
- Hand - Sergio Roberto Bichara
La mayoría de las personas que se ven afectadas por violencia doméstica no saben cómo reaccionar frente al hecho que afecta a sus vidas. El primer momento es traumático y el reconocer lo que viven es muy difícil.
Muchos comienzan a padecer episodios de ansiedad asociadas a las conductas de sus parejas abusivas; depresión; la sensación de que lo que les ocurre no va a pasar; Síndrome de Estocolmo; codependencia, entre otro.
Uno de los efectos indeseables más comunes es la negación, porque de alguna forma, toda persona sana se niega a creer que lo que le está ocurriendo sea cierto.
La importancia de actuar a tiempo
Tal como ocurre con enfermedades físicas, la violencia doméstica es mejor tratada, mientras más temprano se enfrentan los episodios violentos.
Si se deja pasar mucho tiempo, es más difícil poder salir y encontrar una solución. Muchas personas dejan pasar años antes de atreverse a pedir ayuda o antes de recibir colaboración de alguien ajeno a su familia.
Cuánto más tiempo se deje pasar, más daño es el que la persona tiene a nivel emocional, y más riesgo corre en términos de vida y calidad de vida. Las personas que están cerca de una víctima pueden hacer mucho para ayudar, pero también el agredido(a), tiene que tomar decisiones.
¿Qué hacer?
En el caso de ser una persona agredida, Lenore Walker, una especialista en el tema sugiere, en su artículo “Terapia para sobrevivientes con mujeres golpeadas”, publicado en la Revista Argentina de Clínica Psicológica, siete pasos para salir de una relación abusiva.
- Reconocer que se es una persona abusada. Cuando se le pone nombre a la situación que se está viviendo y se reconoce que aquello produce un efecto perjudicial, entonces, hay esperanza de salir. La negación no permite alejarse del abuso.
- Buscar ayuda. Este es un tema especialmente sensible puesto que la mayoría de las víctimas tiene serios problemas para solicitar ayuda, en parte por padecer del Síndrome de Estocolmo, pero también, porque son convencidas por sus victimarios que nadie va a ayudar.
- Solicitar ayuda de un especialista en salud mental. Una de las razones es porque la violencia reiterada produce una alteración cognitiva. Las personas como un mecanismo de defensa tienden a justificar lo que les ocurre.
- Entender que padece del Desorden de Estrés Post-traumático. Es muy difícil que una persona sometida a violencia doméstica no esté afectada por este desorden que la hace padecer de una serie de alteraciones psíquico físicas que deben ser tratadas por un especialista.
- Recuperar el equilibrio mental. Toda víctima necesita un periodo de recuperación que le permita re-equilibrar su estructura psíquica. En este paso la colaboración conjunta de equipos multidisciplinarios de terapeutas, psicólogos y religiosos podría ayudar a restaurar la homeostasis que la agredida ha perdido en el proceso.
- Restablecer las relaciones interpersonales. Uno de los efectos de la violencia es el aislamiento social de la víctima, ya sea por imposición del victimario o por reacción frente al castigo. Recuperar la confianza para relacionarse con otros es un proceso que llevará tiempo, pero es posible.
- Aprender a integrar el trauma a la vida cotidiana. Se sabe que se ha pasado de víctima a sobreviviente cuando lo ocurrido no afecta emocionalmente de la manera que lo hacía antes.
Responsabilidad compartida
Todos tenemos algo que hacer frente al drama de la violencia doméstica. La neutralidad sólo ayuda a los victimarios, no a las víctimas.
Somos responsables de lo que podríamos evitar y no evitamos.
Como diría alguna vez la madre Teresa de Calcuta, “no puedes salvar a toda la humanidad, pero al menos puedes ayudar a uno, el que está a tu lado”.
Si bien es cierto, la víctima tiene mucho que hacer, no lo podrá hacer sola. Necesita la colaboración de otros que puedan ayudarle a recuperar lo que ha perdido en el proceso de ser víctima de violencia.
