En pleno corazón de Europa, la República checa vive un periodo de apertura al mundo, aunque las huellas de cuatro décadas de régimen totalitario aún están presentes.

Esto se percibe en el talante seco y serio de sus habitantes, pero la magia de la ciudad de cuento de hadas hace que visitarla sea imperativo.

La ciudad vieja

Aunque Praga no es una ciudad muy grande, este distrito sí que merece la pena ser visitado en un par de días para descubrir todos sus rincones.

El mejor modo de conocer esta zona es comenzar por la plaza Venceslao. Es el centro comercial y político, y ha sido muy importante en la historia de Praga . El monumento principal es la estatua de Venceslao, enfrente del Museo Nacional. El magnífico edificio, ahora en reformas, alberga cuadros, estatuas y documentos de importancia para la historia del país.

Bajando el gran paseo que sigue a la plaza, se encuentra el corazón de la Ciudad Vieja: su plaza, sede del Ayuntamiento y de los edificios más encantadores de la ciudad.

El Ayuntamiento viejo es un pequeño edificio que alberga en su fachada el famoso reloj astronómico, construido en 1410. Es el más grande de Europa y concentra a cada hora a una gran cantidad de público. Conviene ir posicionándose media hora antes enfrente de la fachada si se quieren hacer buenas fotos, pues el gentío durante todo el día es abrumador. Del hermoso reloj salen las figuras de los doce apóstoles y las figuras que simbolizan la Vanidad, la Miseria, la Muerte y el Turco. Después, se puede entrar al Ayuntamiento y subir a la torre, donde se tienen las mejores vistas de la ciudad.

Justo enfrente se encuentra la Iglesia Týn, una de las más bonitas de estilo gótico. Sus famosas torres gemelas son uno de los símbolos de la ciudad y en vivo son muy impresionantes. Se accede a ella por los arcos de la antigua escuela y hay que averiguar los horarios antes porque están algo limitados. Lo más llamativo en su interior es la tumba del astrónomo danés Tycho Brahe.

Justo al otro lado de la plaza se encuentra otra iglesia barroca de gran importancia: la iglesia de de San Nicolás. Aunque no es tan famosa, su amplia fachada y la fastuosa cúpula en tonos verdes la hacen destacar inmediatamente. Si tiene suerte, muchas tardes se celebran aquí conciertos de música clásica, y merece la pena disfrutarlos en un interior elegantemente ornamentado.

Uno vez se ha visto lo más importante se puede volver a la plaza y disfrutar de los pequeños palacetes y casas de sus alrededores. Puede conocer la casa de la Virgen negra, la Torre de la Pólvora o Josefov (barrio judío), y al otro lado de la plaza, el Klementium (antiguo colegio jesuita que perteneció a los Hasburgos), el museo Smetana o la Capilla de Belén.

Distrito del Castillo

Se accede a él a través del famoso puente Carlos, una obra maestra de la época medieval. Sus más de 500 metros de largo están decorados con estatuas religiosas barrocas. El movimiento en el puente es constante, con vendedores, músicos, pintores y turistas paseando por él. Además del ambiente, ofrece unas vistas increíbles de la ciudad y del río Moldava.

Desde aquí, ya se puede observar el imponente Castillo dominando la ciudad. Entre las callejuelas del distrito abundan las tiendas de recuerdos y restaurantes, además de una oficina de turismo justo en la entrada donde conseguir toda la información necesaria.

En el camino se puede parar un momento a contemplar otra gran iglesia, la de San Nicolás. Es un edificio enorme e imponente que destaca en la popular plaza de Malá Strana.

El castillo de Praga

Más arriba, después de una buena subida, ya se puede entrar al recinto del Castillo. Construido en el S. IX, actualmente es la sede del presidente de la República Checa. Lo más destacable es la capilla de la Santa Cruz, la galería o la basílica de San Jorge.

Pero sin duda, dentro del recinto, el monumento más impresionante es la Catedral de San Vito. De estilo gótico (y neogótico, por su prolongada historia para ser acabada), es un edificio de inmenso. Destaca la fachada oeste, con la Puerta Dorada y una gran vidriera multicolor. La pena es que la fachada principipal esta rodeada por muros, y es algo difícil poder disfrutarla y sacar fotografías por la falta de espacio.

Otro rincón interesante es el Callejón de Oro, una callejuela que fue habitada por alquimistas y ahora alberga tiendas y pequeños museos. Además, en una de estas casitas se encuentra la que fuera residencia de Frank Kafka.

Alrededores del Castillo de Praga

Toda esta zona tiene localizaciones turísticas muy interesantes. Por ejemplo, el Loreto, un santuario dedicado a la casa de la Sagrada Familia, obra de la familia Lobkowicz.

A unas calles de distancia esta el Monasterio de Strahov, que alberga dos de las bibliotecas más bonitas de Europa. Sólo se pueden ver desde una puerta, pues para visitarlas por dentro hay que pedir cita con antelación, pero al no ser muy grandes se pueden apreciar desde fuera.

Y cruzando sus jardínes, un poco más alejada, esta la Torre Petrin (versión a escala de la Torre Eiffel), en la colina con su mismo nombre. Se sube hasta la cima en un funicular, y también se pueden visitar los huertos de alrededor.

Otros lugares de interés de República Checa

Al bajar la colina de nuevo, en una callejuela escondida, estan los jardínes Vrba. Merece la pena visitarlospor su belleza, las vistas que ofrecen y la pajarera que albergan.

Si se tiene tiempo, otras zonas que merece la pena visitar son Vysehrad o el edificio Ginger y Fred, de Frank Gehry.