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"Rebelión en la granja", de George Orwell, o la distopía política

"Rebelión en la granja", en la colección Austral - ©JCChirinos
En 1945, Orwell pudo finalmente publicar la novela que lo lanzaría a la fama, donde describe con "realismo animal" las consecuencias de los totalitarismos.

La historia de cómo George Orwell (Motihari, Bengala, India 1903 - Londres, Reino Unido, 1950) logró publicar esta breve novela, constituye por si sola un alegato a favor de la libertad de expresión. Hasta cuatro editores rehusaron el manuscrito, casi ninguno por razones ideológicas; y todos, con la autocensura que da el miedo al poder. Escrita durante la Segunda Guerra Mundial, en el Londres de la época no estaba bien visto criticar al para ese entonces necesario pero mejor aliado: la Unión Soviética. Solo al acabar la guerra -y al comenzar la Guerra Fría- Rebelión en la granja (Animal Farm es su título original) llegó a manos de los lectores conviertiéndose en un éxito inmediato (y en un seguro long seller en más de sesenta lenguas), y dándole al autor la fama imperecedera que sellaría su última novela, la indispensable 1984.

Los animales en la literatura y la cultura

La presencia de los animales en la literatura va casi pareja con la historia de la Humanidad. En muchas culturas, los animales son dioses protectores o demonios que hay que espantar, incluso pueden representar ese otro yo, el doble (doppelgänger o nahual) que sigue nuestros pasos, nos cuida y nos espera al final de la vida. Los moralistas griegos, como Esopo, utilizaron animales para hablar de las virtudes y defectos de la sociedad, y en nuestra lengua cotidiana los nombres de animales sirven para calificar (o descalificar) a quienes nos rodean: zorros, perras, ratas, burros, serpientes, bagres, tigres, gacelas, conejos, gatos, garzas y un largo etcétera pueblan nuestro imaginario social y moral con toda naturalidad.

Una granja como metáfora del mundo

La anécdota de esta novela está muy bien difundida, y en no pocos países de Occidente es lectura obligatoria de los colegios: los animales de la granja Manor, hartos del trato de su dueño, el señor Jones, se rebelan, lo expulsan y se adueñan del lugar, convirtiéndolo en el primer paraíso para animales de toda Inglaterra. Pero el sueño dura poco, pues pronto los cerdos -más astutos que los demás, más ladinos también- toman el control y convierten en pesadilla, y para su beneficio, lo que se auguraba como el reino de la justicia y la paz de las bestias.

Orwell no ocultó nunca que la historia estaba escrita sobre la base de los entonces recientes acontecimientos de la revolución rusa, inspirada por Marx, iniciada por Lenin y, tras la muerte de este, continuada por León Trotsky y José Stalin, que fue quien al final se quedó con todo el poder eliminando a Trotsky y los posibles rivales en la conducción del estado totalitario que gobernó con férrea mano. Habiendo combatido en la Guerra Civil de España, Orwell conocía bien las estrategias de los estalinistas para acabar con los enemigos políticos. La Granja Manor no es sino una gran metáfora de lo que, sin piedad, el estalinismo hizo con sus adversarios.

Más allá de la metáfora histórica, una distopía política del siglo XX (y XXI)

Quizá en el momento en que publicó su libro, este apuntaba directamente al corazón del Kremlin, pero a casi setenta años de distancia ha quedado claro que esta novela trasciende el referente histórico y se ha convertido, junto con 1984, en la distopía contemporánea por excelencia. Además, una distopía que ha tenido (y va teniendo) correlatos en distintos puntos del globo, porque el espíritu inicuo de algunos gobernantes, de Stalin a los dictadores y monarcas absolutos del siglo XXI, no ha hecho otra cosa sino corroborar que la distopía orwelliana no se ha quedado circunscrita a la Granja Manor, ni al espanto del estalinismo. Todo lo cual hace pensar que el mandamiento único escrito por los cerdos, dictadores de la granja, tiene plena -y desoladora- vigencia: "Todos los animales son iguales; pero algunos animales son más iguales que otros". Quizá esta frase describa con amarga certeza el actual desequilibrio económico, político y social de la civilización.

Leer con los ojos atentos, sensibles e indignados

Esta novela hay que leerla como un antídoto contra el olvido. A pesar de que su lectura puede postrar en un estado de impotente indignación -los cerdos son demasiado astutos y demasiado abyectos como para que los demás animales puedan enfrentarlos-, también es cierto que esta historia, que es más que una fábula fantástica, más que un relato político, más que una profecía de distópico desastre, advierte y da las claves para identificar a esos "malos-tontos", como Stalin o Hitler, que engañan con su aparente cortedad y ocultan con pericia todo el complejo de inferioridad que luego los hará actuar como la más vil de las sabandijas.

Pero esta novela también es otra cosa: es literatura de verdad, que se lee con extrema delicia y con la sorpresa de quien se encuentra un diamante pulido y exacto.

George Orwell: Rebelión en la granja. Espasa (Colección Austral #573), Madrid, 2006, 208 pp. Traducción de Rafael Abella. ISBN 9788467020632

Juan Carlos Chirinos, ©Íñigo Aranzabal, 2011

Juan Carlos Chirinos García - Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) Es licenciado en Letras (UCAB, Caracas) y realizó estudios doctorales en ...

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