Ruth Rendell ha sabido esgrimir la rabia acumulada de niña para escribir numerosas obras. Las tiene para toda clase de lectores, pues su talento no tiene límites: allí donde esté una situación altamente morbosa con personajes poco o nada simpáticos, ella sabrá articular una buena historia con o sin policías, incluso con o sin criminales, aunque rara vez sus criaturas escapen al implacable destino que les depara su condición de seres atormentados. Sin duda es una de las más interesantes damas del crimen.

Un buen policía y crímenes misteriosos

Nació en Londres el 17 de febrero de 1930, de manera que acaba de cumplir 81 años. Hija de padres profesores, fue una adolescente melancólica, con una madre afectada por una esclerosis múltiple y un padre con habituales crisis depresivas. Habituada a la soledad, huraña y malhumorada, Rendell empezó a publicar a los 34 años, y lo hizo con «Dedicatoria mortal». que sería la primera de más de 20 obras protagonizadas por el Inspector Jefe Wexford, un hombre casado con dos hijas, que saca adelante los crímenes más enrevesados.

Muy prolífica, la abundante obra de Rendell cuenta con protagonistas de ambos sexos inmersos en situaciones de intensa compulsión emocional; sin duda es una de las mejores novelistas vivas cuya capacidad de transformación resulta impresionante. Calificarla como escritora policial es limitar a una autora que se pregunta, desde que comenzó a escribir, por qué un ser humano puede matar a otro y por qué la perversidad y la locura son una constante en la conducta de los individuos, a menudo víctimas de un gran resentimiento o una agobiante represión sexual.

A Ruth Rendell le importa, sobre todo, el lado oscuro de la naturaleza humana, acostumbrada a retratar obsesiones entre gente de clase media que aparenta una vida rígida, sin emociones, por la cual siempre se resquebraja una moral de origen dudoso.

Entre su amplia producción, he aquí cuatro títulos para abrir boca: «Carne trémula», sobre la que Almodóvar realizó una película que nada tiene que ver con la novela: una fatídica noche cambia los destinos del presunto violador Victor Jenner y del sargento detective David Fleetwood. El delincuente, acorralado en un cerco policial, dispara a David por la espalda y lo deja paralítico. Diez años después, cuando el frustrado homicida sale de prisión se inicia una sorprendente serie de acontecimientos,

«El lago de las tinieblas»: Martin Urban es un joven soltero satisfecho consigo mismo y con la vida que lleva. Pero un golpe de fortuna en las quinielas le convierte, de la noche a la mañana, en un hombre rico. Sin embargo, y a pesar de sus magníficas intenciones, la buena suerte no va a sonreírle en otras facetas de su vida. Movido por sentimientos altruistas, decide invertir el dinero del premio en personas realmente necesitadas. Así, empieza a prestar parte de las ganancias a ancianos sin hogar, enfermos, parejas jóvenes incapaces de afrontar un alquiler, hasta que tropezará con una mente perturbada. «La ceremonia» y «La dama de honor» presentan obsesiones erótico-criminales que fueron llevadas al cine por Claude Chabrol con su estilo de gran contención dramática. La primera es más dura, la segunda más sutil, pero ambas reflejan adecuadamente la tensión y el horror de las historias de la autora.

Barbara Vine: morbo refinado

Para escribir obras con mayor libertad, sin los límites del género policiaco, Rendell creó a Barbara Vine, autora de obras como «Larga es la noche», morbosa pasión entre un hombre y otro más joven más la aparición de una atractiva mujer: un material pocas veces retratado en la novela negra y mucho menos en la literatura femenina. Se desarrolla con lujo de detalles la pasión masculina y la necesidad de intevención de una mujer en condiciones especialmente complejas que se comprenden perfectamente al final. Seducciones sexuales que fascinan, liberan y oprimen...

Y «La alfombra del rey Salomón», donde el subsuelo del Metro de Londres tiene curioso protagonismo en un contexto de erotismo y miseria de vagabundos nada convencionales: crisis social desesperante, lúcida y abrazada-abrasada por una constante erótica singular.

A la medida de Patricia Highsmith y Patricia Cornwell, Ruth Rendell creó a Barbara Vine para conformar una pareja de escritoras admirables, capaces de bucear en lo más tenebroso del alma humana y salir intactas, siempre dispuestas a contar historias que tengan al lector en permanente tensión.