En la profundidad de los ardientes desiertos del suroeste americano y Nuevo México podemos encontrar diversas poblaciones de una especie de lagartija que, aunque a simple vista no parezca desentonar en su ambiente, guarda en su interior una de las dinámicas poblacionales más atractivas para los biólogos de todo el mundo. La característica singular de estos reptiles, agrupados bajo el término general de "lagartijas cola de látigo" e incluyendo a más de una veintena de especies de la familia Teiidae, radica en que sus poblaciones son grupos de individuos formados exclusivamente por hembras.

Lagartijas unisexuales

La especie más representativa y estudiada de este tipo de lagartijas de un solo sexo es Cnemidophorus uniparens, una lagartija partenogenética (sus hembras ponen huevos sin fertilizar que albergan individuos clónicos) y triploide (con tres copias de cada cromosoma, los humanos tienen dos) presuntamente surgida por hibridación de dos especies sexuales (C. inornatus y C. Burti) durante el Pleistoceno. Estos huevos triploides son fruto de un proceso de endomitosis premeiótica (una división antes del proceso meiótico del ovocito, en el que se evita la separación de núcleos y por tanto se duplica la dotación cromosómica), en la que ciertos procesos de restitución podrían asegurar cierta variación genética entre los clones y no estancar la variabilidad de la población.

Durante todos los años de estudio de estas poblaciones de lagartijas (principios de los ochenta) nunca se han identificado machos. No obstante, experimentos con inhibidores de hormonas esteroideas que han llevado a la inducción de machos con testículos y conductos de Wolffian completamente funcionales (Wibbels T y Crews D, 1994) demuestran que la potencialidad genética para dar lugar a machos no se ha perdido. Estos machos "artificiales" no pueden reproducirse con las hembras de C. uniparens debido a que tienen una dotación triploide.

Comportamiento sexual

Pese a que en las poblaciones de C. uniparens solo conviven hembras, también se dan pautas de cortejo y ciertos patrones propios del festejo y la conducta intersexual.

Según describen Crews et al. (1979) en primer lugar, una de las hembras en estado reproductivo inactivo o postvulatorio ataca a otra hembra en estado folicular (preovulatorio, reproductivamente activo) inicialmente en el cuerpo, y luego concentrándose en la zona terminal. Aunque en un principio la hembra sexualmente activa se muestra a la defensiva, poco a poco su pasividad crece mientras la hembra inactiva sexualmente toma las riendas del cortejo y fuerza con sus extremidades y mandíbula a la hembra "pasiva" a adoptar la posición de monta. La falsa cópula, en la que las cloacas de ambas hembras entran en contacto, dura unos 2 minutos.

A excepción de los últimos instantes de la secuencia (donde, en una especie de dos sexos, el macho hubiera introducido un par de hemipenes a través de la cloaca de la hembra para realizar la fecundación) todo el proceso de apareamiento es idéntico al de especies cercanas ya mencionadas como C. inornatus. Por este motivo, no es raro reportar encuentros entre hembras de C. uniparens y machos de C. inornatus (Crews et al., 1989), los cuales dan individuos híbridos de descendencia fértil.

Determinación de la conducta

Se ha observado cómo tanto la inducción de dihidrotesterona en el hipotálamo anterior-área preóptica en hembras de C. uniparens a las que se les ha extraído el ovario (Mayo M y Crews D, 2004) como las lesiones en el mismo núcleo realizadas en machos de C. inornatus (Kingston P y Crews D, 2006) ha alterado la conducta de apareamiento de los individuos, por lo que se considera que dicha área (hipotálamo anterior-área preóptica) juega un papel esencial en su determinación y control.

En hembras con incremento de dihidrotestorena en dicha zona se activaba la conducta "machista" o "activa" del cortejo, mientras que los daños en la misma zona en machos plenamente funcionales de una especie bisexuada, provocaba en ellos una pasividad y una conducta "femenina" durante el festejo.

Significado evolutivo

Con las pruebas expuestas, se hace difícil pensar que el comportamiento “machista” entre una población exclusivamente femenina de lagartijas partenogenéticas se deba a un vestigio del comportamiento, por lo que debe ponerse en un contexto evolutivo funcional y considerarse que tal vez todo el proceso de cortejo y las pautas de festejo entre hembras de C. uniparens sea necesario para un correcto proceso ovulatorio, al igual que sucede con sus especies más próximas.