El interés científico y lúdico por potenciar el vigor sexual e incrementar la sensación de placer en las relaciones carnales forma parte de nuestro patrimonio cultural y genético. Desde tiempos remotos, diversas civilizaciones, distanciadas unas de otras por siglos y océanos, cimentaron sus respectivos testamentos pedagógicos sobre sólidas referencias a las propiedades libidinosas de ciertos manjares, pociones, ungüentos, brebajes y, en resumen, remedios mágicos contra todo tipo de disfunciones sexuales.

Convendría establecer de antemano los efectos que deseamos encontrar en los llamados “alimentos afrodisiacos”. Existen fármacos, pomadas y juguetes eróticos de contrastada eficacia, pero todos ellos parecen haber sido elaborados o fabricados únicamente con el objetivo de dilatar en el tiempo el acto sexual y sus consecuencias placenteras. Sin embargo, bastante poco se sabe aún acerca de nutrientes o sabores que puedan emular a los estímulos que recibimos por medio del resto de nuestros sentidos.

Recetas de tapas y pinchos muy sensuales

En la primavera de 2009, un restaurante madrileño especializado en banquetes de boda solicitó a sus clientes que manifestaran cuáles de las múltiples exquisiteces ofrecidas a lo largo del cocktail que daba inicio a la fiesta les habían resultado más eróticas y sensuales. Cierto es que prácticamente todos los pinchos y tapas habían sido del agrado de los comensales; no obstante, tres fueron las propuestas más votadas... Tomando en consideración la evidente posibilidad de reproducir en una cocina casera tan sugerentes elaboraciones, procedemos a describir pormenorizadamente su estructura.

  • Bombón de guinda con paté de campaña. Con una cereza almibarada, un poquito de chocolate fundido y un centímetro cúbico de paté de campaña puede suscitarse la catarsis. Pinchamos la guinda en un palillo (mondadientes) y la bañamos en el chocolate. Dejamos enfriar, para que quede crujiente (crocante). Ensartamos entonces el dadito de paté. Hecho está. Un bocado exquisito y embriagador.
  • Strudel de langostino, mango y jengibre. El uso de la delicada pasta filo (o pasta brick) es la única dificultad que presenta esta receta. Resulta imprescindible familiarizarse con ella previamente, conocer sus secretos insidiosos, su capacidad innoble de sufrir al contacto con el oxígeno una indeseable metamorfosis que la transforma en un trozo de papel de periódico chamuscado. Por lo demás, todo consiste en triturar los ingredientes y rellenar la masa buscando con severo interés formar figuras imaginativas que puedan ser ingeridas en un solo bocado.
  • Falsa fondue de uvas y crema de queso parmesano. Tan sencillo como fundir el queso y servirlo en un pequeño vaso tipo “flauta” acompañado por una uva blanca pelada, despepitada y abierta en forma de flor.

Alimentos afrodisíacos

Al margen de la controversia que pudieran suscitar las opiniones de aquellos personajes y de la escasa fiabilidad que debe otorgarse a cualquier clase de encuesta realizada en el transcurso de una boda mediterránea, lo cierto es que ilustres nutricionistas del pasado y del presente han ido elaborando a lo largo de los años extensísimos inventarios de viandas y condimentos sembrados de presuntas propiedades forjadoras de un apetito sexual opulento.

Buen vino, chocolate, frutas del bosque; la trufa y los hongos en general; vainilla, canela, nueces, almendras, avellanas... Una relación completa de los alimentos que en mayor o menor medida poseen cualidades voluptuosas sería sin duda más extensa que un hipotético censo de los alimentos considerados realmente neutros. Y así como multitud de “investigadores” insisten en prestar atención tan solo a las visibles similitudes existentes entre determinados productos y los genitales masculinos y femeninos (plátanos, zanahorias, ostras, higos), otros expertos en el tema como el chef argentino Norberto E. Petryk hablan de potasio, fósforo, vitaminas B y C y hasta de “una misteriosa sustancia denominada teobromina”.

Afrodisíacos para hombres y afrodisíacos para mujeres

En la médula de las variadas discrepancias que genera cualquier debate concerniente a la existencia de verdaderos afrodisíacos, uno de los puntos de mayor interés es aquel que especula acerca de los diferentes grados de eficacia que estos pueden tener en hombres y mujeres. Una cuestión que ha llevado a muchos a edificar una reflexión con perfil Socrático: “si todos deseamos optimizar nuestras relaciones sexuales, lo más lógico sería que los hombres se preocupasen por hallar afrodisíacos para las mujeres y viceversa”.

Desde un punto de vista científico, parece indudable que los estímulos que recibimos y finalmente interpretamos gracias a nuestros sentidos pueden descerrajar esa insondable caja de Pandora que es la libido humana. Pero resulta obvio que la orientación sexual de cada persona, las conexiones sinápticas de su cerebro y su particular circunstancia son elementos a tener en cuenta llegado el momento de descifrar el código de su intransferible apetito sexual.

Como prueba de lo explicado, recordaremos la leyenda de aquel gigantesco percusionista australiano que una mañana, en el curso de una poco afortunada entrevista radiofónica, preguntado acerca de cuál era para él la comida afrodisíaca por excelencia, masculló firmemente: “los donuts”.