Reseña de «La política vigilada», de Antoni Gutiérrez-Rubí

Portada del libro 'La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks' - Editorial UOC
Portada del libro 'La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks' - Editorial UOC
Tras obras como "Filopolítica" o "Micropolítica", el autor analiza, como reza el subtítulo del libro, "la comunicación política en la era de Wikileaks".

El experto en comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí hace, en su último libro, un recorrido por las principales corrientes de influencia que internet y las nuevas tecnologías están abriendo para la política. Presentado el pasado 3 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, cuenta con un prólogo escrito por el catedrático de Filosofía Social y Política en la Universidad de Zaragoza, Daniel Innerarity. Y es la última apuesta de la Editorial UOC, destacada en la publicación de libros de divulgación y manuales universitarios.

Gutiérrez-Rubí analiza desde el Movimiento 15-M o las llamadas primaveras árabes hasta la censura china o la aparición de Wikileaks desde el punto de vista de la red como nuevo entorno de acción política. Así hace casi un catálogo de las nuevas tendencias tanto del marketing o la propaganda política como de la participación ciudadana y del control a la política y los políticos. Todo ello en y desde internet.

Nuevos medios, nuevos partidos, nueva participación

El autor tiene muy clara la razón de estos cambios: "Porque la ciudadanía empieza a comprender que la delegación de sus vidas y de su futuro cada mil trescientos días (los cuatro años habituales de un período electoral) es incompatible con la necesidad de decidir cada día en un mundo acelerado y cambiante". Así "con las nuevas tecnologías, la opción de control social por parte de la ciudadanía ya no es una quimera populista. Cada vez surgen más herramientas en todo el mundo que permiten evaluar el desempeño de los funcionarios y de los representantes públicos, dirigirse a ellos, articular quejas sobre fallos en los servicios o fomentar la fiscalización sobre los gastos gubernamentales, por poner algunos ejemplos".

Pero Rubí pone muchos más ejemplos, como una mejora en la transparencia de las democracias consolidadas, en la estela del proyecto estadounidense Data.gov, que tiene su correlación en la UE en Open Europe. O como el nacimiento de plataformas ciudadanas que pretenden fiscalizar la acción política, como la española Actuable, la británica Change.org o la web del expresivo título Dondevanmisimpuestos.es.

A pesar de constatar que los partidos tradicionales también han encontrado en las nuevas herramientas de comunicación que ofrece la red una forma de comunicarse más directamente con el simpatizante y de conectar con el ciudadano, el autor considera que todavía hay mucho recorrido en ese sentido. Y más significativo le resulta la aparición de partidos nacidos en y, en muchos casos, para internet, como el Partido Pirata o el PDI (Partido de Internet). Aunque no parece confiar mucho en ellos: "Parafraseando a John Daniel, estos partidos han encontrado la respuesta en las nuevas tecnologías, pero de momento parecen ignorar la pregunta".

Los peligros de la red

El perfeccionamiento de las herramientas con las que nos acercamos a la red, por descontado, también tiene sus peligros, como el propio Gutiérrez-Rubí admite:

"Estamos en una encrucijada. Se ha invertido la dirección. Ya no buscamos en el buscador. Este nos encuentra a nosotros, te encuentra a ti y te ofrece lo que cree que necesitas. Y lo cree, porque lo sabe. Y lo sabe porque conoce nuestras preferencias, gustos y pautas de comportamiento. (...) El sesgo de la oferta, pues, es el espejo de nuestra identidad, evaluada y segmentada por nuestro uso de la herramienta. De lo relevante a lo semejante. Este es el cambio. El mismo que, silenciosamente, aplican ya las principales redes sociales.

Las consecuencias de esta retroalimentación (comportamiento = información = relación) no son menores. Quizás la más evidente es que la redundancia y la reiteración de unos determinados contenidos preseleccionados empobrecen el pensamiento".

Su queja se refiere, únicamente, a que la evolución de los puntos de acceso a la red nos pueden introducir en ella con orejeras. Y, para hacerla, cita el "Manifiesto Para una política industrial de las tecnologías del espíritu, impulsado por la Asociación Ars Industrialis":

"...Pero algunos recientes avances tecnológicos, como la mejora de los filtros, la personalización de las búsquedas y la sofisticación de las herramientas de segmentación, pueden llevarnos en la otra dirección. En especial porque no se nos presentan como amenazas, sino como 'mejoras' en el servicio'".

Visión crítica

Sin embargo, se echa de menos en la obra de Gutiérrez-Rubí una visión un poco más crítica. Ya que él parece olvidar que la dirección del control a través de Internet también puede ir en el otro sentido, desde el poder hacia los ciudadanos. No en vano, el paradigma que, ya desde el subtítulo del libro, tiene en mente el autor anunció su cierre solo una semana después de la presentación de La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks.

Efectivamente, Wikileaks no ha podido resistir la presión sobre los medios de pago que servían para su financiación a través de donaciones. Incluso sobre las intenciones de esta plataforma existen otras interpretaciones que el autor ni siquiera apunta como posibilidad. Aun así, Gutiérrez-Rubí hace un sugerente repaso a lo que le pasa a la política cuando cae en la red.

Luis Javier García Casas - He trabajado en radio, televisión y medios escritos. También como cámara y fotógrafo. Empecé de ...

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