Durante meses un grupo de activistas pertenecientes a varios movimientos sociales de España dieron los primeros pasos hacia la gestación de una plataforma social a través de las plataformas online que recibiría el nombre de ¡Democracia Real Ya! Esta plataforma sería la máxima responsable de la congregación que bajo el lema TOMA LA CALLE convocó¸ el pasado día 15 de mayo, una manifestación que cristalizó el malestar y la indignación de una gran mayoría de la población española y que en pocos días tomaría el nombre de movimiento 15M.

El éxito de las manifestaciones que tomaron toda España el 15 de mayo radicó en el importante papel que jugaron como vehículo canalizador de las opiniones de un abanico variopinto de personas que hasta entonces se quejaban con sus amigos o conocidos de la situación de malestar general que reinaba en el país sin atreverse a expresar su sentir más allá de un círculo cerrado.

Los primeros días del movimiento

Si bien en un principio el movimiento no atrajo la atención de los medios, algo que cambiaría con el paso de los días, sí que contó con la simpatía de gran parte de la opinión pública. Muchos españoles desempleados o mal remunerados; ahogados por hipotecas cada vez más altas y abusivas o expulsados de sus hogares debido a gestiones bancarias irresponsables; agobiados por la actual crisis económica y con un futuro incierto ante sus ojos, se identificaron con las peticiones de más transparencia política y mejores condiciones sociales y económicas defendidas por el movimiento.

Así, la manifestación se convirtió en un asentamiento de acampadas permanentes que tomó media España y en cuyo seno se desarrollaban asambleas populistas y multitudinarias donde se podían escuchar y debatir proposiciones en el ámbito de la política, la economía y lo social. Con el paso de los días el movimiento contaba cada vez con más adeptos, superando todas las previsiones iniciales y ganando el pulso a la clase política y a la Junta Electoral el 21 de mayo cuando, en plena jornada de reflexión de las elecciones municipales, decidieron permanecer acampados en diferentes localidades españolas teniendo como mayor exponente la Puerta del Sol en Madrid.

Las causas del movimiento

Este movimiento, que algunos en España han tildado de revolucionario, es sin embargo una reacción legítima a las decisiones políticas de las últimas décadas. Decisiones que han ido abandonando las iniciativas de protección social que a nivel internacional fueron desarrolladas tras la Segunda Guerra Mundial para embarcarse en un torbellino de intereses financieros que beneficia a los más poderosos dejando a los ciudadanos desprotegidos frente a posibles errores del sistema.

Un análisis un poco más profundo de los eventos revela que el estallido del 15 M no es más que una evolución natural de una todavía joven democracia como es la española. Era sólo cuestión de tiempo que una generación de españoles académicamente formados y que han crecido en un sistema democrático reclamaran su derecho a participar en la toma de decisiones, algo que sucede desde hace décadas en otros países con procesos parlamentarios más longevos en forma de grupos de presión.

Y ese es el camino que deberá seguir el movimiento del 15 M si no sólo quiere sobrevivir sin convertirse en un partido político sino que además desea crecer e influir en los procesos democráticos sin ser absorbido por el sistema: convertirse en un grupo de presión estable y sólido. Pero para ello tendría que pulir algunos errores cometidos hasta el momento.

Los errores del movimiento

En la actualidad, muchos españoles de a pie no tienen claro que puntos concretos defiende el movimiento creándose así un clima de cierta incertidumbre que provoca que el 15M corra el riesgo de que se les tache de “rebeldes” o “gamberros” y, consecuentemente, desperdicie parte de su potencial a la vez que reste apoyo ciudadano. Se hace imperativa una mejor organización en su estructura y acciones, así como, un claro alejamiento de grupos radicales y anti-sistema que provocan enfrentamientos con las autoridades y enemistan a parte de la sociedad.

También una mayor simplicidad y profundidad en las propuestas defendidas es esencial para evitar que éstas pierdan fuerza y que la influencia del movimiento se vea mermada por el gran número de iniciativas, algunas de las cuales nunca serían una realidad. Dirigir las energías a la defensa de un menor número de acciones, explicando a la opinión pública los entresijos de cada una de ellas, y a la vez ir añadiendo propuestas a la lista a medida que se vayan obteniendo éxitos, sería posiblemente el modo más fructífero de obtener las reivindicaciones sostenidas a la misma vez que se transmitiría una sensación de organización, credibilidad y eficacia.

El futuro del 15M

El movimiento está aún a tiempo de corregir errores y aprovechar una oportunidad sin precedentes en la historia de España de establecer las bases para la creación de un grupo de presión que desarrolle una labor de vigilancia democrática y obligue a la clase política a dejar de vivir de espaldas a los ciudadanos, recordándoles de vez en cuando que son representantes y empleados de un pueblo, que afortunadamente ya demuestra menos pasividad política y cuyo bienestar deben proteger y defender por encima de intereses políticos y financieros.