En algunas ocasiones sucede que se tiene perdido un fragmento o etapa de la vida hasta que, sin previo aviso, alguna situación hace que se recuerde de golpe aquello olvidado. Por el contrario, en ocasiones sucede que se recuerda con detalle algún evento y, súbitamente, se pierde por completo el recuerdo, sólo se sabe de su ausencia por fotografías o relatos ajenos.

¿A qué se deben estos olvidos y súbitos retornos? En el caso de tener una posición subjetiva neurótica, se debe a la llamada represión: el mecanismo fundamental de la neurosis descubierto por los estudios de Freud y que da origen a lo inconsciente mismo.

En este artículo, se abordará una primera aproximación sencilla y básica sobre qué es la represión, por qué sucede y cuáles son sus efectos.

Reprimir: desalojar lo incompatible

Para el psicoanálisis, la represión podría entenderse como un esfuerzo de desalojo. Es el medio por el cual se desalojan de la consciencia los pensamientos o fantasías amenazantes que se tienen respecto a una determinada experiencia o vivencia. Dado que los pensamientos sobre un evento están ligados al recuerdo mismo del evento, al momento de reprimir se desalojan recuerdos completos de la memoria.

En la represión, el pensamiento o fantasía sobre una experiencia se registra en la consciencia en un primer momento, y en un segundo momento, se expulsa de ella por considerarlo amenazante.

A manera de símil se puede comparar la represión psíquica con un movimiento social. El pensamiento reprimido sería como un grupo rebelde cuyos propósitos van en contra del gobierno. El grupo rebelde se manifiesta, convoca a reuniones y empieza a generar estragos en la población. El gobierno, la parte de la psique que reprime, al ver lo ocurrido, buscará restaurar el orden de nuevo sin importar el costo; no puede aniquilar al grupo rebelde, por lo que decide mandar al exilio tanto al grupo rebelde, como a todos aquellos ciudadanos que fueron afectados por él.

Freud ubicó la represión justamente como efecto de este choque: la pulsión inconsciente intenta salir para satisfacerse y, al llegar a la frontera con la consciencia, se le deniega el acceso ¿por qué? Porque es incompatible con otras exigencias psíquicas. El resultado es que todos los elementos incompatibles serán reprimidos, condenados al exilio.

Retorno de lo reprimido

Mantener desalojado de la consciencia el material reprimido implica un estrago perpetuo en el aparato psíquico. Además, conforme se reprime material adicional, éste se vincula con otras vivencias similares reprimidas y crea una intrincada red. Los elementos de la red se movilizan y buscan salida por medio de los sueños, lapsus, actos fallidos y otras manifestaciones de lo inconsciente.

Cuando el material reprimido se moviliza a tal grado que amenaza con alcanzar la consciencia de nuevo, es necesario hacer un esfuerzo adicional para apartarlo de la consciencia, generando, entre otros, el bien conocido insomnio.

El pensamiento o vivencia sobre una experiencia está compuesta por dos elementos: el evento o pensamiento en sí, y el segundo elemento es el sentimiento surgido por el evento. Cuando entra en operación la represión, se desaloja de la consciencia el evento o pensamiento en sí, no el sentimiento o afecto. Se separan uno de otro y el evento o pensamiento se olvida, mientras que el sentimiento queda rondado por el aparto psíquico, adhiriéndose a otras vivencias sin poder ser tramitado.

Al momento en que algún elemento externo o nuevo pensamiento se vincula con lo reprimido, cuando se hace un llamado a aquella memoria reprimida, se forma un lazo que provoca que lo reprimido insista con más fuerza en salir a la consciencia y en regresar del exilio.

Los choques por estos movimientos, pueden percibirse como estragos físicos, tales como mareos, bajas de presión, insomnio o alguna otra afección física. El malestar continuará hasta que su aparato psíquico logre dominar de nuevo al material inconsciente.

El problema surge cuando el aparato psíquico es incapaz de seguir impidiendo la salida de los diversos elementos inconscientes reprimidos. El malestar, en estos casos, no sólo no cede jamás, sino que cada vez es más fuerte e incluso incapacitante. Algunas personas, después de descartar aflicciones físicas, buscarán iniciar un análisis como respuesta al malestar ocasionado por la insistencia del retorno de lo reprimido.