El mundo que gira alrededor de nuestras mascotas, en ocasiones, es desconocido y la información que se obtiene es infinitamente pequeña en relación a la que existe. Cuando un perro presenta un comportamiento diferente al que, en un principio, su propietario espera de él, suele plantearse la disociación a la hora de elegir el siguiente paso a tomar. El dilema es: ¿necesita mi perro una terapia bajo las manos de un etólogo o psicólogo canino? O por el contrario, tan solo necesita un adiestramiento.

Psicología canina y felina

El conocimiento de la psicología del perro o del gato comprende el amplio espectro de saber en profundidad su manera de pensar y actuar ante situaciones en las que el ser humano no reaccionaría del mismo modo y obrar en consecuencia.

Esto significa en lenguaje coloquial “ponerse en la piel del animal” o “ver la vida a través de sus ojos”, lo que facilita considerablemente la labor del psicólogo a la hora de corregir un comportamiento o conducta anómala en nuestra mascota.

A diferencia de la psicología canina, el adiestramiento está basado en aplicar al perro la psicología humana y obtener de ello un cambio o modificación de conducta mediante refuerzos y condicionamientos.

Cuando una mascota presenta un problema de comportamiento, bien sea una agresividad, una fobia, una alteración del estado de ánimo como depresión o nerviosismo, una obsesión con objetos o personas, etc, la terapia psicológica es la más recomendada.

Ya sea dirigida por un etólogo o un psicólogo canino o felino, esa debería ser la opción a tomar para este tipo casos.

En las terapias se utilizan diferentes técnicas como habituación, contracondicionamiento, exposiciones graduales ante las fobias más graves, reestructuraciones de jerarquía, etc.

Adiestramiento canino

Existen varias clases de adiestramiento. Las más destacadas son las siguientes:

  • Obediencia básica: comprenden las órdenes de sentado, tumbado, llamada y quieto. Este tipo de ejercicios deben ser introducidos en la educación habitual del perro ya que de ese modo es mucho más sencillo establecer una relación jerárquica ante sus ojos y un vínculo más cercano entre perro y dueño.
  • Obediencia avanzada: a las mismas órdenes de la obediencia básica se le suman la distancia y dificultad en el ambiente habitual, incluso dependiendo del adiestrador puede aplicar la enseñanza de otro tipo de condicionantes como traer objetos, ladrar a la orden, soltar objetos, etc.
  • Habilidades: este tipo de órdenes se aplican al campo deportivo. En el mundo canino el Agility es el deporte por excelencia donde el animal debe sortear una serie de obstáculos en un recorrido estructurado y hacerlo del modo más limpio y exacto posible.
  • Guarda y defensa: actualmente no está en uso para todo el mundo debido a que este tipo de órdenes están basadas en aprovechar el instinto de presa del animal para realizar un ataque a lo que se puede considerar una amenaza, normalmente intrusos en propiedades privadas, etc, y suele resultar peligroso en manos de un propietario que pretenda tener un “arma” en vez de un compañero.

Conclusión, efectividad en el adiestramiento y en la psicología canina y felina

Ambos son efectivos en sus campos correspondientes. La socialización y la educación desde cachorro tanto del perro como del gato deben ser un objetivo a cumplir desde el momento en que decidimos llevarnos a nuestra mascota al hogar.

El adiestramiento es la herramienta perfecta para tal fin. En técnicas de modificación de conducta es algo más lento y aunque puede resultar viable no es del todo definitivo.

La psicología canina y felina aplicada por un experto en la materia es lo más prudente para estabilizar el equilibrio natural del perro o del gato cuando se ha producido una alteración en su comportamiento.

Ambas disciplinas son complementarias y se pueden utilizar al mismo tiempo si así lo creen oportuno tanto el adiestrador como el psicólogo.