El calabacín es una de esas verduras que ofrece mucho juego en la cocina. Desde una simple rodaja pasada por harina y huevo hasta recetas bastante más sofisticadas que preparan los mejores restaurantes del momento. El de hoy es un plato bastante sencillo y, además, apetitoso. Se trata de calabacines gratinados rellenos de jamón ibérico y queso.

Ingredientes sencillos y económicos del calabacín gratinado

Para comenzar, se necesitan tres calabacines de tamaño medio, una tarrina de queso Cheddar, tres o cuatro lonchas de jamón ibérico, queso para gratinar y mantequilla. En una cazuela grande se ponen los tres calabacines con una cantidad de agua que los cubra por completo. Se dejan hervir durante unos 15 o 20 minutos (para saber cuando están listos se recomienda pinchar con un tenedor y ver que la textura es blanda y consistente a la vez, pero no como si se fuera a hacer una crema).

Extracción de la pulpa del calabacín

Una vez fuera de la cazuela se depositan sobre una tabla de cocina y se cortan en trozos iguales, de unos 6 o 7 centímetros de altura. Se prepara una fuente apta para soportar el calor del horno y se unta con mantequilla para evitar que se peguen. Con una cuchara pequeña se comienza a vaciar cada uno de los trozos de calabacín, dejando solo un poco de carne en la parte de abajo (luego servirá para evitar que el relleno caiga a la fuente).

Mezcla de calabacín, queso y jamón

Echamos toda la carne obtenida del vaciado de los calabacines en un plato o bol y le añadimos la tarrina de crema de queso Cheddar y el jamón picadito en trozos pequeños. Se mezcla todo bien. Una vez que la pasta tenga consistencia, se coge otra cuchara pequeña y se empieza a rellenar cada uno de los trozos de calabacín que antes se habían dejado vacíos. Se colocan sobre la fuente del horno y se le poner por encima un poco de queso en polvo para gratinar y una pequeña porción de mantequilla para que le dé color doradito.

El horno preparado para gratinar

Se pone el horno en la opción de gratinado y, cuando esté caliente, se introduce la fuente en el mismo. En poco más de cinco minutos el queso ya estará gratinado y como el calabacín estaba cocido previamente no hay que esperar a que se haga más. Se saca y se reserva.

Salsa de zanahoria para acompañar

Los calabacines se pueden comer así, nada más salir del horno, pero si se quiere dar un toque de color al plato, se hace una crema de zanahoria. Para prepararla, se ponen a cocer en una cazuela dos o tres zanahorias, media cebolla y un tomate maduro pelado y cortado en trozos, además de una pastilla de caldo de verdura. Cuando la zanahoria esté blanda, se coge la batidora y se baten bien todos los ingredientes, de manera que quede una salsa de un vistoso color naranja. Ésta nos servirá para ponerla debajo de los calabacines y que la presentación sea aún más atractiva.