No existe una definición precisa sobre independencia. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua la define como cualidad o condición de independiente, e incluso se puede cercar su concepto como no dependencia, pero en ambos casos, no dejará de ser una definición tautológica. Por ello, convine acerarse a la definición de dependencia.

Tanto en el plano general, como en el sentimental, la independencia personal es la no subordinación a las órdenes u opiniones de otro.

La independencia en las relaciones amorosas

Por tanto, esta cualidad se hace necesaria a la hora de mantener la propia personalidad y esta premisa, a la hora de las relaciones amorosas, es fundamental. Si uno se aleja de lo que es para acercarse más a lo que es otro, en cierto modo, deja de ser él mismo. Esto llevado al extremo, nos llevaría a la negación de la existencia.

Esta afirmación podemos ligarla al pensamiento de la corriente existencialista o movimiento existencialista que nació allá por los años 30 del siglo XX, en Alemania, y se extendió a otros países europeos, principalmente a Francia. Estos pensadores postulan que son los seres humanos, en forma individual, los que crean el significado y la esencia de sus vidas.

En este punto, es conveniente afirmar que, en relación con la independencia personal, ésta tendrá el sentido que nosotros queramos que tenga, será mayor o menor en la cantidad que nosotros le demos, y como propia que es, será determinante a la hora de conformar nuestro propio yo.

Obras recomendadas sobre este movimiento son: "El ser y la nada", de Jean Paul Sartre, o "La peste", de Albert Camus.

Independencia para no sufrir

Dejando de lado el plano teórico, la realidad cotidiana refleja que una situación de dependencia merma la capacidad sobre uno mismo. Además, como todo extremo, esta dependencia se convierte en una especie de vicio del que siempre se quiere más y que en caso de la negación de una de las partes, la otra se queda en la más pura soledad.

Esto se relaciona con la visión existencialista de que si dependemos de otros, esa parte de nuestra esencia, invertida en esa relación, desaparece. Hay que tener siempre presente, sin obsesionarse tampoco, que las relaciones pueden acabarse, y en ese momento, lo más importante será estar a gusto con uno mismo y tener la autonomía suficiente para no sufrir demasiado.

La independencia como relación sana: autonomía

La independencia personal es también señal de una relación sana, pues en el momento que la voluntad de uno se impone sobre la de otro, los cimientos de la pareja sobre los que se construye, son endebles y darán lugar a algo mal construido.

En estos casos, lo mejor es mantener la distancia respecto a la otra persona, la debida autonomía personal. Con ello, lo ideal es continuar con los hábitos personales que se tienen al margen de la otra persona y compartir aquello a lo que las dos personas hayan llegado en común acuerdo.

Si en caso de enfado, las emociones saltan y uno ve todo negativo, siempre tendrá esas aficiones que completan su vida, que dan forma a su personalidad y que en definitiva, hacen que sea quién es.

Entereza del carácter

Por último, y principal para lograr la independencia personal, es tener predisposición para ello. Es decir, tenerlo claro y saber comunicar a la pareja cuál es la posición que se tiene respecto a la vida en común.

La forma más sencilla es demostrar entereza y firmeza en el carácter, y no tener una opinión voluble. Este planteamiento es racional y por ello, una pareja razonable lo entenderá.

Además, será esencial para que la persona tenga libertad a la hora de tomar decisiones y no se vea coartado por la otra persona, quien por supuesto también es importante. Con cierta distancia en unos cuantos temas, la relación se llevará de mejor forma. Entonces, será momento de tan sólo dedicarse y disfrutar.