‘Rubia de verano’ es un espléndido ejemplo de cómo el cómic se puede acercar con maestría a personajes cotidianos, a historias humanas y a un realismo desgarrador para que un público adulto, e incluso ajeno a este mundo, se acerque sin miedo a la novela gráfica. El volumen recopila cuatro de las historias que Adrian Tomine escribió con detallado realismo y dibujó en blanco y negro y con un trazo sencillo y casi minimalista para la serie ‘Optic Nerve’.

Las cuatro historias de ‘Rubia de verano’

Ediciones La Cúpula publica un lujoso y cuidado tomo, al precio de 20 euros, que recupera las historias de Tomine para los números 5 a 8 de ‘Optice Nerve’, que salieron al mercado entre febrero de 1998 y septiembre de 2001. En ‘Alter Ego’, el protagonista es Martin, un escritor frustrado tras el éxito de su primera novela que es incapaz de escribir la segunda, que vive atrapado en una relación anodina y que se ve capturado por el recuerdo de un viejo amor adolescente.

En ‘Rubia de verano’, Neil es el editor de los anuncios clasificados de un semanario local, quien vive enamorado en secreto de una dependienta a la que jamás se atreve a confesar sus sentimientos. ‘Escapada a Hawaii’ es el retrato de Hillary, una joven que es despedida de su trabajo como telefonista y vive frustrada por casi todo lo que le rodea, por su agobiante madre, por la ausencia de relaciones sentimentales, por la novia de su compañero de piso.

Y ‘Amenaza de bomba’ trata sobre las inseguridades de Scotty un adolescente poco convencional, que no se ha rendido a las ansias de fiesta, drogas y sexo de los chicos de su edad, a quien muchos creen homosexual por su amistad con otro amigo del instituto y que verá cambiar su vida al relacionarse con Cammie, compañera de trabajo y de estudios.

Los realistas personajes de Adrian Tomine

Los personajes de Tomine son emocionalmente inestables, frecuentemente aquejados de una evidente sensación de fracaso en sus vidas y, en especial, en sus vidas sentimentales. Son éstas historias de desamor, de seres perdidos que no saben cómo encontrarse y van sorteando como pueden los obstáculos de la vida. Relatos, en definitiva, sacados del mundo real, que pueden mover al lector a pensar en experiencias propias o de personas conocidas.

Tomine expone, pero no juzga a sus personajes. Son historias tan desgarradoras y demoledoras, sin olvidar por ello toques de humor cotidianos, como realistas. A ello contribuye el trazo limpio y sencillo del autor, que no recarga sus escenas en ningún momento y que sabe encajar sus historias en un esquema de tres bandas de viñetas por página de lo más tradicional en el mundo del cómic.

Adrian Tomine, considerado el Raymond Carver del cómic

El autor ofrece en un aroma muy personal en sus historias y, aunque a Tomine se le ha considerado en demasiadas ocasiones como el Raymond Carver del mundo del cómic, incluso en la promoción de este libro, lo cierto es que no tiene demasiado sentido encasillarle. Él mismo huye de las etiquetas adaptando sus ideas a diferentes formas de narrar y a personajes de lo más dispares.

Tanto le da buscar palabras para un hombre o para una mujer, para alguien atractivo o para alguien que no lo es, para un adolescente o para un treintañero, porque siempre las encuentra. Domina los diálogos y sabe administrar con maestría los escasos silencios que hay en estos trabajos, actuales aunque se publicaran hace diez años. Y sus historias enganchan al lector con una facilidad y una fuerza poco común porque es fácil sentir empatía por sus protagonistas.

Semejanzas con el cine europeo o el cine independiente americano

El tono de ‘Rubia de verano’ se asemeja a las historias que abundan en el cine europeo o en el cine americano independiente. Es una novela gráfica espléndidamente narrada, un magnífico tratado sobre la soledad y sobre la condición humana, una lectura que puede atraer al mundo del cómic nuevos lectores a los que les sorprenda encontrar una historia así contada con viñetas.