La meningitis consiste en una inflamación de las membranas que circundan el cerebro y la médula espinal, conocidas como meninges. También se la conoce como meningitis espinal. La causa más común de la inflamación es un virus o una bacteria, aunque también puede producirse por algunas medicaciones o enfermedades.

La meningitis viral o aséptica es relativamente común y, por lo general, de escasa gravedad. Los síntomas son similares a los de una gripe común.

La meningitis bacteriana, por el contrario, es muy grave y puede poner en riesgo la vida del afectado, incluso con tratamiento. Algunas formas de meningitis son contagiosas, por lo que se recomienda tomar las oportunas medidas profilácticas.

Etiología de la meningitis

Los virus y las bacterias implicadas en los casos de meningitis son muchos y muy comunes, estando asociados a otras enfermedades igualmente comunes. Las bacterias y virus que causan diversos tipos de infecciones pueden ser transportadas por el torrente sanguíneo hasta las meninges. En algunos casos de meningitis bacteriana, la bacteria proveniente de una infección cercana, como puede ser una otitis media, se propaga a las meninges.

La meningitis tiene especial incidencia a finales del verano y principios de otoño, afectando con más frecuencia a los niños y, en menor medida, a adultos menores de 30 años. El Streptococcus grupo B, la Escherichia coli y la Listeria monocytogenes son las bacterias que con más frecuencia afectan a niños pequeños, mientras que el Streptoccoccus pneumoniae, y la Neisseria meningitidis, son más comunes en niños mayores.

Entre los virus causantes de la meningitis destacan el virus de la polio, del herpes o el virus del Nilo Occidental, que se trasmite por las picaduras de mosquitos y se ha convertido en la primera causa de meningitis viral en los Estados Unidos. La meningitis viral puede resultar grave, pero raras veces llega a un desenlace fatal en personas con un sistema inmunitario sano. Los síntomas, que suelen durar entre 7 y 10 días, suelen terminar con la recuperación total del paciente.

Sintomatología de la meningitis

Los síntomas de la meningitis aparecen al cabo de unas horas o al cabo de uno o dos días. Los síntomas, tanto si obedecen a una infección viral o bacteriana, son muy parecidos. La meningitis meningócica provoca a menudo una erupción distintiva, que indica una forma de septicemia potencialmente fatal. La septicemia ocurre cuando las bacterias se multiplican de forma incontrolable en la circulación sanguínea. Los síntomas más habituales, en general, son:

  • Fiebre y escalofríos.
  • Náuseas y vómitos.
  • Somnolencia.
  • Cambios en el estado mental.
  • Sensibilidad a la luz.
  • Dolor de cabeza intenso.
  • Cuello rígido.
Paralelamente pueden producirse otros síntomas adicionales que abarcan:

  • Convulsiones.
  • Disminución del estado de conciencia.
  • Fontanelas abultadas.
  • Alimentación deficiente.
  • Irritabilidad.
  • Respiración rápida.
  • Postura de cabeza y cuello arqueado hacia atrás.

Prevención y vacuna contra la meningitis

La prevención para no contraer meningitis está asociada a la administración de vacunas, como la pentavalente, que se aplica a partir de los 2 meses y protege contra la infección por Haemophilus influenzae. También a partir de los 2 meses se aplica la vacuna contra el neumococo, y a partir del año de vida se aplica la vacuna triple viral que protege contra las paperas; una enfermedad que potencialmente puede conducir a la meningitis viral.

Tratamiento y diagnóstico de la meningitis

El diagnóstico y el tratamiento precoz son primordiales. Ante la presencia de los primeros síntomas se debe acudir de inmediato a un médico. El diagnóstico de la enfermedad se basa en un cultivo tomado de una muestra de líquido cefalorraquídeo, que se obtiene mediante una punción lumbar. Estas pruebas determinan si el causante es un virus o una bacteria. Una vez identificadas el tipo de bacterias que provocan la enfermedad, si este es el caso, se prescriben los antibióticos correspondientes. De más está decir que los antibióticos no son eficaces en los casos de meningitis viral. El adecuado tratamiento reduce a menos de un 15% la tasa de mortalidad asociada a la meningitis bacteriana.

En cuanto a la meningitis viral no existe un tratamiento específico. Los médicos acostumbran a recomendar al paciente que se quede en cama, beba muchos líquidos y tome medicamentos para aliviar la fiebre y el dolor de cabeza. Salvo algunos casos más graves, comúnmente asociados a sistemas inmunitarios debilitados, los afectados se recuperan por completo en un plazo no superior a las dos semanas.

Medicamentos para la meningitis

Para la meningitis viral no existe tratamiento específico más allá de los aspectos sintomáticos como el dolor de cabeza, fiebre o vómitos que se puede tratar con ibuprofeno o paracetamol. Solo en el caso de la meningitis por varicela o herpes se tratará con aciclovir o ribavirina.

En el caso de la meningitis bacteriana se suelen utilizar antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa. Dependiendo de la bacteria causante se admistrará el antibiótico más adecuado.

Para recién nacidos se usa una combinación de ampicilina y cefotaxime o gentamicina para cubrir enterobacterias, estreptococos y L. monocytogenes.

De 1 a 3 meses se administra cefotaxime o ceftriaxone más ampicilina. Como alternativa está el cloranfenicol más gentamicina. También se utiliza la vancomicina cuando hay resistencia al cloranfenicol.

Entre 3 meses y 7 años se utiliza cefotaxime o ceftriaxone. Alternativamente puede utilizarse la combinación de cloranfenicol y vancomicina.

En niños mayores, adolescentes y adultos, en el caso de S. pneumoniae resistente se administra vancomicina más cefotaxime o ceftriaxona. También se puede utilizar rifampicina. En caso de hipersensibilidad a estos medicamentos se puede administrar cloranfenicol, clindamicina o meropenem.

En los inicios del tratamiento es habitual administrar corticosteroides con el objeto de controlar la inflamación y minimizar la producción de sustancias inflamatorias.

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