La resignación es una actitud que se adopta ante la vida, a veces tratada como una suerte de virtud; algo asío como una postura estoica para hacer frente a todo tipo de adversidades. Psicológicamente hablando podríamos clasificarla como una especie de resiliencia pasiva.

Otras veces es interpretada como una característica de aquel que no está dispuesto a luchar, del que se da por vencido, del que acepta el destino sea éste cual sea y aunque resulte perjudicial. “La resignación es un suicidio cotidiano” sentenciaba Honoré de Balzac.

La resignación tiene cierto parecido a la paciencia, aunque esta última puede tener un fin o propósito utilitario que en el caso de la resignación es más discutible. Se podría decir que la diferencia fundamental es que la paciencia es un recurso que se pone en práctica para lograr un objetivo, en ocasiones unida a la perseverancia, mientras que la resignación va unida a la renuncia y a la negación de cualquier posibilidad para alcanzar objetivo alguno.

La resignación en términos religiosos

Buena parte de las religiones, pero sobre todo la religión católica, han dotado al término resignación de una aureola entre mística y admirable. Que en la vida se viene a sufrir es una certeza para muchas religiones. En cualquier caso no cabe extrañeza ante la buena prensa de la resignación, máxime cuando entre sus postulados se considera que todo está en manos de Dios. Desde esta perspectiva es comprensible que la resignación ante los designios divinos sea una actitud bien vista. Ahora bien; la resignación es una virtud en el "rebaño", no en los "pastores".

También es verdad que desde la óptica católica se contempla, como contrapunto interesado, un elemento conocido como libre albedrío, por el cual se hace al ser humano responsable de sus actos. En realidad, esta estrategia tiene más que ver con exculpar a Dios de cualquier circunstancia negativa, para que sea el hombre quien asuma las responsabilidades de sus actos en todo lo que se refiera a aspectos negativos. O sea, resignación…

La resignación en la sociedad

Probablemente sea nuestra época actual el periodo de tiempo donde más consistentemente instalada parece estar la resignación. Hay toda una serie elementos que, en este sentido, hacen pensar en lo peor. La fatalidad y el descreimiento en estos tiempos de crisis; una crisis que ya lleva tiempo y que se prolongará considerablemente, según los expertos -que a saber quiénes son- no están disociadas de una comodidad a la que nos acostumbramos hace tiempo; algo que se ha dado en llamar la sociedad del bienestar y que parece haber cortado las alas a luchadores, inconformistas y demás gente que no se resigna a pertenecer a un rebaño, y menos aún a un rebaño empobrecido en todos los sentidos.

El futuro es incierto, sin duda. De hecho siempre lo ha sido, solo que ahora parecemos todos más conscientes, y también más temerosos y resignados ante la realidad. La resignación, unida a la incapacidad para rebelarse ante esos hechos, no va a ayudar mucho.

Resignación e indignación

A pesar de que el panorama no parece demasiado alentador, España puede presumir de haber dado una respuesta a tanta resignación e inoperancia. El año 2011, entre otras cosas, se recordará por haber alumbrado un movimiento conocido como el de los indignados, uno de cuyos principales valores es, precisamente, no resignarse a la situación actual, siguiendo los preceptos que ya mencionara Ernesto Sábato: “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”.

La capacidad de contagio de este movimiento es lo que deberá valorarse en el futuro para saber si en verdad habrá valido la pena. El contagio uno a uno, como actitud, es lo que determinará el éxito, porque la indignación y la lucha para no salir derrotado, no es una cuestión susceptible de ser liderada por un grupo, sino una actitud que debe defender cada persona.

La resignación y la política

La política y la sociedad son indisociables; una no tiene sentido sin la otra. La política debería erigirse como el estandarte más confiable en tiempos de crisis. Por lógica debería ser el instrumento más válido para dotar de sentido nuestra realidad y proporcionar perspectivas de futuro creíbles y viables. Cierto es que se habla sin cesar de la crisis como un problema estrictamente económico, pero el problema, en realidad, va mucho más allá. La política debería consolidarse como uno de los actores principales del cambio, un concepto que ya han vaciado de contenido hasta convertirlo casi en una burla. Sin embargo parecen marionetas en manos de un poder invisible que, de hecho, es el que hace tiempo que mueve los hilos, pero que quizá nunca antes se había percibido de un modo tan claro. En fin… resignación de nuevo.

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