La diabetes de tipo 2 es la manifestación más común de esta enfermedad. Aunque la diabetes tipo 1, conocida anteriormente como diabetes juvenil, era la variedad que se presentaba con mayor frecuencia entre niños y personas jóvenes, en la actualidad la diabetes tipo 2 es cada vez más habitual en este segmento de la población.

Estudios realizados a tal efecto en los Estados Unidos han arrojado unas cifras que oscilan entre el 8% y el 45% para la diabetes de tipo 2 en el total de casos diagnosticados con diabetes. Esto supone un importante incremento que tiende a relacionarse con el aumento de la obesidad, aunque parece claro que también guarda mucha relación con la ubicación geográfica y el grupo racial y étnico, ya que en las personas de raza negra, así como en las de origen hispano, se observa una incidencia mayor que el promedio.

Causas de la diabetes tipo 2

En el caso de la diabetes tipo 2 el páncreas sí produce insulina, pero el organismo no responde adecuadamente; es lo que se conoce como resistencia a la insulina y que se traduce en la menor capacidad que tiene la glucosa para ingresar en las células y suministrar la energía necesaria. Este proceso implica el riesgo de que se produzca una elevación del nivel de azúcar en la sangre (hiperglucemia) y el consiguiente sobreesfuerzo del páncreas para generar más insulina, lo que puede llevar al páncreas al colapso y a perder la capacidad para producir la necesaria insulina que alimente a las células y mantenga a raya los niveles de azúcar en la sangre.

Cabe señalar que no todas las personas con resistencia a la insulina tienen diabetes tipo 2. Todo dependerá de la capacidad del páncreas para producir la cantidad suficiente de insulina, sin embargo se trata de una señal muy relevante y que suele indicar que la persona con esta carencia es probable que haya adquirido la enfermedad. También la obesidad es un factor que influye notablemente. Ello es debido a que la grasa dificulta aún más la capacidad del organismo para utilizar la insulina.

La diabetes tipo 2, a diferencia de la del tipo 1 que puede manifestarse con síntomas repentinos y graves, suele desarrollarse gradualmente, siendo muy habitual que se diagnostique en personas obesas, aunque también puede aparecer en personas delgadas, sobre todo cuando se trata de personas ancianas. Antecedentes familiares y la genética parecen jugar un papel importante en la aparición de esta enfermedad, al igual que una dieta poco adecuada o tener antecedentes de diabetes gestacional.

Sintomas de la diabetes tipo 2

Los síntomas relacionados con esta enfermedad pueden tardar mucho en manifestarse o incluso no hacerlo. Los síntomas más habituales, cuando aparecen, consisten en un aumento de la sed, fatiga y una mayor frecuencia en la micción. Otros síntomas que pueden presentarse son áreas de piel engrosada (acantosis nigricans), el síndrome del ovario poliquístico, hipertensión o altos niveles de colesterol y triglicéridos.

Más a largo plazo pueden surgir complicaciones como la apoplejía, enfermedades cardiovasculares, problemas con la visión, enfermedades del riñón u otros problemas relacionados con los vasos sanguíneos, las encías o los nervios. Estos problemas suelen tener una mayor incidencia en las personas adultas en las que la enfermedad no se controló adecuadamente en su momento.

Asociaciones para la diabetes

Argentina: FAD.

Chile: Asociación de diabéticos de Chile.

Colombia: Asociación colombiana de diabetes.

España: Sociedad española de diabetes.

México: Federación mexicana de diabetes.

Perú: Asociación de diabetes del Perú.

Venezuela: Fenadiabetes.

Diagnóstico y tratamiento de la diabetes tipo 2

El diagnóstico de la diabetes tipo 2 se efectúa mediante exámenes de sangre: el nivel de glucemia en ayunas, el aleatorio (sin ayunar), el examen de hemoglobina A1c y la prueba de tolerancia a la glucosa oral. Para controlar adecuadamente la enfermedad es recomendable visitar el médico cada tres meses, controlando la presión arterial, examinando la vista y revisando la piel, las piernas y los huesos. También conviene hacerse exámenes anuales de los riñones y visitar al odontólogo cada medio año.

En cuanto al tratamiento, sabiendo que se trata de una enfermedad crónica, el objetivo primordial consiste en mantener los niveles de glucemia controlados y prevenir en lo posible las complicaciones futuras asociadas con esta enfermedad. Para ello, el ejercicio moderado y la dieta son dos elementos básicos. Y por supuesto, la medicación que debe administrarse; circunstancia en la que el afectado debe poseer el más amplio conocimiento posible para saber cómo actuar ante eventualidades como los niveles altos o bajos de glucemia, o cómo hacerlo ante la presencia de otras afecciones relacionadas, así como la adquisición y almacenaje de los medicamentos propios de la diabetes.

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