Como siempre, casi sin caer en la cuenta, las fiestas navideñas ya están aquí. Es natural porque se preparan con bastante antelación. Tal vez ganando terreno al tiempo comienzan a iluminarse las calles de forma original y los bonitos escaparates, hábilmente decorados, compiten de forma desigual con la diversidad de puestos callejeros y su variada mercancía que atrae la curiosidad de los posibles compradores ocasionales.

Todo ello, con el fondo musical de los villancicos que, no por repetitivos, dejan de cumplir el agradable cometido de anunciarnos la Navidad, con su sorprendente e inefable mezcla de alegría y tristeza.

Vacaciones navideñas

Quien tiene la suerte de vivir en las proximidades de un colegio, participa de forma más directa del jolgorio ocasionado por los niños que se acentúa en estas fechas, consecuencia de los ensayos para sus cánticos y representaciones teatrales como despedida de su primer trimestre escolar y, desde luego, como merecida bienvenida a la Navidad.

Es el momento de llevar a la práctica, una vez más, la maravillosa imaginación infantil para montar el Belén, colocar el Árbol o ambas cosas a la vez, aunque la figura de un burrito aparezca en el centro de la laguna buscando peces o la estrella guía de los Reyes Magos esté al revés en lo más alto del pino.

Todo vale en las vacaciones, incluso poner a prueba los nervios de los padres que, claro está, tienen que seguir trabajando a pesar de todo.

Felices Pascuas

Es lógico que la adaptación a cualquier circunstancia sea variable, dependiendo de la edad, aunque el momento sea el mismo. Los chiquillos buscarán la forma de correr y hacer cola para subir al tiovivo más o menos cercano a casa, columpiarse en el parque infantil o montar en el pequeño tren que, por estas fechas, circula por las calles de muchas ciudades, como la popular y ya veterana locomotora con sus vagoncitos del madrileño Barrio de Moratalaz.

Entre sus viajeros de antaño, se encuentran en la actualidad numerosos padres que, siguiendo la tradición, disfrutan acompañando a sus hijos en el trenecito, archivo de recuerdos, que inagotable sigue su marcha recorriendo calles, bordeando fuentes, sorteando jardines y mezclando el imaginario humo de su chimenea con el estribillo real del "Belén, Belén, campanas de Belén".

Navidades blancas

Nieve o no, en estas vacaciones, los adolescentes tienen también sus distracciones preferidas. Los tiempos varían y las técnicas informáticas modificándose a diario acaparan la atención de los chicos, en especial las llamadas Redes Sociales como Tuenti, Facebook o Twitter que les permiten intercambiar esos comentarios tan importantes para unos como confidenciales para otros o bien utilizar el Messenger en sus correos electrónicos tan rápido, eficaz y variado en comunicaciones y forma de felicitar fiestas tan señaladas.

Y en el descanso, entre una y otra actividad, casi siempre les apetecerá echar una partidita a las cartas o jugar un rato con la Nintendo DSi XL, muy en boga entre la juventud por su gran y excelente pantalla, conexión a Internet o divertidas combinaciones fotográficas.

En realidad hay tiempo libre para todo y una buena administración del mismo les permitirá ayudar un poco en casa e incluso elaborar alguna golosina propia porque no todo ha de ser comer turrón.

Personas mayores y Navidad

El respeto a los demás es el mejor índice de una buena educación, máxime si la persona merecedora de nuestra consideración ya tiene una cierta edad. Sus años acumulan mucha experiencia aunque no siempre es reconocida por todos a pesar de la sentencia del refrán "del viejo, el consejo".

Por ello, en las Fiestas Navideñas, les debemos si cabe, una mayor atención por sus vivencias, por su constante cariño con nosotros, por sus sagrados y recónditos recuerdos que, inevitablemente, afloran en la mezcla agridulce de la Navidad, dejando escapar un leve suspiro o una ligera lágrima por mucho empeño que pongan en evitarlo. Sí, son felices pero a su manera, porque el continuo giro de la vida les arrebató algo que, por muy natural y lógico que parezca, les dejó una huella profunda y un recuerdo imborrable, para siempre.

Felicidad para todos

En nuestros buenos propósitos navideños, que casi nunca cumplimos, sí debemos empeñarnos en hacer realidad cualquiera de esas bonitas frases que tanto repetimos en las tarjetas de felicitación. Que esos deseos vayan más allá de su destino postal y el comportamiento individual de cada persona, con la enorme fuerza de la unión, incremente un poquito cada día lo que parece sentirse cada vez que se dice: “Felices Pascuas”.