La empatía o capacidad de "ponerse en los zapatos del otro" es una característica básica del ser humano, si bien cada uno la posee o desarrolla a distintos niveles. Hay quienes son altamente empáticos y pueden comprender a los demás como si les estuviese ocurriendo a sí mismos aquello que los otros viven, y desde este alto grado de percepción neuronal se abre una amplia gama de sensibilidades decrecientes que se cierran en aquel individuo que no puede, aunque quiera, entender al otro desde otra perspectiva que no sea la suya propia.

Comprensiones ilusorias

El problema afectivo-social surge, como es de esperarse, entre quienes creen entender al otro en sus conflictos pero en realidad solo son meros observadores o testigos limitados de una situación que por no haber sido vivida" en carne propia" no puede ser por ellos asimilada o analizada desde el seno de las emociones, sentimientos y acciones de quien en verdad la padece.

Este tipo de "comprensión ilusoria" se da en especial ante situaciones que escapan a las acciones ordinarias como pueden ser: mudanzas que involucran grandes cambios culturales y sociales, divorcios, crisis familiares, decisiones laborales basadas en prioridades individuales y una serie de circunstancias que requieren alta empatía para ser comprendidas desde afuera y a la vez desde "adentro".

La consecuencia a inmediato y mediato plazo es que quien cree comprender pero no comprende, adopta una postura crítica que hiere a quien espera ser comprendido, quien recibe una teoría parcial y rígida del “comportamiento adecuado” para su situación, basada en conjeturas que no se relacionan con el centro de su conflicto ni de sus emociones. Este hecho suele llevar a la persona en crisis a crear una distancia transitoria con el fin de liberar ese espacio de incomprensión nocivo para su situación presente.

La relación afectiva puede sanar si ambas personas admiten que hay una incongruencia entre lo que uno vive y el otro percibe, y entre lo que uno necesita y el otro le ofrece o exige. En este proceso entra en juego la empatía de la persona que padece pero no es comprendida, quien si percibe la falta de capacidad del otro para ponerse en sus zapatos, puede optar por ignorar la crítica y las reacciones incongruentes de la persona que es incapaz de sentir en sí misma lo que a los otros le pasa, sin por eso dudar del afecto que los une.

La importancia social de la empatía y las reacciones incongruentes que genera su falla

Según los investigadores Luis Moya-Albiol, Neus Herrero y M. Consuelo Bernal del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Valencia, "la cognición social es un concepto que hace referencia al conjunto de operaciones mentales que subyacen en las interacciones sociales, y que incluyen los procesos implicados en la percepción, interpretación y generación de respuestas ante las intenciones, disposiciones y conductas de los otros".

Las reacciones incongruentes pueden implicar una falla empática en la interacción social o una falta de conocimiento no solo del otro sino de uno mismo, una especie de agujero en donde se pierden los nexos o códigos que hacen que un individuo pueda entender al otro sin adoptar una postura rígida de crítica o juicio. La incongruencia denota una carencia de quien no puede desarrollar su empatía para aceptar que el mundo de emociones y reacciones no es solo como él lo ve sino que incluye una vasta gama de reacciones, prioridades y decisiones que exceden su experiencia.

En general estos individuos creen que únicamente ellos ven al mundo desde un prisma de colores positivos y juzgan la exposición de la emocionalidad de los demás como una actitud negativa, cuando en realidad lo que les sucede a ellos es que no pueden aceptar en el otro su capacidad de auto reconocimiento de sus problemas como el primer paso para encararlos. Estos individuos suelen reaccionar, incluso, con manifestaciones psicosomáticas como consecuencia de su incapacidad mental para procesar las emociones propias.

