
- El Emperador (tarot) - Salvador Dalí
La palabra kyriarcado (en ocasiones también kyriarquía o kiriarquía) fue creado por la teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza (Kyriarchy), a partir de las palabras griegas kyrios (amo/señor) y archo (liderar, gobernar); en referencia al hecho de que el concepto de “patriarcado” se quedaba muy corto para abarcar las diferentes estructuras de poder sociales que se interseccionan entre sí.
El patriarcado trata de la dominación o el poder en manos de los hombres, pero existen otras formas de desigualdades que afectan a diversos colectivos. Por ejemplo, una mujer de clase alta está en una posición de privilegio (mayor poder) que un hombre de clase baja, un nativo de ascendencia blanca europea tiene mayor privilegio que un inmigrante de cualquier otra raza o etnia, la gente sana es más privilegiada que la gente enferma, etc.
Kyriarcado y privilegio: ajustando la definición de las palabras
En la lucha a favor de los derechos civiles y humanos, todos aquellos mecanismos que sirvan para oprimir a diferentes grupos y minorías deben ser reconocidos y redefinidos. Del mismo modo que es difícil tratar una enfermedad si no podemos definirla. Así se crean y reconstruyen nuevas palabras, como el kyriarcado.
Dentro de las “redefiniciones” está el concepto de privilegio, que es un poco más esquivo. El privilegio tradicionalmente lleva consigo cierto matiz de “suerte” o “fortuna” y un sentido positivo, en el kyriarcado el privilegio es toda la serie de ventajas que determinadas personas tienen respecto de otras y que a menudo, consciente o inconscientemente (la ignorancia es una forma en la que el privilegio de una persona se manifiesta), luchan por mantener creando situaciones de desigualdades sociales.
Dentro del mundo dominado por el kyriarcado, los privilegios son los campos de batalla entre aquellos que luchan por un mundo más igualitario y las personas que intentan defender el status-quo
Mecanismos de control social
La manera en la que el kyriarcado está construido no tiene un sentido únicamente vertical, de alguien superior a alguien inferior, también existe a nivel horizontal, estructuras de discriminación entre grupos igualmente oprimidos e, incluso, entre los individuos a sí mismos. La sociedad fomenta determinadas percepciones y comportamientos desde muy jóvenes que quedan anclados en nuestra mente sin que nos demos siquiera cuenta de que están ahí.
Una manifestación común de las herramientas del kyriarcado ocurre cuando la sociedad y las personas individuales dan más voz y credibilidad a quien tenga mayores privilegios, a menudo posicionándose a su favor contra sus propios intereses (como gente pobre apoyando a políticos que defienden los intereses de los ricos, en vez de los suyos propios).
Estos mecanismos auto-destructivos pueden deberse a que la sociedad nos ha condicionado así, una forma inconsciente de “arrimarse al árbol que más cobija”, o porque muchos prefieren agarrarse con fuerza a los privilegios que tienen antes que luchar por una mayor igualdad y arriesgarse a perderlos.
La lucha entre grupos oprimidos e, incluso, entre individuos de un mismo grupo es una manifestación insidiosa del poder del Kyriarcado.
Luchar contra el Kyriarcado
Deshacerse de un sistema que oprime sistemáticamente a un grupo de personas y privilegia a otras sin ninguna base de justicia, es difícil de derrotar, y, por mucho que alguien lo intente, nadie en su vida será capaz de deshacerse de todos los desagradables rastros de sexismo, racismo, clasismo, homofobia, transfobia, xenofobia, etc., que la sociedad nos ha enseñado a cuidar y mantener. Sin embargo, siempre hay cosas que se pueden hacer para que el mundo sea un poco mejor cada día:
- Reconocimiento: reconocer nuestros propios privilegios, nuestro condicionamiento social, aprender de los diferentes mecanismos sociales de dominación y cómo nosotros participamos en ellos. El conocimiento es el primer acto de rebeldía.
- Activismo: La discriminación se produce de manera activa en la sociedad, esperar que con sólo buenas ideas y pensamientos las cosas se solucionarán es perfectamente inútil.
- Compasión: no podemos exigir a los oprimidos que nos eduquen, que nos ayuden a ayudarles o que se ayuden a sí mismos. Es el deber de los privilegiados aprender a ayudar callando, escuchando y actuando cuando se nos pida, no cuando a nosotros nos resulte conveniente o nos guste lo que oigamos porque pueden ser nuestros prejuicios los que nos muevan.
- Empoderamiento: el poder no es finito, se puede compartir por todos. Hemos de crear sistemas sociales y personales que ofrezcan voz y oportunidades a los que las carecen.
La lucha contra el kyriarcado es una lucha que va más allá de una ideología política o económica, de un orden mundial o religioso, es la lucha contra las raíces más profundas de la sociedad, contra establecimientos que llevan inquebrantables desde que la historia comenzó a recogerlos y más allá.
