La razón se convirtió en el dios de los filósofos iluministas, que emprendieron la tarea de crear un mundo nuevo. Bien se podría decir que hay un antes y un después del Iluminismo, movimiento cultural que se desarrolló en Francia y en Inglaterra en el Siglo XVIII, o también conocido como Siglo de las Luces.

Durante el Siglo XVIII, surgió una nueva concepción del universo basada en la aplicabilidad universal de las leyes naturales, utilizando los conceptos y las técnicas de las ciencias físicas. Más que los pensadores de cualquier otra época anterior, los hombres del iluminismo tenían la certeza de que la mente podía tomar al Universo y subordinarlo a las necesidades humanas.

Verdad, razón y observación

Junto con la razón, surgió otro concepto importante en el seno del movimiento iluminista, la verdad, objetivo último fundamental de los intelectuales de dicha época, pero no aquella basada en la revelación, la tradición o la autoridad, sino aquella cuyos pilares gemelos serían, por supuesto, la razón y la observación.

Atribuyeron al pensamiento una función creadora y crítica. La filosofía ya no es una mera cuestión de pensamientos abstractos, sino que adquiere la función práctica de criticar las instituciones existentes para demostrar que son irracionales e innaturales.

La Sociedad bajo la lupa, críticas a las instituciones sociales de la época

Por otro lado, ellos también se interesaban por la vida social, y se preguntaban si la ciencia había revelado la acción de las leyes naturales en el mundo físico, quizá también podían descubrirse leyes similares en el mundo social y cultural.

Los filósofos iluministas estudiaron todos los aspectos de la vida social: sus instituciones políticas, religiosas, sociales y morales y las sometieron a una crítica implacable utilizando la razón como cara de medición.

Por lo general, descubrían que los valores y las instituciones tradicionales eran irracionales y reclamaron un cambio en todas aquellas instituciones que contrariaban la razón. Esto era otra manera de decir que las instituciones vigentes eran opuestas a la naturaleza del hombre, y por lo tanto, no permitían su crecimiento y su desarrollo: las instituciones irracionales impedían a los hombres realizar sus potenciales.

Reemplazo de las instituciones

El iluminismo exigía el reemplazo de esas instituciones y de todo el orden anterior por uno nuevo, más razonable, natural y por ende, necesario. Combatieron lo que consideraban superstición, fanatismo o intolerancia; lucharon contra la censura y exigieron libertad de pensamiento, atacaron los privilegios de las clases feudales y sus restricciones sobre las clases industrial y comercial.

La critica se convirtió, para los iluministas, en su arma más importante. El pensamiento del iluminismo tuvo, pues, tanto un aspecto negativo y crítico como, también, uno positivo. No sólo criticaban, dudaban y demolían, sino que también construían. Con el tiempo, esta unidad de tendencias negativas y positivas se quebró y después de la Revolución Francesa ambas se manifiestan como principios filosóficos separados y antagónicos.