La paternidad literaria del Evangelio de Juan se convirtió en una problema a partir del siglo XVIII, gracias a la Ilustración y el escepticismo histórico. Hasta antes de esa fecha se aceptaba universalmente la autoría del apóstol Juan, tal como lo afirmaba la tradición.

Sin embargo, el reto no era solamente cuestionar la tradición, sino encontrar un autor más factible para este documento bíblico. Así, la investigación histórica y la crítica textual fue la clave para que los expertos a lo largo de la historia propusieran diversas teorías.

Dichas teorías se pueden clasificar en tres principales vertientes:

Teorías que proponen un autor completamente diferente del apóstol Juan

En esta línea se encuentran eruditos como Martin Hengel, quien atribuye el evangelio a "Juan el anciano", quien aparece en una cita que Eusebio hace de Papías. Sin embargo, Papías no está tocando el tema de la autoría del evangelio, sino que menciona algunos apóstoles y seguidores de Jesús.

Otra propuesta es Lázaro, el hombre de Betania, amigo de Jesús, que fue resucitado por él en la narración de Juan 11. El argumento interno que apoya esta teoría es que en ese capítulo se hacen tres referencias al hecho de que Jesús amaba a Lázaro (vv. 5, 11 y 35). El valor de este hecho se encontraría al conectarlo con las menciones del discípulo amado, en especial Juan 21:20 y 24, en los que se declara textualmente que el discípulo amado escribió el evangelio.

Existen más teorías similares a esta, todas derivadas de la identidad del discípulo amado. Ya que este título se menciona repetidamente hacia el final del evangelio, y se afirma que él "es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto" (Juan 20:24), todo parece girar en torno a descifrar quién es el discípulo amado. De allí la posibilidad de que las teorías se multipliquen, sugiriendo, por ejemplo, al joven rico (Marcos 10:21), Juan Marcos e incluso el dueño del aposento alto donde Jesús tomó la última cena con sus apóstoles.

Teorías que relacionan al apóstol Juan con el evangelio de manera secundaria

Existe otra serie de teorías que no niegan la relación tradicional entre el apóstol Juan y la redacción de este libro bíblico, pero que triangulan esta relación introduciendo intermediarios diversos. En algunos casos es una persona, un simple secretario; en otros casos es un discípulo que adjudica al apóstol su obra; y en un caso más, se trata de una comunidad de discípulos de Juan, que redactan de forma colectiva el documento final.

Se ha dicho que probablemente Papías, quien fue discípulo de Juan, escribió lo que el apóstol dictaba. Esta teoría se apoya en la mención de dicho procedimiento en el prólogo antimarcionita al Evangelio de Juan. Sin embargo, D. A. Carson descarta la validez de este documento, apoyándose en diversas imprecisiones históricas en el mismo.

Otras opciones incluyen: a) Entender la redacción del evangelio como un encargo que el apóstol hizo a algún amanuense (quizá Tercio, ver Romanos 16:22), dándole libertades de escribir a su propio estilo. b) Describir el trabajo de redacción del apóstol como un borrador que fue posteriormente revisado, pulido y ampliado por diversas manos.

La teoría más popular en este rubro es la de la comunidad juanina, un grupo de discípulos directos del apóstol, quienes redactaron e hicieron diversas revisiones al material que se organizó finalmente como un libro completo. Esta teoría es defendida por autores como Raymond E. Brown, J. Louis Martyn, Alan R. Culpepper y Oscar Cullman. Esta postura surge de la búsqueda de las fuentes utilizadas para producir el evangelio.

Diversos estudios se han publicado en que se rastrea dentro del texto la influencia de esta comunidad, así como su historia y desarrollo. Este punto de vista ha sido defendido por muchos eruditos, y también ha sido atacado por otro tanto. En décadas recientes, esta teoría ha incrementado su popularidad, sin embargo, como lo señala Stan Slade, sigue teniendo puntos débiles importantes.

Teorías que proponen al apóstol Juan como el autor de este evangelio

No sólo la tradición sostuvo que Juan, el hijo de Zebedeo, es el autor de este evangelio, muchos eruditos siguen manteniendo esta postura basados en evidencia interna y externa.

Entre la evidencia externa se cuenta con el testimonio de autores como Teófilo de Antioquía, Plicarpo, Papías, Eusebio, Clemente de Alejandría, Tertuliano e Ireneo, cuyos textos de manera implícita y explícita señalan al apóstol Juan como autor del cuarto evangelio. Siendo dichos autores herederos de las enseñanzas apostólicas y habiendo escrito durante el siglo II d.C., muchos eruditos consideran que sus afirmaciones son fidedignas.

En cuanto a la evidencia interna, Brooke Foss Westcott (seguido por Leon Morris y Craig Blomgerg), encuentra cuatro características del autor de este evangelio: es judío, es de Palestina, es un testigo ocular, y pertenece al grupo de los doce apóstoles. Estos aspectos, y un proceso de eliminación lógica entre los doce, le llevan a concluir que Juan es el autor.

Algunos otros argumentos incluyen la unidad literaria y estilística del libro, la ausencia de menciones por nombre al propio apóstol, el estilo fuertemente semítico del griego en que el evangelio se redactó y la relación entre el discípulo amado y Pedro, que coincide con la relación de éste y Juan en los evangelios sinópticos.

El debate continúa

Evidentemente, este debate no termina aquí, y tal vez no se cierre muy pronto. Toca a las nuevas generaciones de investigadores, eruditos y teólogos encontrar nuevos argumentos o nuevas teorías a esta interrogante.