Morirás mañana presenta, según reza la propia contraportada, una visión “esperpéntica” de la realidad. Esa lectura, o escritura, es la que hace de la prosa de Jaime Bayly el misterio indescifrable de un estado en perpetuo equilibrio entre el escritor y el provocador. Una lectura de los tiempos modernos (sí, era lectura la palabra, y no tanto escritura) sin concesiones, donde las sociedades se deshacen en corruptelas, se deshacen en vulgaridades… se deshacen.

Jaime Bayly, el gran provocador

Aquellos lectores que hayan seguido la bibliografía de Bayly ya conocerán las marcas de estilo: la continúa revisión de una misma historia (¿autobiográfica?) inserta en el contexto social que tocó en suerte. A través de sus novelas, los personajes de Bayly suelen ser escritores de familia rica, que se han “vendido” a la televisión por el poco coraje para bajar a la pobreza de la vida de la literatura. En un Perú de desigualdades económicas gigantescas la visión de Bayly jamás esquivó los que son, a su modo de ver, los motores que mantienen viva esta maquinaria: padres militaristas racistas; esposas amas de casa, ejem… estúpidas; sacerdotes pervertidos y violadores; machos reprimidos, mujeres-objeto.

Si la exquisita prosa de Bayly construyó años atrás tiernas novelas, divertidas y provocativas donde el sinfín de páginas reconstruían una literatura trabajada, a partir de El cojo y el loco (2009, ver crítica) la ecuación se ha invertido: el escritor cedió terreno al provocador, que ahora se hace flor de fiesta en las páginas de Morirás mañana.

Sinopsis de la trilogía Morirás mañana

Javier Garcés (¿otro de los alter-ego de Bayly?) conoce la noticia de que le quedan semanas de vida y decide darles sentido. La manera es matar a los enemigos que ha ganado a lo largo de los años, por diversas cuestiones: editores, críticos y una mujer, su amante, que se fue con uno de los villanos.

Con esta breve sinopsis (inspirada en la trilogía Millennium de Larsson, según el mismísimo autor) empezaría lo más cercano a un policial que Jaime Bayly podría escribir, pero que de policial, claro está, no tiene nada. Lo siguiente es un divertidísimo derrotero por personajes espantosos pero simpáticones, por países limítrofes arrasados, por instituciones inútiles, todo a caballo de un lenguaje brutal.

La visión del mundo de Jaime Bayly

Lo dicho: el provocador le ganó la batalla al escritor. Morirás mañana enseña páginas desligadas de la mínima pretensión de prosa literaria, si por “literaria” se comprende recursos técnicos y estéticos. La novela tiene constantes redundancias, cambios inexplicables de tiempos verbales, párrafos que sobran y datos que faltan. Pero atención que nada es obra de la dejadez ni la falta de talento. En sus obras anteriores, Bayly ha dado sobradas muestras de ser un narrador excelente. La construcción vulgar de su nueva obra tiene un propósito. La estética resultante (porque todo conforma una estética, aún las formaciones más brutales) pone bien adelante esa visión deforme del ser humano que Bayly pretende. Dos cosas y sólo dos cosas parecen mover el mundo: el dinero o el sexo, en sus variantes oral y anal (no le vengan con tradicionalismos a Jaime).

El autor se las ingenia para evitar las repeticiones narrativas y conseguir agilidad en sus páginas. El libro, originalmente presentado en Perú como una trilogía de novelas, se estructura en tres partes en su única versión para el resto de Hispanoamérica. Bayly se las arregla para diferenciar cada una de estas: la primera (El escritor sale a matar) cuenta el inicio de los asesinatos; la segunda (El misterio de Alma Rossi) se concentra en el pasado de esta mujer e incluye un recorrido por Chile; la tercera y última (Escupirán sobre mi tumba), narra la llegada del asesino Garcés a Buenos Aires y abre el abanico a cuasi-digresiones sobre personajes de la ciudad. Si por momentos había parecido que la acción se volvería repetitiva, nada de eso sucede.

Crítica de Morirás mañana; una novela en tres partes

Nadie se salva. Críticos, moralistas y personas políticamente correctas tienen para entretenerse con Morirás mañana. Bayly se burla de pueblos enteros (los peruanos son esto, los chilenos lo otro, los argentinos qué decir…); los policías son todos ladrones, las mujeres son todas objetos, los periodistas son todos comprables. Para divertirse, pero también, por qué no, para reflexionar del espacio que hemos generado como sociedades, Morirás mañana viene a entregar una visión. En lenguaje Bayly, ya casi un subgénero en la literatura y eso no es poco decir. Que es “esperpéntico” y ficticio. Aunque quizá no esté tan alejado de la realidad.