El film trata con no mucho acierto de mostrar de forma tragicómica la búsqueda del amor de un grupo de mujeres treintañeras y los conceptos erróneos acerca de cupido y el sexo opuesto.

El planteamiento inicial parece prometedor ya que parte de la teoría de que la mayoría de los equívocos en el plano sentimental vienen del autoengaño y de lo retorcido de la mente femenina. Se expone con buenos ejemplos y es hasta cómico.

El punto de inflexión se encuentra en como los tópicos que parecían que querían ser derruidos se levantan para darle a la protagonista un final feliz que a lo largo de la historia se construía como poco verosímil. Todo por el happy end. Así desciende todo cuando se prevé el desenlace: lo bueno del argumento se desecha para exhibir sin ánimo una estúpida- por carecer de sentido en los relatos de los personajes- creencia en “el amor verdadero”, “el matrimonio” y la lealtad.

La pregunta que da título a la película no resulta un hallazgo. Lo realmente curioso sería que alguien contara a la audiencia que tienen las féminas de este filme en sus estupendamente peinadas cabezas aparte de una obsesión por lograr novio.

No se trata éste de un alegato a favor de las mentes femeninas, de su peculiar, intensa y mágica forma de amar frente a unos hombres primarios que sólo piensan en el sexo. No, aunque esa sea la idea que se vende con este tipo de películas, no es el caso. Más bien nos encontramos ante una banda de Bridgets Jones algo más comedidas, eso si.

Un reparto de excepción

Para la ocasión de está comedia se ha contado con la inestimable presencia de actores que si bien no pueden hacer olvidar las flaquezas del guión, si hacen atractiva la visión de este producto intento de comedia romántica.

Entre las mujeres hay que citar a Scarlett Johansson en un papel de tía buena que ninguno rechazaría y que ninguna querría tener de amiga. También se desvelan por amor las ya curtidas en ello Jennifer Connelly y Jennifer Aniston- que han perdido belleza frente a la Johansson por exceso de dietas- y Drew Barrymore, más breve pero más divertida.

Pero la que se lleva el premio gordo, por llevar el peso de lo mejor y lo peor de la película es Ginnifer Goodwin. Ésta, menos conocida aquí, se queda con todos los cliches de la mujer obsesa por encontrar el amor, mucho más creíble, que no exagerada, y más atractiva que el personaje que dio fama a Reneé Zellweger. Cabe recordar a Ginnifer en el papel de la primera mujer de Johnny Cash en En la Cuerda Floja.

Entre los hombres, mucho más dignos por los papeles que les tocan, hay de todo. Bradley Cooper se encuentra entre dos mujeres y triunfa pero con Resacón en las Vegas. Ben Affleck ejerce de novio perfecto, cuyo único fallo será el contradecirse al final ( ¿demasiada perfección o falta de principios?)

Y no hay que olvidar al agente inmobiliario que interpreta el actor de Entourage, Kevin Connolly ni a Justin Long que vuelve a tener una chica poseida ( Arrástrame al infierno), pero ahora sólo poseída por un exceso de si misma. Será su personaje el que inexplicablemente de un giro de 360 grados a todo su discurso por cumplir con las convenciones del género.

El resto del equipo

La culpa de todo esto hay que echársela a Kevin Kwapis. Este hombre tiene un bagaje a sus espaldas que no encaja muy bien con esta obra. A él se le deben los lanzamientos de series como The Officce o Malcom. Más acorde resulta recordarle por la dirección de Uno para todas o Hasta que el cure nos separe.

Los guionistas son Marc Silverstein y Abby Kohn (responsables de Valentine´s Day y Nunca me han besado) que adaptan el libro de Greg Behrendt y Liz Tuccillo. La pareja se mueve bien con los diálogos y los personajes que manejan tópicos como el que se bebe un vaso de agua, pero no logran la carcajada. Se guían por lo que se espera de ellos, en lugar de vislumbrar metas más altas.

No extrañará que estos dos estrenen dentro de poco filmes como Sensitive Guys, Date School o How to be single ( chicos sensibles, cita en el colegio o como ser soltero)

Un género difícil

Qué les pasa a los hombres es un perfecto ejemplo de que las comedias románticas son difíciles. Se hacen a montones, pero resulta extremadamente complicado encontrar historias que emocionen al espectador más allá de arrancarle una sonrisilla. Por el contrario, al final la mayoría o son ridículas o son una tragedia camuflada. Estas tres cosas describen en gran parte esta película que no hace más que perderse para ser olvidada sin más.