Las constelaciones familiares son un tipo de terapia sistémica familiar que fue desarrollado en los años 80 por Bert Hellinger, psicoanalista con formación filosófica, teológica y pedagógica. Este método terapéutico es una síntesis que combina estas disciplinas con estudios sobre el psicodrama, la terapia de Gestalt, la terapia primal, la hipnosis y el enfoque sistémico.

Esta terapia se ha afianzado a nivel mundial por ventajas tales como la rapidez del proceso respecto a otras técnicas, su accesibilidad en cuanto a participación y costos y la increíble capacidad de movilizar el mundo interior de cada participante. Por ello, su creador brinda constantemente conferencias y seminarios, y se pueden encontrar profesionales capacitados para realizar constelaciones familiares alrededor de todo el mundo.

¿Para qué sirven?

La familia es el primer núcleo al que pertenecemos, en el cual construimos los vínculos que dejarán de por vida una impronta en nuestro ser. Así, muchos de nuestros comportamientos cotidianos se remontan a un origen familiar.

En consecuencia, algunos de los conflictos no resueltos en ese ámbito pueden estar afectándonos en la vida adulta, de forma consciente o inconsciente. El objetivo de la terapia es alcanzar la sintonía con nuestro destino y con nuestra propia responsabilidad. A través de la constelación familiar, experimentamos una nueva armonía con nosotros mismos y con nuestro sistema familiar, que tendrá consecuencias en nuestra realización personal. Esta nueva imagen nos brindará la posibilidad de identificar los conflictos que están dificultando el flujo organizado de nuestra vida y, de este modo, podremos restaurar el orden perdido y permitir un nuevo fluir que nos resultará liberador y sanador.

¿Cómo funcionan?

Bert Hellinger desarrolló este tipo de terapia basándose en tres ideas: la de vinculación (por la cual todos los individuos necesitamos pertenecer a nuestra familia), la de equilibrio entre el dar y el recibir y la de la existencia de un orden dentro del sistema, que implica la aceptación y cumplimiento de normas establecidas por el sistema familiar.

El trabajo se desarrolla de forma grupal, y se focaliza en un tema concreto que el participante quiere resolver. Una vez expresado el problema, la persona que constela debe elegir, valiéndose de su intuición, a otras personas del grupo. Ellas representarán a distintos miembros de su familia relacionados con el conflicto.

Los representantes son ubicados alrededor del espacio por el mismo participante, y de acuerdo al mismo criterio intuitivo. Luego, comentan cómo se sienten en ese lugar. En ningún momento se trata de realizar una representación teatral, sino de expresar las sensaciones que experimentan a partir de su posicionamiento dentro de la constelación.

Después, el terapeuta o la terapeuta formulará preguntas y, basándose en las respuestas, tratará de solucionar el problema reorganizando el sistema. Una vez finalizado el ejercicio, la persona que consteló tendrá una imagen diferente de su conflicto.

¿Cómo debemos prepararnos para constelar?

Antes de realizar una constelación familiar, debemos reflexionar acerca de los problemas que nos preocupan, y determinar cuál podemos considerar como el principal o que más nos urge tratar, por causarnos un sufrimiento continuado en nuestra vida. Por ejemplo: problemas afectivos con nuestra pareja o con un miembro de la familia, enfermedades, miedos, etc.

Por otra parte, es fundamental que realicemos una investigación acerca de los sucesos significativos que hayan tenido lugar en nuestra familia de origen (ésta incluye padres, tíos, abuelos y bisabuelos). Se trata de ser conscientes de la existencia de muertes prematuras, violencia familiar, casos de abuso, adicciones, secretos familiares, abortos, accidentes, abandonos, separaciones traumáticas, exclusión de personas de la familia. Estas situaciones dan lugar a conflictos no resueltos que tienen un efecto en el comportamiento de las futuras generaciones de la familia.

¿Qué debemos hacer después de una constelación?

En palabras de Bert Hellinger, "las constelaciones actúan cuando uno las deja exactamente de la manera en que las vio. Cualquier discusión sobre su contenido destruye la imagen. No hay que interferir. La persona misma tampoco debe actuar inmediatamente tras una constelación. Así no funciona. La imagen tiene que descansar en su alma. A veces durante mucho tiempo, quizás medio año o más. Y uno no hace nada para cambiar. Las imágenes ya actúan, simplemente estando. Y al cabo de un tiempo en el alma se reúne la fuerza necesaria para hacer lo correcto. Aquello que es correcto y bueno será diferente de lo que uno ahora acaba de ver. El alma de la persona sabe mucho más y al final uno sigue a su propia alma y así tiene plena fuerza. Pero esta imagen ha impulsado algo en su alma que posteriormente hace posible el actuar".