Uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo es el saber escuchar. A menudo, se está más tiempo pendiente de las propias emisiones; en esta necesidad propia de comunicar, se pierde la esencia de la comunicación, es decir, poner en común, compartir con los demás. Existe la creencia errónea de que se escucha de forma automática, pero no es así. Escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye.

La escucha activa supone escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. La escucha activa alude no sólo a la habilidad de escuchar lo que la persona está expresando directamente. También engloba la capacidad de saber leer los sentimientos o pensamientos que subyacen a lo que está diciendo.

Carbonero y Lucas definen la escucha activa como "la intensa aplicación de nuestros sentidos y de nuestra mente para lograr la mayor correspondencia sensible entre lo que nos quieren decir y lo que nosotros entendemos". Alcanzar ese sintonía entre emisor y receptor es importante porque, como apunta Guillermo Varela Arjona "lo verdadero no es lo que digo yo, sino lo que entiende el otro" (en Sánchez, 2003).

Pautas para mejorar la escucha activa

Entre los elementos que facilitan la escucha activa, resaltan tres:

  • Disposición psicológica. Prepararse interiormente para escuchar y observar al otro (identificar el contenido de lo que dice, sus objetivos y sentimientos).
  • Expresar que le escuchas con comunicación verbal ("Ya veo"; "Mmh"; "Claro"; etc) y no verbal (contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo, etc).
  • Y, sobre todo, desarrollar la empatía o capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona.
Por el contrario, para desarrollar la escucha activa, es importante evitar ciertas conductas como:

  • La distracción. La curva de la atención se inicia en un punto muy alto, disminuye a medida que el mensaje continúa y vuelve a ascender hacia el final del mensaje. Hay que tratar de combatir esta tendencia haciendo un esfuerzo especial hacia la mitad del mensaje con objeto de que nuestra atención no decaiga.
  • La interrupción. No interrumpir al entrevistado.
  • El prejuicio. Cuando escuchemos, debemos hacer un esfuerzo especial por rehusar ideas preconcebidas y juicios anticipados.
  • Rechazar lo que el entrevistado esté sintiendo y hablar de uno mismo. Es un error caer en comentarios del tipo: "No te preocupes, eso no es nada"; "No sé porqué te agobias, no tiene tanta importancia. Si te hubiera pasado lo que a mí...".
  • Evitar el "síndrome del experto". Tener las respuestas al problema de la otra persona, antes incluso de que haya contado la mitad. Escuchar es ofrecer ayuda, no aportar soluciones prematuras.
Ejercer la escucha de forma activa facilita al emisor la transmisión de su mensaje. Asimismo, la comunicación se hace más fluída y eficaz.

* Si deseas conocer trucos útiles para mejorar la comunicación, haz clik aquí. Y lo más importante, el truco para que todas estas técnicas realmente funcionen es muy sencillo: "Habla y escucha a los demás como te gustaría que te hablasen y/o escuchasen a ti".