Mitología nórdica, violencia descarnada, leyendas conocidas pero desde una óptica más adulta. Eso es lo que Víctor Santos y Pere Pérez ofrecen en Ragnarök, una novela gráfica que ha tardado años en ver la luz pero que hace justicia a todas las esperanzas que había puestas en ella. Quizá la única pega que se le pueda poner es su capacidad de síntesis, justificada en los escasos huecos que tienen sus autores, y que priva al lector de lo que podría haber sido una voluminosa historia épica que hiciera historia. Pero lo que ofrecen Santos y Pérez es igualmente sobresaliente.

La creación de ‘Ragnarök’

Dolmen Editorial publica Ragnarök al precio de 12 euros. El volumen, íntegramente en blanco y negro salvo su espectacular y simbólica portada, incluye un pequeño portafolio de extras en el que sus autores dan diversas explicaciones sobre el desarrollo de esta obra. Explicaciones que son esenciales, no sólo para disfrutar de la novela gráfica, sino también para juzgar el resultado final de un título que comenzó a gestarse en 2003 nada menos, en principio como un cómic escrito y dibujado por Víctor Santos.

Ragnarök tiene varias referencias evidentes. Por un lado, Los Reyes Elfos, del propio Santos. Por otro, La sangre de las Valkirias, donde Santos y Pérez ya colaboraron. Pero esta novela gráfica busca otros objetivos y hay que saber mirarla al margen de esos antecesores. El guionista ofrece en los extras la mejor definición posible de Ragnarök: “algo así como la respuesta de la HBO al Thor de Stan Lee y Jack Kirby”. Es, efectivamente, la versión más siniestra, adulta y violenta que podrían encontrar el Dios del Trueno y sus mitos que Marvel popularizó en el cómic.

56 páginas de mitos

Es injusto decir que lo peor que tiene Ragnarök es su extensión, pero, al mismo tiempo, es una certeza casi irrefutable. La novela gráfica tiene 56 páginas de historia cuando la adaptación de los Eddas nórdicos da para mucho más. Sólo el título (significa literalmente destino de los dioses y hace referencia a la batalla del fin del mundo) ya sugiere una épica descomunal que habría dado para un tomo mucho más extenso. El sueño del aficionado sería que la extensión fuera más cercana, por citar otro título mitológico adaptado al cómic, a El anillo del nibelungo de P. Craig Russell.

Obviamente, eso es un sueño irrealizable en las condiciones actuales del mercado del cómic. Santos y Pérez tienen una saturadísima agenda, que, sólo con los encargos que reciben de Estados Unidos, en el caso del primero pasa por ilustrar The Mice Templar para Image Comics y en el del segundo por dibujar para DC series como Batgirl, Action Comics o Smalville. Pérez ha tardado tres años en completar Ragnarök, y eso contando con la ayuda de Bit en el entintado y la de Ernest Sala para añadir los grises a sus páginas, lo que explica la imposibilidad de conseguir un producto de mayor extensión.

El guión de Víctor Santos, el dibujo de Pere Pérez

Una vez aceptado que Ragnarök es una lectura más bien corta, todo lo demás está a la altura de las expectativas o incluso las mejora. Víctor Santos es un narrador más que correcto, que demuestra aquí una envidiable capacidad de síntesis. Nada sobra y todo cobra coherencia. Convertir presencias importantes en poco más que cameos y que la historia no se resienta no es nada fácil, pero Santos lo consigue con una apabullante facilidad. Y es que la historia está centrada, casi exclusivamente, en Asathor, en el Dios del Trueno. La visión del personaje que muestra Pérez es poderosa, fuerte, contundente y muy acertada.

En realidad, todos los personajes parecen perfectos y adecuados al tono de la historia, y se alejan de la versión Marvel para conseguir entidad propia. No hay ningún diseño, tampoco de los escenarios, que parezca fuera de lugar. Se nota que Pérez ha disfrutado, él mismo lo dice en sus notas de agradecimiento al guionista (“por escribir todo lo que mola dibujar”), dando vida a una historia que prácticamente se puede considerar un clímax continuo y que acelera sin cesar hasta llegar a una conclusión hermosa y cargada de la esperanza que se le supone a la mitología.

Un ‘Ragnarök’ violento

La violencia es inherente a la narración de este relato. No hay otra forma de contar esta historia de la mitología nórdica y Santos y Pérez no la esquivan. Al contrario, la abrazan y le dan un toque de belleza poética. Aunque cumple su papel de rebajar el tono de sadismo gráfico (como por ejemplo en el primer plano del sanguinario final de la incursión de Fender en Asagarth), quizá el blanco y negro juegue en contra del resultado final. Semejante espectacularidad en el trazo y en los diseños demanda color. Eso es el gran interrogante que deja Ragnarök, cómo habría sido coloreado.

En cualquier caso, Víctor Santos y Pere Pérez dejan un fiel retrato de los relatos mitológicos nórdicos, con innovaciones visuales con respecto a algunas representaciones clásicas perfectamente explicadas por los autores. Funciona como relato de aventuras, pero también, como está dicho, como reverso tenebroso y adulto de uno de los héroes de Marvel que ha cobrado más protagonismo del que ya gozaba entre los aficionados con la adaptación cinematográfica de Los Vengadores. Ragnarök es una obra notable y hace desear más de este estilo y de estos autores.