La religión forma parte de la historia de la humanidad. Hasta tal punto es así que sería inconcebible pretender hablar con rigor de la historia humana prescindiendo de la religión. Este hecho nos obliga a formularnos preguntas de difícil respuesta; preguntas que, en cualquier contexto histórico, incluido el actual, siempre generan polémica y controversia. ¿Es posible una historia humana sin religión? ¿Es el ser humano un “animal” religioso? ¿Para qué sirve la religión? ¿Por qué surge la religión? ¿Qué es la religión?

Origen de la religión

Sería osado hablar del año 0 de la religión. Sin embargo parece indiscutible que ya con anterioridad al Homo Sapiens, en el Paleolítico, la existencia de comportamientos religiosos ya formaba parte de la esencia de nuestros antepasados. Una de las pruebas que dan credibilidad a esta teoría son las sepulturas cuya intencionalidad, entre otras cosas, por los objetos que acompañaban al difunto, trasciende los aspectos que podríamos considerar como meramente casuales.

Parece claro que entre los hombres primitivos ya existía una conciencia del “más allá”. A día de hoy se considera que el Hombre de Neanderthal fue el primero en enterrar intencionalmente a sus muertos. Y se estima que este comportamiento pudo surgir hace unos 150.000 años. En épocas posteriores, hace unos 70.000 años se descubren en Sudáfrica las primeras muestras que evidencian una actividad ritual simbólica.

La religión y la fe

La religión se compone de una serie de preceptos, normas y principios que los creyentes aceptan incondicionalmente. El término que utilizamos para describir y sustentar estas creencias es el dogma. Un dogma, en su definición académica, es aplicable a una ciencia, y se entiende como un principio cierto e innegable de la misma. No obstante, en su uso más común, lo asociamos a una doctrina religiosa. En este caso no se halla sujeta a ningún tipo de cuestión o razonamiento que nos exija probar su veracidad. El adoctrinamiento, basado en los dogmas de una religión, solo es viable gracias a un atributo que posee cada creyente: la fe. La trilogía formada por la religión, el dogma y la fe es lo que hace posible que funcione un engranaje que, para cualquier otro aspecto de la naturaleza humana, no tendría validez. La fe, entonces, es la aceptación ciega e incondicional de una serie de hechos y creencias que no pasan por el tamiz de la razón.

Preguntarnos sobre la existencia de la fe es la primera cuestión que deberíamos abordar. Y en realidad no es tan difícil. La fe es un concepto que guarda bastante parecido con la esperanza, y si bien la fe no es universal, la esperanza nos atañe a todos. Cualquier ser humano “espera” algo, en cualquier situación. La fe difiere de la esperanza en tanto que la confianza se deposita en un ente sobrenatural; alguien que lo puede todo, lo sabe todo y lo conoce todo, o sea Dios.

La capacidad de trascender a sí mismo, de ser consciente de su propia realidad y existencia, ha hecho que el ser humano busque respuestas, y la incapacidad de encontrarlas, a la postre, es lo que ha posibilitado la aparición de las creencias religiosas.

La fe y la espiritualidad

Es habitual que términos como fe y espiritualidad se interpreten como sinónimos, cuando en realidad tienen una característica diferencial que los distingue muy claramente. Podríamos decir que una persona que tiene fe, también tiene espiritualidad, pero no necesariamente ocurre lo mismo en caso contrario. Para ello debemos considerar la fe como un concepto inextricablemente asociado a la religión, circunstancia que no tiene porque darse en el caso de la espiritualidad. Dicho de otro modo; la fe consiste en una aceptación que no admite ningún tipo de cuestionamiento, es de carácter externo y se deposita en principios y preceptos injustificados en términos empíricos. La espiritualidad, por el contrario, es de carácter interno o introspectivo, no se rige ni se sustenta por principios dogmáticos y su principio y su fuerza nace del propio individuo, sin que ese conjunto de creencias individuales requieran consenso o aceptación externa.

La religión frente a la razón, la filosofía y la libertad

La religión suele hablar a menudo de la verdad, aduciendo que Dios es la única verdad, pero al mismo tiempo lo contempla como dogma irrenunciable, es decir, no existe la posibilidad de que esta verdad sea puesta en tela de juicio. Existe sin más. Esta circunstancia hace que religión y razón sean incompatibles, ya que la razón, si hay algo que requiera, es precisamente la demostración empírica de cualquier hecho analizado.

La filosofía, por el contrario, sí tiene ciertas connotaciones que lo acercan a la religión, pues si bien se hace cargo del estudio de cuestiones como la verdad, el conocimiento o la existencia, entre otros, abordándolos con argumentaciones racionales, también investiga prescindiendo del elemento empírico, hecho que lo aleja de la ciencia. Todo ello hace posible que pueda hablarse de filosofía de la religión o, más exactamente, de filosofía religiosa, como puede ser la filosofía cristiana o la filosofía islámica.