Antiguamente, todos los hombres practicaban una alimentación natural, por cuanto no se usaban entonces las elaboraciones industriales, mejoradores, conservadores, colorantes, ni otros tipos de aditivos químicos. Los hábitos alimenticios, por otra parte, eran guiados únicamente por las necesidades instintivas del cuerpo.

La importancia de la alimentación natural

Diversos estudios demostraron que los organismos que se alimentan desequilibradamente están mucho más predispuestos a contraer todo tipo de enfermedades, aún las más graves.

Y el hombre moderno, lamentablemente, come absolutamente mal. La cantidad de enfermos debería hacer ver hasta qué punto resulta imprescindible cambiar urgentemente la forma de alimentación.

Si se desea conseguir y mantener una buena salud, la alimentación debe cumplir dos funciones distintas: proporcionar un máximo de energía con un esfuerzo mínimo de asimilación, y permitir que el cuerpo elimine adecuadamente sus residuos. Todo elemento que el organismo no sea capaz de convertir fácilmente en energía vital debe considerarse inútil e incluso nocivo.

La aventura de una alimentación saludable

Los alimentos que componen una alimentación sana y natural no son los mismos en cada país que, por su ubicación geográfica y características climáticas, tiene producción vegetal, animal y mineral diferente.

Un buen recurso para saber cuál es la alimentación natural y saludable correspondiente al propio hábitat, es imaginarse que uno está solo y aislado, en un determinado lugar, y a partir de allí, debe proveerse su alimentación.

En primer lugar se buscarían árboles frutales para solucionar las necesidades inmediatas, tanto sólidas como líquidas (una fruta contiene entre un 70 y un 85 % de agua). Después encontraría verduras de hoja, zanahorias y zapallos, que comería crudos, ya que no tiene dónde cocinarlos. Así comprobaría que cualquier vegetal puede comerse crudo y ser digerido y eliminado total o parcialmente, sin perjuicio para la salud. Esto vale incluso para aquellos que no nos imaginamos, como por ejemplo el choclo, siempre y cuando se realice una buena masticación.

El hombre en cuestión seguramente encontrará un nido de donde extraerá un huevo, que también comerá crudo, sin ningún tipo de trastorno. Al transcurrir unos días llegará hasta una laguna y pescará un pez que asará rudimentariamente sobre el fuego de leña.

Finalmente, logrará cazar un ternero y carnearlo, y lo preparará sobre las brasas de leña, pero comerá esta carne sólo ese día, porque luego entrará en estado de descomposición.

Esto demuestra de una forma sencilla que la elaboración de una dieta natural no es arte de magia, sino el resultado de la observación racional del medio, unida a la liberación del instinto natural del hombre en la selección de sus alimentos.

Cada cual elige su dieta natural

El mundo actual presenta dos fenómenos característicos: por un lado, la contaminación y degradación biológica de los alimentos por los productos químicos y la refrigeración. Por el otro, el sedentarismo y la pérdida de instinto selectivo del hombre, con hábitos alimenticios impuestos por la sociedad de consumo, cuyos resultados nocivos son evidentes.

Ante este panorama, parece no haber otro camino que el retorno a la naturaleza.

Sin embargo, teniendo en cuenta los condicionamientos de la vida cotidiana, la adopción de un sistema de alimentación natural sólo será posible si se cumplen un par de requisitos básicos.

Uno es la factibilidad o posibilidad de seguirla regularmente, y el otro es que resulte agradable al gusto.

Cada persona elegirá entonces cualquiera de las diversas doctrinas dietéticas que forman parte de la alimentación natural. O bien optará por hacer los primeros pasos con una dieta mixta (igual porcentaje de régimen y de comida común) hasta acostumbrarse a los nuevos sabores.

Las principales dietas alimenticias naturales son la macrobiótica (basada en la filosofía y la cocina oriental) y el naturismo, subdividido este último a su vez en varios sistemas: frugívoro (exclusivamente frutas), sólo verduras y frutas crudas, vegetariano, ovo-lacto-vegetariano y naturismo macrobiótico.

Consejos para comenzar a comer sano

Aún con los mejores propósitos, resulta muy difícil cambiar las costumbres alimenticias de un día para otro. Lo más probable, si esto no se realiza gradualmente, es que la aventura dure poco y pronto se recaiga en la antigua dieta. Un buen sistema, entonces, es empezar eliminando de a poco los productos perjudiciales, reemplazándolos siempre por algo mejor.

Una dieta sana no incluye

  • Azúcar refinada
  • Harina blanca
  • Arroz sin cáscara
  • Carnes, pescados y aves alimentados químicamente
  • Sal de mesa con yodo
  • Grasas sólidas, aceites y grasas animales, grasas y mantequillas vegetales

Para una alimentación sana se deben reemplazar por

  • Miel pura o melazas
  • Harina integral
  • Arroz integral
  • Sal marina
  • Aceite de oliva sin refinar, manteca pura o crema
La salud depende en gran parte de los hábitos alimenticios. Volver a la naturaleza no sólo es urgente y necesario, sino posible y agradable.