Quedarse embarazada debería ser la cosa más natural y fácil del mundo. Sin embargo, cada vez más, se convierte en un calvario para muchas parejas que, sin ningún impedimento médico, ven pasar los meses sin lograr su objetivo. Entonces, casi sin darse cuenta, aquello que se buscaba con tanta ilusión se convierte en una tarea monótona y tirante.

Cuando tener hijos se convierte en una carrera contrarreloj

Actualmente muchas mujeres esperan para tener hijos bastante más que en el pasado. Si bien suele ser por motivos que les confieren igualdad con el género masculino, estabilidad económica y, finalmente, mayor seguridad emocional, es justo a nivel emocional donde las consecuencias suelen notarse más. El sentimiento de que hay poco tiempo da cabida fácilmente a la frustración y el desánimo. Algunos consejos:

  • Hacer actividades que ayuden a pensar en otra cosa; apuntarse a clases de cualquier cosa que se disfrute.
  • Olvidarse de plazos. Cuanto más urgente pueda parecer algo, más pausadamente debe tomarse, como dice el refrán: despacio, que llevo prisa.
  • Relacionarse con gente que no tenga hijos para que la mente deje de girar en torno a la misma obsesión.

Ansiedad y embarazo

El estrés que se genera por no conseguir un embarazo rápidamente puede ser el factor que esté impidiendo la concepción. Aunque no se ha encontrado aún la relación exacta entre estrés y fertilidad, está claro que cuando el organismo se ve sometido a tensiones, la química interna se modifica, alterando en muchos casos el funcionamiento hormonal. Muchas mujeres sufren irregularidades en su ciclo cuando pasan por períodos de estrés. Obviamente, si la ovulación no se produce de manera regular, quedarse embarazada resulta más difícil.

En los hombres se ha comprobado que el estrés reduce los niveles de testosterona, lo que lleva a una menor producción de esperma.

Hay estrés porque no se produce el embarazo y este no llega porque hay estrés. Salir del círculo vicioso es posible:

  • Practicar yoga.
  • Dar largos paseos.
  • Dormir las horas suficientes.
  • Intentar eliminar las causas de estrés en la vida cotidiana. Salir de casa con tiempo suficiente para ir al trabajo sin empezar el día agobiados o preparar buena parte de la comida de la semana el domingo para así disponer de más tiempo, son dos gestos sencillos que ayudan a la relajación.

No perder de vista el amor

Mantener la perspectiva puede ayudar a salir del estrés. Lo primero que habría que preguntarse, aunque parezca obvio es: ¿por qué se desea un hijo? Esto permitirá ser conscientes de que se partió de un amor compartido. Tener muy presente esta motivación original ayudará a no caer en la frustración y evitará los sentimientos de culpa que surgen algunas veces. Autoculparse o culpar a la pareja no sirve sino para aumentar la tensión y desequilibrar el organismo con las consecuencias ya mencionadas.

Por otra parte, hay que recordar que un hijo no debería ser un elemento de competición. Pensar repetidamente en las amigas y familiares que se han quedado embarazadas puede crear, aunque solo sea inconscientemente, una prisa competitiva poco sana.

Cuidar la pareja: antes que padres, amantes

El sexo suele ser un estupendo antídoto contra el estrés, pero si se carga de expectativas y obligatoriedad termina siendo una fuente de tensión. Con el objetivo de quedarse embarazada, es normal que se busque tener relaciones en el momento más fértil del mes. Sin embargo, programar el sexo equivale a mecanizarlo y esto puede distanciar a la pareja ya que el ambiente se enrarece y se enfría. Hay que buscar una frecuencia natural; ni obligatoriamente a toda hora, ni solo en los días propicios para concebir.

Aunque huelgue decirlo, el encuentro sexual debería ser lo más placentero posible. Estudios recientes sugieren que los espasmos vaginales producidos durante el orgasmo ayudan a impulsar el esperma hacia el útero. De igual manera, parece que la cantidad de espermatozoides tras un orgasmo potente es mucho mayor.

Por último, que la búsqueda del bebé no se torne en una cosificación involuntaria del otro. Un hombre que siente que su mujer le ataca, ya no como la pareja deseada, sino como mero coadyuvante del embarazo no se encontrará, lógicamente, en el mejor estado emocional.

  • Retomar el romanticismo: una cena distendida, velas, ropa bonita. Todo aquello que se usaba cuando la pareja empezaba a conocerse.
  • Volver a hacer las cosas que se hacían al inicio de la relación: salir juntos, ir a bailar. Sentirse unidos hará que se recuerde la sensación de disfrutar el sexo por el sexo y eso conseguirá una buena relajación.
  • Analizar si el dormitorio empieza a crear una conexión de ansiedad. ¿Por qué no usar otros sitios de la casa o hacer una escapada romántica? Un hijo, ante todo, es la expresión más íntima de amor.