El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, sostenía que “la libido es el motor del mundo que mueve a la humanidad: es una energía sexual que se debe descargar para mantener el equilibrio”.

El mecanismo del cerebro durante el orgasmo

Las células del cerebro producen dopamina, neurotransmisor que excita el sistema nervioso, activando los centros del hipotálamo que incitan a las glándulas suprarrenales a producir adrenalina. El hipotálamo en presencia de la estimulación genital libera oxitocina, neurotransmisor que en el momento del orgasmo, es el encargado de estimular las contracciones uterinas. Durante el clímax, el centro de la vigilia, situado en las amígdalas, se “apaga”.

Inmediatamente, se nota la desactivación del lóbulo temporal, relacionado con las emociones, mientras se intensifica la actividad a nivel de la corteza somatosensorial, que dirige la percepción de los estímulos provenientes de los genitales.

Las glándulas que intervienen en el orgasmo

La adrenalina, hormona del estrés, es producida por glándulas suprarrenales para alertar al organismo. Las glándulas sebáceas secretan feromonas que excitan a los hombres, mientras la hipófisis produce oxitocina, la hormona del placer. En el hombre, la próstata y las vesículas seminales producen más del 95% del esperma.

Senos y ovarios

Cuando los senos son acariciados, la musculatura alrededor de los pezones se contrae, haciendo que ellos permanezcan turgentes y los senos aumenten de volumen.

Los ovarios son los encargados de producir estrógenos, las principales hormonas femeninas, fundamentales para el placer.

El orgasmo y los cambios en el pene y la vagina

El escroto, que envuelve a los testículos, se endurece, mientras los testículos comienzan a subir. El pene aumenta de tamaño, dilatado por la sangre que lo hace aumentar en un 50% respecto a las dimensiones iniciales. Cuando está en erección, la sangre es “bloqueada” en el pene para mantenerlo en erección.

La vagina se dilata: durante el acto sexual se expande hasta darle el lugar al pene, sin importar las dimensiones de este. Los labios exteriores de la vulva se aplanan hacia el perineo y los labios menores crecen tres veces respecto a su diámetro normal y cambian de color, haciéndose más rojos. Durante la fase de excitación sexual el flujo sanguíneo provoca el engrosamiento del clítoris.

Los beneficios del orgasmo

La ciencia demuestra los efectos benéficos que ejerce el orgasmo en el organismo. Los hombres serían protegidos del tumor en la próstata y favorecerían un recicle continuo de los espermatozoides, incrementando la posibilidad de reproducción.

La oxitocina y la dhea, hormonas producidas durante la excitación, protegen del cáncer, la endometriosis, la migraña y el estrés. En el caso del dolor de cabeza, el efecto podría deberse a una vasodilatación y a la producción de endorfinas, analgésicos naturales.

El clímax, gracias al trabajo cardíaco, es también beneficioso en el plano psicológico, además de los efectos positivos para la circulación, respiración, flexibilidad muscular y como facilitador del sueño.

El orgasmo como masaje antihisteria

En la antigua Grecia se pensaba que las mujeres, durante el acto sexual, producían su propio semen: si no tenían relaciones sexuales, éste se acumulaba en el cuerpo hasta provocar vapores capaces de dañar el cerebro que causaba el ansia, el insomnio y el deseo sexual.

Después de haber intentado calmar a “las histéricas” con distintos métodos, un médico encontró la solución masajeando el clítoris, con lo cual las mujeres llegaban al orgasmo. Esta práctica se realizó en el Medioevo y en el Renacimiento, sin que hubiese dudas de tipo moral: en la visión masculina de la sexualidad, no existiendo penetración, el orgasmo no es calificado como tal.

El “tratamiento médico” provocaba una “crisis de histeria” (orgasmo) que purificaba el organismo de las tentaciones nefastas.

El sexo hoy, ya no es visto sólo como un acto de excepcional placer, sino como algo indispensable y vital en la vida del hombre.