Podemos aceptar que existe una unanimidad a la hora de defender la existencia de un mecanismo mediador o controlador de la conducta humana, en especial en su faceta relacional. El problema es cuando se decide el fundamento y la forma de dicho mecanismo, habitualmente llamado ética o moral.

Nos basaremos, como en el artículo sobre la relación entre la ética civil y la moral religiosa, en el trabajo de Eduardo L. Azpitarte, Moral cristiana y ética civil (PROYECCIÓN 41 ,1994), así como en apuntes de Marciano Vidal.

El origen de la cuestión entre moral y religión

Echando una ojeada a cualquier diccionario de nuestros días podremos observar como en las definiciones, tanto de moral como de religión, no se menciona a ninguna de las dos para definir a la otra, con lo que podría dar la idea a alguien que no conociera para nada el fenómeno religioso de que se tratan de realidades totalmente independientes, cuando en la práctica no lo están... ¿O sí? Esta es la pregunta que, especialmente desde la Ilustración y su movimiento racionalista, se han hecho los autores.

No podemos negar que tanto el concepto de Moral como el de Religión se han entendido de muy diferentes maneras a lo largo de los siglos, cambio que repercutía en la idea de la relación que ambas debían tener. Incluso muchas veces se ha identificado la Religión como el cumplimiento de una moral concreta, como otras se ha relegado la moral a un papel casi inexistente, por no decir que se le ha negado toda validez.

¿Es necesario que la moral y la religión estén relacionadas?

La pregunta que acompaña viene a colación con lo que plantearemos a continuación, pues no es suficiente que se demuestre que existe una vinculación entre la Ética y la Religión, pues no todas las relaciones son sanas.

Queremos decir con esto que una mala articulación entre Ética y Religión puede ser más dañina para la persona que el mismo hecho de no tener ninguna de las dos; de hecho, la mala articulación que se ha dado en ciertos momentos de la historia ha sido motivo y argumento para aquellos que defendían la independencia entre Ética y Religión.

Relación entre fe y moral

La moral se encuentra al interior de la fe, pero no constituye la fe en sí. De la misma manera, la fe no es la moral, pero no puede prescindir de ella pues renunciaría a la expresión práctica de ésta. El problema viene cuando se confunden los términos y las aplicaciones prácticas de todo esto en la vida de cada día.

Se produce una “moralización” de la religión en la medida en que se hace de ésta una parte de la moral o se baña de “moralismo” todo el universo religioso... Un síntoma de este síndrome de moralización es el entender y vivir el contenido de las tres primeras “palabras” del Decálogo en forma de precepto jurídico-moral y no en clave de Alianza.

Se cae en el “fundamentalismo religioso” cuando se elimina el componente racional de la ética, persiguiendo y condenando todo aquello que se salga un poco de la norma llegando, como hemos visto tantas veces en la historia, y más recientemente, al uso de la fuerza si cabe para lograr la uniformidad en el seguimiento de la fe.

Articulación entre moral y religión

La articulación correcta entre moral y religión es la que se establece respetando la peculiaridad de cada una de las dos formas de expresión del mundo personal e integrándolas en una síntesis superior.

De la misma manera que en una relación de pareja, hay que respetar la peculiaridad de cada una de las partes; peculiaridad irrenunciable, pues sin ella dejarían de ser lo que son. La moral persigue lo “justo”, mientras que lo religioso persigue lo “santo”. Ambas cosas deben convivir sin confundirse, sólo de esta manera se dará la correcta articulación entre moral y religión en la vida de la persona.

Citando a Aranguren, “toda existencia bien compuesta y templada tiene que ser, a la par, religiosa y moral. El esfuerzo ético, rectamente cumplido, se abre necesariamente a la religiosidad, termina por desembocar en ella. Y, por su parte, la actitud religiosa eficaz fructifica en acción moral, en buenas obras”.