Huelga decir que ‘Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!’ gana enteros no por la originalidad de su propuesta (puesto que no se altera un ápice la estructura que tan buenos resultados dio en 'Resacón en las Vegas'), sino porque en su empeño por restregar en el fango a los protagonistas funciona como divertido y salvaje entretenimiento, apelando a todo aquello que se aleja de lo políticamente correcto. La idea de perderse en medio de Bangkok, un lugar en el que la miseria se cruza con la opulencia exagerada, roza la extravagancia dado que muchos de aquellos detalles que no aparecen en los folletos pueden resultar insultantemente ‘atípicos’ para un turista occidental, convirtiendo un viaje de placer en una odisea de lo más hilarante para el espectador.

Los mismos ingredientes, y alguna sorpresa

Con motivo del enlace de Stu con una bella nativa tailandesa, y partiendo de una celebración ante el fuego aparentemente tranquila, el trío formado por Ed Helms, Bradley Cooper y Zach Galifianakis vuelve a verse visiblemente perjudicado por los efectos de las drogas para despertarse de nuevo en un ambiente de pesadilla en compañía del alocado Chow (Ken Jeong), junto a la inquietante presencia de un monito con una serie de hábitos de lo más peculiares y la desaparición misteriosa del hermano pequeño de la novia, cómplice y seguidor de las alocadas perversiones que tuvieron lugar la noche anterior. Como en la primera parte, nadie recuerda nada, y será necesario recomponer el rompecabezas que de alguna forma logre que los tres amigos acudan al casamiento junto a la única pieza que falta. Es ahí donde se van sucediendo un conjunto de situaciones que rayan el absurdo por resultar inesperadas, unidas a su vez a las referencias escatológicas ya clásicas en este tipo de películas para de esta forma conseguir de su visionado una experiencia más llevadera de lo que cabría esperar.

En cuanto a los personajes, una vez más, vuelve establecerse un cóctel explosivo conformado por caracteres muy dispares planteando una dinámica de grupo difícilmente llevadera: un tipo inseguro, excesivamente recto en las formas y sin apego alguno hacia la aventura y el riesgo (Stu), el tipo que aporta tranquilidad en las situaciones más extremas, puesto que se muestra más liberal (Phil) y por último el toque estridente en la figura de Alan, mentalmente inestable y propenso a la ingestión de estimulantes. Junto al ya mentado Chow, ejerciendo su habitual registro histriónico, transcurre más de una hora de sufrimiento para todos ellos en el tránsito a un paraje decadente y a su vez lleno de peligros.

Los intérpretes

Y es que el lugar escogido para desarrollar la historia se combina a las mil maravillas con la química que muestran los tres actores principales. Ed Helms personifica notablemente la caricaturización del típico hombre aburrido, inesperadamente inmerso en una serie de grotescos‘sketches’, mientras que destacable resulta el trabajo de Galifianakis, una vez más preso de su locura y soportando sobre sus hombros gran parte del peso de la historia. Menos definido que los anteriores queda Bradley Cooper, que no deja de tener una intervención correcta, aunque un tanto eclipsada, algo entendible por otra parte dado que le ha tocado lidiar con una figura carente de comicidad. Ken Jeong sigue en su línea de alentar al palco metiéndose de lleno en un personaje altamente provocativo, mientras que cabe destacar el granito de arena aportado por Paul Giamatti, muy brillante en los pocos minutos que permanece ante la cámara, añadiendo unas gotas de calidad al largometraje.

Con todo ello, ‘Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!’, vuelve a revelarse contra el manido arquetipo de comedia amable estadounidense para ofrecer un producto políticamente incorrecto, que si bien es cierto que puede resultar incómodo para algunos, parece que va a tener una gran aceptación ante la mirada de un público más que acostumbrado a contemplar con buenos ojos el humor gamberro e inmoral.