Para Estados Unidos, la decisión de designar a Christine Lagarde, actualmente Ministra de Economía francesa, como la nueva directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), representará un costo de miles de millones de dólares para los contribuyentes estadounidenses.

El consejo directivo de la organización eligió el pasado martes 28 a Christine Lagarde como su nueva líder. Como socio, Estados Unidos ratificó la asignación de Lagarde aunque la ministra francesa ya contaba con el respaldo de los Estados europeos y las economías emergentes de China, Brasil y Rusia.

Con Lagarde al frente, el FMI seguirá prestando a los Estados europeos que se ahogan literalmente en la deuda. Además, los recursos provienen de los países miembros con acciones en el FMI y Estados Unidos es el accionista principal.

Sin precedente los créditos del FMI en 2010

El FMI ha respaldado tradicionalmente a las economías con dificultades económicas. Durante el año pasado, por ejemplo, prestó una cifra récord de 91,700 millones de dólares en créditos de emergencia y también respalda una tercera parte de los rescates para los Estados europeos con mayores dificultades (en la eurozona) y que requieren muchos recursos más para sobrevivir. Como árbitro imparcial de una política económica sana, es la única organización que podría obligar a reconsiderar la fallida estrategia a favor de los países de la eurozona.

Lagarde ha fungido como ministra francesa de Economía desde junio de 2007 y su proximidad política con las naciones más problemáticas de la eurozona -Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España- significará que mantendrá el apoyo como lo hizo su predecesor, Dominique Strauss-Kahn, quien aguarda un proceso legal bajo cargos de abuso sexual.

Sin posibilidades otros candidatos ajenos a la región europea

El poder político de Lagarde es enorme para canalizar mayores fondos a fin de resolver la crisis europea. Las naciones con problemas no son en verdad países pobres y en el caso de Grecia, destinar más recursos económicos, no solucionará la crisis actual. Lagarde se opone firmemente a una restructuración de la deuda griega, lo que en otras palabras significa mayores rescates a futuro.

El único rival de Lagarde, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, estuvo respaldado por varios países latinoamericanos, pero no pudo reunir el apoyo suficiente para derrotar la presencia dominante en el consejo del FMI. México, Canadá y Australia fueron los únicos países que votaron a favor de Carstens.

Incontables líderes y economistas de las economías emergentes han criticado la constante posición de Europa como líder del FMI, cuando la economía global se ha desviado a favor de un crecimiento de los países emergentes.

Debilitada la legitimidad del FMI

“Los europeos debilitaron todavía más la legitimidad del FMI”, declaró Simon Johnson, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y exjefe de economistas del FMI ante The Wall Street Journal. “No parece siquiera una organización imparcial, sino otra dirigida por Estados Unidos y Europa”.

No obstante, Lagarde ha señalado que implementará un acuerdo alcanzado en 2010 para ajustar la representación en el FMI, según el tamaño de las economías de los países, lo que significaría que China y Brasil elevarían sus acciones y de esta manera se debilitaría la influencia de las economías europeas avanzadas. En caso de que así ocurra, las economías emergentes podrían unirse en la siguiente votación y apoyar a un candidato no europeo.

Anómalo, el monopolio europeo del FMI

No le espera a Lagarde una tarea fácil. El FMI ha estado ligado íntimamente al manejo de la crisis de la deuda soberana de Europa (como lo ha estado ella misma en su posición como Ministra de Economía). Sin embargo, la nuevo líder del FMI tendrá que decidir la mejor manera de utilizar los recursos del Fondo mientras negocia con un liderazgo europeo dividido. Como europea estará bajo una intensa observación, pero hay alivio dentro de la región en el sentido de que alguien proveniente de la Unión Europea siga al frente del FMI.

De cualquier manera, el monopolio europeo en el liderazgo del FMI sigue siendo una anomalía y la tendencia debe revertirse tarde o temprano en aras de una política monetaria internacional sana, libre de presiones o consideraciones de carácter regional.