Las fobias no son innatas; obedecen al aprendizaje. En este caso, no obstante, deberíamos decir a un aprendizaje erróneo.

Todo ser humano viene al mundo con la capacidad de sentir miedo. El miedo es una experiencia necesaria y adaptativa; nos avisa de un peligro ante el que hay que enfrentarse o, en la mayoría de ocasiones, evitar o huir de él. El miedo, entonces, nos previene de un peligro real. Y nos prepara para actuar en consecuencia. Cuando se trata de una fobia, esto no es así. La persona intuye un peligro que en realidad no existe o es desproporcionado, aunque lo experimenta como si fuera real y no puede evitar sentirlo, por más que comprenda la irracionalidad de su comportamiento. Este temor viene acompañado de un estado de ansiedad intenso.

Causas de las fobias

Para entender un problema primero hay que comprender cuál es el origen del mismo. Si bien es cierto que algunos individuos pueden tener una cierta predisposición biológica a la hora de enfrentarse a los miedos, en otras muchas ocasiones la causa hay que buscarla en otros factores. Buena parte de las fobias tienen su origen en la infancia, en algún momento donde el miedo y el aprendizaje no cumplieron adecuadamente su función conjunta. Estas situaciones podrían responder a hechos más o menos cotidianos, como una mala experiencia al aprender a nadar y, por consiguiente, desarrollar una fobia al agua, o bien a hechos traumáticos como los malos tratos o los abusos sexuales; situación, esta última, capaz de generar una amplia gama de fobias.

Síntomas de las fobias

La sintomatología que podría definir el perfil fóbico encajaría en aquella persona que, ante el objeto de su fobia, experimenta un sudor frío recorriéndole la espalda. Le tiemblan las manos y siente que pierde el control. Puede aparecer algún tic nervioso y sienten un nudo en el estómago. Aumentan sus pulsaciones, la vista se nubla y le cuesta respirar.

Este comportamiento, por otra parte inevitable e involuntario, conlleva toda una serie de dificultades en sus relaciones familiares, laborales y sociales. El temor ante la incomprensión o el rechazo lleva a la persona a desarrollar una serie de estrategias para ocultar el problema, bien sea mediante mecanismos de defensa o evitación, o bien tratando de racionalizar su conducta de tal modo que resulte aceptable.

En términos más generales los síntomas suelen ser la ansiedad, el insomnio, los ataques de pánico, la sudoración, taquicardias, ganas de evacuar o tartamudez, entre otros.

Tratamiento de las fobias

En la actualidad existen diversos métodos terapéuticos para enfrentar el problema fóbico. Pero el primer paso, tal y como ocurre en tantos aspectos de la vida, es que el paciente esté dispuesto a afrontar el problema. El tratamiento psicológico, con la ayuda de medicamentos adecuados, puede ser una herramienta muy útil para superar con éxito este trastorno.

El tratamiento terapéutico se basa principalmente en tres actuaciones. La terapia farmacológica, que si bien no suele ser definitiva, si puede ser de gran ayuda en ciertos momentos.

La terapia cognitivo conductual pretende alterar los patrones de pensamiento y conducta con el objeto de adaptarlos a la realidad. Para lograrlo se busca el estímulo que provoca la ansiedad y la subsiguiente reacción fóbica, reeducando a la persona para darle un nuevo enfoque que le permita afrontar con éxito las situaciones que anteriormente constituían un muro infranqueable.

La combinación de las dos opciones anteriores suele ser suficiente para solucionar el problema en muchos casos, sin embargo en algunos casos se emplea la terapia psicodinámica, donde se induce a la persona a bucear en el autoconocimiento de su miedo y de las razones que suelen estar ancladas en el pasado. De este modo se espera que la persona salga fortalecido, ganando en seguridad y recuperando la autoestima perdida.

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