
- Portada de 'Mío Sidi' - Dolmen Editorial
‘Mío Sidi’ es la quinta novela de Ricard Ibáñez y un paso más en su evolución como escritor de ficción histórica, carrera que inició en 2004. Un paso más porque introduce aquí la fantasía como elemento predominante en esta su particular versión de las andanzas de Rodrígo Díaz de Vivar, El Cid Campeador. Seres fantásticos y hechos folclóricos e históricos se dan la mano con un elogiable sentido del entretenimiento.
La juventud del Cid Campeador
Quien piense que ‘Mío Sidi’ es una versión fantástica (o fantasiosa) del ‘Cantar de Mío Cid’, se equivoca. Para empezar, el relato no está dividido en tres partes como en el épico cantar de gesta medieval, sino en cuatro. Aquel se circunscribía a los episodios finales de la vida del Cid, mientras que Ibáñez nos habla, además de la etapa del destierro y muerte, de su juventud.
La primera parte de la novela de Ibáñez es donde más destaca esa diferencia. Cierto es que la ficción ya se ha ocupado de los primeros años del Rodrígo Díaz (por ejemplo, en la serie de dibujos animados ‘Ruy, pequeño Cid’), pero aquí se profundiza en su adolescencia y en cómo nace su amor por Jimena. En las tres siguientes parte ya desarrolla su vida como caballero.
El ‘Cantar de Mío Cid’
“El hombre de nuestro siglo no debe enfrentarse con el ‘Cantar del Cid’ como si fuera una obra de lectura ni creerse que es un libro. El ‘Cantar del Cid’ no nació para ser leído en la callada soledad de un hombre frente a unos renglones, sino que se originó para ser cantado por profesionales del recitado público y ser escuchado por un vasto auditorio”, dice Martín de Riquer en la introducción de la edición de Espasa Calpe de 1976.
Y ahí está la segunda gran diferencia entre el ‘Cantar’ y ‘Mío Sidi’. Esta novela está pensada para disfrutar durante su lectura y para ser acometida con la mayor facilidad posible. No quiere esto decir que sea una lectura banal o poco recomendable. Al contrario. Pero se trata de una lectura que conjuga la época medieval en que se desarrolla con un lenguaje algo más actual y accesible.
Gran trabajo de documentación
El tercer punto de interés es el trabajo de documentación. Ingente e intenso, propio de alguien que, como Ibáñez, en licenciado en Geografía e Historia. Como evidencia, el libro se cierra con un apéndice de notas. El autor confiesa que no quería incluirlas, que fue un deseo del editor. Pero se antojan esenciales para comprender el trabajo de biblioteca y para incitar al lector a aprender mucho más sobre el folclore español.
Al final, ese es el regusto más agradable que deja la novela. España es un país tan rico en historia como lo es en mitologías y leyendas, pero pocas son conocidas por el lector contemporáneo. Ibáñez utiliza muchas de ellas encajándolas con suma habilidad en las lagunas que deja el relato original de las hazañas del Cid. Merece la pena la lectura de las notas al mismo tiempo que la novela, y no a su término.
Como un juego de rol
Ibáñez también deja claro en este trabajo novelístico sus orígenes. Es creador de dos de los juegos de rol en castellano más famosos, ‘Aquelarre’ y ‘Capitán Alatriste’, éste basado en las novelas de Arturo Pérez-Reverte. No es nada original decir que ‘Mío Sidi’ tiene casi un planteamiento de juego de rol, pero sí destaca que el entretenimiento en su meta esencial.
El gran papel que Ibáñez cede a la fantasía es un gran acierto, pues construye de esta forma una novela que amplía su público objetivo. Y no debe de extrañar, pues la fantasía siempre ha ido ligada a la vida del Cid. ¿No dice la leyenda que el Campeador fue un caballero que ganó batallas incluso después de muerto?
Portada de Alejandro Colucci
Dolmen Editorial publicó esta novela en 2010, al precio de 18,95 euros. La portada es del uruguayo Alejandro Colucci, un habitual ya de la editorial. La épica que desprende la ilustración es el mejor resumen de la entretenida lectura que esconden las casi 400 páginas de la novela.
