El día 30 de junio se estrenó "Eclipse", tercera entrega de las adaptaciones de "Crepúsculo" en la gran pantalla. Arrasando en taquilla la cinta se puede jactar de tener una horda de seguidores, pero también una importante lista de detractores. He aquí un resumen de sus fallos más claros.

Limitadas actuaciones de Stewart, Pattinson y Lautner

Una de las apuestas más evidentes del filme son el trío de jóvenes intérpretes. Aunque ellos lo intenten, sus personajes resultan sosos, algo confusos e inexpresivos. Es más que posible, sin embargo, que se deba más a un error en el diseño de personajes en el guión que a los talentos de estos.

En este caso la producción se ceba en el personaje del hombre lobo de Taylor Lautner que, además de ser el más joven, es el menos expresivo y no se ve nada beneficiado por la insistencia en sacarle semidesnudo (le quita seriedad y dramatismo al despechado del trío)

Falta de humor y de perversidad

La configuración de los buenos y malos es demasiado simple, no hay una faceta psicológica del mal, ni siquiera hay humor, ironía, ni verdadero disfrute del acto malvado, sólo una imperiosa necesidad de 'comer'. Los nuevos vampiros no son malvados sólo son carnívoros muy hambrientos, de hecho, no se sabe por qué siguen órdenes de matar a los Cullen si son incontrolables, ni siquiera tienen voz ni presencia individualizada. son meros instrumentos para la pelea, como autómatas ejecutores con una mente colectiva.

Por otro lado, tenemos buen caldo de cultivo para el humor negro y irónico desaprovechado: vampiros que luchan por una mujer humana a la que realmente les gustaría chupar la sangre, un hombre lobo y otro vampiro enamorados de la misma chica (la cual, como una Ingrid Bergman actual pone cara de no saber con cuál se queda hasta el final) o una adolescente excitada a la que su novio pide matrimonio como condición para irse a la cama.

Bella cuanto te quiero: escasa acción y tendencia a la telenovela

La película se vende por la batalla y el enfrentamiento en todos los sentidos de los personajes de Pattinson y Lautner, pero las escenas de acción son pocas y hechas esperar. La historia de la amenaza y la confrontación quedan en segundo plano donde los tres enamorados hablan sobre sentimientos, hablan de lo que pasa, pasará o pasó y apenas se nos muestra lo citado a cuentagotas, creando también una expectación frustrante en el espectador.

Además, los diálogos pretenden ser grandilocuentes y resultan en cierto punto infantiles y sin matices. (Esto último sólo lo salva el último diálogo de la película que es la digna síntesis de la 'verdad' amorosa del film).

Puritanismo doloroso entre Bella y Edward

El amor de los protagonistas lo puede todo, menos practicar sexo. Stephanie Meyer les ha puesto un camino a seguir demasiado convencional y quizás demasiado exigente. El sexo sólo vendrá tras el matrimonio y la conversión de Bella en vampiro: con un compromiso como dios manda.

Ella insiste y él se niega. Para acentuar su 'agonía aparecen' guapos muchachos correteando por su lado sin camiseta, otro cachas se le declara, su padre se vuelve protector y los vampiros enamorados le aconsejan que no abandone su humanidad (y siga sin comerse una rosca) De esta manera, se crea el sufrimiento y éste la tensión, como si un amor tan puro no lo fuera tanto sin el sacrificio, como si el dolor intensificara el amor.

Este sentimiento requiere una prueba de fuerza y que es peligroso, prohibido, sublime, que transforma (literalmente) y que salva de la vulgaridad y la maldad. No hay que criticar que se opte por este amor casto (en principio), pero si el sufrimiento que lo fuerza y los subterfugios que articula para perpetuar las visiones del mundo de la autora.

David Slade, un director desaprovechado

El director elegido para esta entrega debía proporcionar más agilidad y oscuridad a la batalla entre el ejército de neófitos insaciables y los Cullen (por salvar a Bella). La primera secuencia de la cinta promete, con la conversión del primer humano en 'soldado'. Sin embargo, la siguiente, con la pareja protagonista entre las flores, es sintomática del tono general y reiterativo de la historia: la acción sigue siendo escasa, intercalada y 'recortada' y, por último resuelta en un pis pas, sin pena ni gloria.

Debe sorprender esta blandura ya que lo sobrenatural tan punteado era lo que realmente ponía la nota de diferencia con cualquier otro drama romántico adolescente. Su realizador, David Slade, no es dado a estos defectos y suele tejer bien estos elementos tanto con suspense psicológico como en "Hard Candy" o con sangre y terror, como en '30 días de oscuridad'.Los rumores apuntan a que fue la productora la que montó la película al margen de éste.

Destruyendo al vampiro y al licántropo

Se asiste a la ruptura del género ya que los vampiros buenos, son demasiado humanos, el hombre lobo es 'encantador', y ninguno sigue las reglas de sangre, transformación y muerte. Son seres claros, no nocturnos, no chorrean sangre, ni tampoco dan miedo (no más del que un asesino vulgar pudiera dar) Incluso se podría decir que son guapos y estilosos.

No hay ni rastro de lo gótico, tampoco de la seducción oscura del Nosferatu horrible pero inteligente y extremo. De hecho, el peligro amoroso es más bien externo y obedece a unas reglas (la del mundo vampírico).

Un film que no defrauda a sus seguidores pero sí al resto

"Eclipse" es simplista en sus temas, a los que cabrían matices que elevarían al film de categoría, pero se basta con mantener el aire de las anteriores sin añadir nada más que lo que se espera, una película romántica ambientada en lo sobrenatural y diálogos de telenovela.