La incongruencia del afecto proclamado y del juicio expedido, así como la incongruencia entre lo que sienten y lo que perciben altera la dinámica de sus relaciones sociales temporalmente, y a veces indefinidamente, si bien, como ya se comentado, la empatía de quien no es comprendido podría subsanar ese defecto o al menos impedir que por la incongruencia de la persona insuficientemente empática, la relación pierda profundidad y objetivos

Cabe aclarar que en general, la falta de empatía se asocia a un bajo nivel de insight (auto análisis, auto cuestionamientos), y como bien afirman Albiol y sus colegas, entre otros investigadores del tema, la percepción social o habilidad para juzgar los roles y las reglas sociales y el contexto social se encuentran igualmente alteradas sin que las personas en cuestión puedan siquiera verlo; para ellas su juicio es el positivo, su intención es la mejor y su percepción es la más cercana a la realidad. Los otros son los negativistas, mal intencionados y ciegos a la realidad. Dicho en otras palabras: por su falta de insight desplazan sus incapacidades en el otro para poder continuar así su vida sin cuestionarse sus conflictos o verdades falsas.

La experiencia, la memoria y su correlato neuro-psicológico

Cuando se vivencia algo, esa vivencia genera una impronta en nuestra memoria; se generan asociaciones, se establecen puentes entre memorias antiguas y la nueva vivencia, y se crean/activan o refuerzan los circuitos interneuronales que conectan las estructuras que participaron en esa imagen-sonido-perfume-sensación táctil, etc. Luego en una determinada parte del cerebro esa experiencia, completa y asociada a las emociones y sentimientos que la realidad y la memoria les suma, se almacena hasta ser relacionada o recolectada por el individuo en otra oportunidad quizás parecida, quizás solo asociada en parte a esa vivencia total.

En el sujeto empático, sus experiencias funcionan como mapas para seguir el camino para entender al otro, su cerebro le brinda instantáneamente la comparación e identificación, pero de no encontrarse una experiencia similar para ser tomada como modelo, el sujeto empático es capaz de recrear desde la simple aunque profunda percepción de la emocionalidad del otro, la circunstancia y sus derivados emotivos de manera natural. Y desde esa comprensión real y visceral creará su reacción y organizará su respuesta. Este tipo de reacción congruente es la que sana, la que ayuda, la que acompaña. La reacción que se basa en una visión no empática, aquella que cae fácilmente en la crítica y en el no entendimiento visceral del otro, por más afecto que medie en la ayuda, no sana sino que exige, genera un sentimiento de soledad y desamparo para quien recibe una sinrazón en vez de una palabra afín a su situación y emocionalidad.

Se cree que la empatía, como toda capacidad ligada a la cognición implica un alto funcionamiento cerebral, y se sabe que el sistema límbico se suma en su carácter perceptivo. De la estrecha amalgama que surge de estos tres sistemas de procesamiento cerebral (cognitivo-perceptivo-emocional) surge el grado de empatía de un individuo dado y vale comentar que la población promedio no posee altos grados de empatía sino un nivel funcional que le alcanza para identificarse con el otro en situaciones que forman parte de sus experiencias pasadas o presentes pero que no le permiten acercarse siquiera a la comprensión de situaciones que no ha vivido por sí mismo o en algunos casos que ni siquiera se atreverían a plantearse como posibilidad en sus vidas.

El ejemplo clásico y más claro es el de aquellas personas que por no sentirse capaces para encarar un cambio, critican o destacan las zonas débiles de aquellos que sí han podido generar en sí mismos una metamorfosis dolorosa pero necesaria, y a quienes en realidad consideran más fuertes y capaces que ellos mismos pero no pueden empatizar con ellos por no poder encontrar dentro de sus cerebros un lugar de acción similar: así surge la incongruencia o reacción incongruente que podría lastimar una relación afectiva quizás intensa en su esencia.

Conclusión

La crítica desde un lugar no empático es destructiva de nexos afectivos y sociales, y la incongruencia de las reacciones puede sugerir una falta de autoanálisis y autoconocimiento por parte de quien carece de una naturaleza empática desarrollada; son características que suelen presentarse juntas.

La solución en estos casos, si se enfoca en el objetivo de salvar una relación afectiva, es que "quien no se ve a sí mismo ni al otro" acepte su ceguera y trate de acceder a algún tipo de terapia psicológica que le permita alcanzar un grado de empatía sociable adecuada y una congruencia en sus reacciones.