En Brasil, una serie de pesquisas, indican que las desigualdades sociales como también raciales, típicas del país, desde la época colonial, marcan todavía temas candentes como lo es la práctica del Aborto. Una investigación llevada a cabo en 2010 indica que, el 22% de las mujeres brasileñas de 35 a 39 años, residentes en áreas urbanas, ya se efectuaron un aborto.

En el trabajo referido, divulgado en las últimas horas por la Empresa Brasil de Comunicación (EBC - dependiente del Estado brasileño) señala que, la interrupción de embarazos se hace más frecuente entre las mujeres que poseen menor nivel de escolaridad, independientemente de la afiliación religiosa.

Particularidades frecuentes

Por otro lado, en un artículo científico inédito, a la hora de la publicación de éste reporte, se indica que “las características más comunes de las mujeres que hacen el primer aborto, son la edad hasta los 19 años [de edad], el color y con hijos”.

Es procedente informar que, la publicación, de donde se desprenden los datos, es firmada por la antropóloga Débora Diniz, de la Universidad de Brasilia (UnB) y del Institutito de Bioética, Derechos Humanos y Género (Anis), en conjunto con el sociólogo Marcelo Madeiros, también de la UnB y del Instituto de Pesquisas Económicas Aplicadas (Ipea).

Contenido inédito

Además cabe indicar que, el texto relativo a una etapa de la Pesquisa Nacional de Aborto (PNA), será hecho público en el mes de julio, en la Revista Ciencia y Salud Colectiva, de la Asociación Brasileña de Postgraduación en Salud Pública (Abrasco). La edición contiene un dossier sobre el aborto en Brasil, producido con investigaciones efectuadas para el Ministerio de Salud y el Concejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).

Deniz y Madeiros coordinaron, entre agosto de 2010 y febrero de 2011, un relevamiento con 122 mujeres con edades comprendidas entre 19 a 39 años, residentes en Belém, Brasilia, Porto Alegre, Río de Janeiro y Salvador.

Contrastes en lo étnico y social

Según los autores, la diferenciación socio racial es percibida hasta en el acompañamiento durante el procedimiento médico. “las mujeres afrodescendientes relatan menos la presencia de los compañeros, que las mujeres blancas. Diez mujeres informaron haber abortado solas y sin auxilio, casi todas eran afrodescendientes, con baja escolaridad [primario] y cuatro de ellas menores de 21 años”.

Esos datos confirman resultados encontrados por los dos investigadores en 2010, cuando verificaron, por medio de pesquisas de urna (método donde el entrevistado no es identificado y deposita la información en una caja vedada) que, “el aborto es común entre mujeres de todas las clases sociales, cuya prevalencia aumenta con la edad, con el hecho de ser de zonas urbanas, de tener más de un hijo y no ser de raza blanca”.

De acuerdo con la investigación de 2010, 22% de las mujeres brasileñas con edades comprendidas entre 35 a 39 años, residentes en áreas urbanas, ya se hicieron un aborto. El estudio reveló que, la interrupción de las gestaciones era más frecuente entre ciudadanas con menor nivel de estudios, independientemente de razones religiosas. “Esos datos demuestran que el aborto es una práctica diseminada, a pesar de ser ilegal, constituyéndose en una cuestión para la salud pública”.

Desde otra perspectiva

De la misma forma, un artículo de Rebeca de Souza y Silva, del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad Federal de São Paulo, confirma la tesis que la desigualdad social afecta el acceso a la prevención de la gravidez y también la calidad del aborto.

De acuerdo con el estudio comparativo, hecho por Souza y Silva, entre mujeres casadas y solteras que viven en São Pulo, “las solteras recurren proporcionalmente más al aborto provocado (…). Cuando, más pobres, con menor escolaridad y mayor dificultad de acceso a bienes del mundo moderno, continuarán pagando altos precios –que puede ser con sus propias vidas- por la opción de provocar un aborto”.

Voces a favor del aborto

La investigadora defiende la legalización de la supresión, “sólo será resuelto si el acceso a los servicios de calidad fuera equitativo. La ilegalidad trae consecuencias negativas para la salud de las mujeres, poco cohíbe esa practica y perpetúa la desigualdad social, una vez que los riesgos impuestos por la tal ilegalidad son vividos, sobretodo, por mujeres menos escolarizadas, generalmente las más pobres, por que no tienen acceso a los recursos médicos para el aborto seguro”.

Para Estela Aquino, del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahia (Ufba), “las restricciones legales no cohíben la practica [del aborto] en el país, pero refuerzan desigualdades sociales, ya que las mujeres más pobres hacen el aborto de modo inseguro, generando hospitalizaciones innecesarias y representando riesgos para [su] salud”.

Nuevos precedentes

En Brasil interrumpir la gravidez es ilegal y tipificada como un delito en el Código Penal. Un aborto puede ser autorizado cuando es producto de una violación, o cuando la continuación de la gestación se constituye en un riesgo para la vida de la madre.

Cabe indicar por último que, en el primer semestre de 2012, el Supremo Tribunal Federal confirmó nuevos precedentes en la jurisprudencia practicada por varios tribunales a lo largo del país, al permitir abortos de fetos anencefálicos.