiene que ver con las llamadas disfunciones sexuales.

El asunto puede ser bastante simple en su definición pero bastante complejo en su tratamiento. Cuando “algo” no funciona bien, o cuando se tienen la percepción de que “algo” no funciona bien, se suele decir en el mundo científico que se padece una disfunción sexual. Esta diferencia entre la percepción de disfunción y disfunción “real” es fundamental para determinar los ensayos terapéuticos que pueden poner fin a la problemática.

Dicho de otra manera más técnica, como lo señalan Rubio, Díaz y Foulliux de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, las disfunciones sexuales son “una serie de síndromes en los que los procesos eróticos de la respuesta sexual resultan no deseables para el individuo o para el grupo social y que se presentan en forma recurrente y persistente”

Disfunción sexual fisiológica

Cuando se trata de una disfunción hereditaria o genética, o la causada por accidentes, o por la ingestión de sustancias alterantes del habitual funcionamiento del organismo o incluso la edad, tanto en el cerebro como en las partes del cuerpo encargados de actuar en los encuentros sexuales, se dice que las disfunciones tienen un componente biológico o fisiológico. La terapia en estos casos va desde la rehabilitación, la adaptación a nuevas formas de estimulación y disfrute sexual, hasta la ingesta de determinados fármacos o incluso la intervención quirúrgica.

Disfunción sexual psicológica y social

Una vez descartados los componentes fisiológicos en las disfunciones sexuales quedan los psicológicos o sociales. El organismo funciona bien pero hay “algo” en la cabeza o se presenta “algo” cuando se está en relación con una pareja sexual que impide el adecuado funcionamiento y por tanto no se obtiene ni el disfrute ni la satisfacción esperada. Por supuesto, como lo mencionan Rubio, Díaz y Foulliux, esto debe pasar de forma recurrente porque no se puede hablar de disfunción o problema sexual cuando se trata de algo esporádico como el famoso “gatillazo”, término usado en la cultura popular española.

La Terapia Estratégica Breve y los problemas sexuales

La Terapia Estratégica Breve (TEB) plantea para los problemas sexuales de origen psicológico y/o social un nuevo giro en la manera de entenderlos.

Muchas de las disfunciones sexuales (no todas) están basadas, independientemente de las causas intrapsíquicas o de amenazas sociales, en un problema de autoexigencia de rendimiento. Las personas se autoimponen una meta de rendimiento sexual que se convierte en “la única” posible a alcanzar, con lo que cualquier alteración en dicho funcionamiento puede convertirse de una simple dificultad en un problema de gran envergadura.

De esta forma cuando una mujer dice que no siente las chispas, estrellas y desmayos que se le suponen a un orgasmo y se autoimpone la tarea de conseguirlo a toda costa y en la calidad que lee en los libros o escucha de sus amigas, con mucha probabilidad puede configurar una disfunción sexual (anorgasmia) debido precisamente a no saber si lo que le está ocurriendo en sus encuentros sexuales es lo que debe sentir y en la intensidad que debe ser. Se configura el problema de que cuanto más lo busca menos lo encuentra. Si a esto se le suman tendencias de personalidad obsesiva e intenta controlar hasta el más mínimo detalle, hay muchas posibilidades que la personas quede atrapada en una situación en dónde por más que lo intenta, menos lo consigue.

Como lo comentan Nardone y Rampim (La Mente contra la Naturaleza, Editorial Integral, pag. 17): “la interferencia de la voluntad (es decir, del control voluntario de los empujes instintivos) puede, en algunos casos y en algunos momentos, resultar nocivo […]. No pretendemos afirmar que los problemas sexuales se derivan de una inhibición entendida genéricamente, en cuando muchos de ellos (si no todos) se presentan cuando se verifica el esfuerzo consciente o voluntario de provocar o inhibir reacciones que son naturales, y que el aprendizaje ha hecho que fueran controladas por sistemas específicos de inhibición”.

Soluciones a los problemas sexuales

Como en casi todos los problemas mantenidos y generados por la forma equivocada de solución como lo propone la TEB, las disfunciones sexuales entran en el ámbito de técnicas y estrategias que permiten, incluso en pocas sesiones, revertir el intento de la voluntad para provocar o inhibir determinadas conductas o pensamientos que provocan los problemas en la intimidad.

Desde decoraciones o rituales aparentemente ridículos, hasta la autoimposición de celibatos en determinados momentos, pasando por divertidas formas de comunicación con la pareja, el abanico de técnicas es bastante amplio y prometen soluciones eficaces. Incluso en disfunciones de tipo fisiológico, la TEB puede ayudar a re-enfocar la situación si las distintas terapéuticas no están dando el resultado esperado.