El concepto democracia es utilizado actualmente de diversas maneras para referirse a un conjunto de instituciones políticas que buscan promover la participación de los ciudadanos en las esferas del gobierno, pretendiendo con ello la inclusión de los mismos en las decisiones de las sociedades, sin embargo, ante las recientes oleadas de inconformidad a lo largo del mundo, es necesario revisar dicha conceptualización.

El término puede ser considerado de dos maneras: la primera jurídico institucional, es decir, como un sistema de gobierno; y la segunda procesal, en donde varios individuos se ponen de acuerdo para la coexistencia de dicho régimen.

Para el filósofo turinés, Norberto Bobbio, la primera es la democracia formal, el gobierno del pueblo, mientras que la segunda es la democracia sustancial, como gobierno para el pueblo." La democracia, pretende ser, según Shively un estado en el que todos los ciudadanos completamente calificados votan a intervalos regulares para elegir, entre candidatos alternativos, a las personas que estarán a cargo de establecer las políticas del Estado."

Democracia débil

Sin embargo, la definición anterior pertenecería, a lo que Bobbio denomina, democracia en sentido débil. Ya que la participación ciudadana, en una democracia profunda, no puede limitarse solamente a la elección de los representantes. Es necesario que, en un régimen democrático, la participación ciudadana sea constante, y se vigile permanentemente a los organismos del Estado.

En la democracia se reconoce la naturaleza contractual de la formación del Estado, haciendo a los individuos protagonistas de las decisiones colectivas, tomadas directamente, o por los representantes de la masa. La participación política de los ciudadanos en la democracia es la piedra angular sobre la que se construye esta institución política.

El mismo Shively, después de dar su primera definición de democracia, afirma que en una democracia no sólo se espera que las personas obedezcan las leyes y sean ciudadanos entusiastas sino que sean también, al mismo tiempo, ciudadanos críticos… se espera que apoyen con entusiasmo la autoridad de sus líderes gubernamentales, pero que, al mismo tiempo, sean lo bastante críticos de esos líderes como para poder votar con facilidad para quitarlos de su cargo en la siguiente elección.

El poder político en la democracia

El carácter igualitario de la democracia funda su sentido en la participación del grupo en la toma de decisiones. Para los antiguos, la democracia se fundamenta en la acción individual, que persigue la conveniencia del grupo.

Como menciona Benjamín Constant: El fin de los antiguos era la distribución del poder político entre todos los ciudadanos de una misma patria: ellos llamaban a esto libertad. El fin de los modernos es la seguridad en los goces privados: ellos llaman libertad a las garantías acordadas por las instituciones para estos goces.

Así pues, el funcionamiento democrático varía, dependiendo de dos conjunciones: si es del pueblo, la democracia será vacua y sin sentido; si es para el pueblo, el funcionamiento de esta forma de gobierno estará determinado por la capacidad individual de los gobernantes; en cualquiera de los dos casos, el carácter democrático no puede escapar a su peor defecto: el dominio grupal.

Desde Tocqueville, la democracia significa, como forma de gobierno, la participación de todos en la cosa pública. Por otro lado, la sociedad que se inspira en el ideal de la igualdad y que al extenderse terminará por sumergir a las sociedades tradicionales basadas en un orden jerárquico inmutable.

La representación

Así pues, la noción de participación política valida y reafirma el concepto de representación, es decir, el ciudadano cede su libertad negativa y la capacidad de hacer justicia por sí mismo, y los pone en manos de las leyes, las cuales se aplican a través de los funcionarios elegidos para asegurar su cumplimiento.

Rousseau veía en la democracia un gobierno imposible de alcanzar, debido a su multiplicidad de intereses. Menciona que el gobierno democrático supone reunir una gran cantidad de cosas inalcanzables. Primeramente, un Estado muy pequeño, en donde se pueda reunir el pueblo y en donde cada ciudadano pueda sin dificultad conocer a los demás.

En segundo lugar, una gran sencillez de costumbres que prevenga o resuelva con anticipación la multitud de negocios y de deliberaciones espinosas; luego mucha igualdad en los rangos y las fortunas, sin lo cual la igualdad de derechos y de autoridad no podría subsistir mucho tiempo; y por último, poco o ningún lujo, pues este, hijo de las riquezas, corrompe tanto al rico como al pobre, al uno por posesión y al otro por la codicia; entrega la patria a la molicie, a la vanidad, y arrebata al Estado todos los ciudadanos para esclavizarlos, sometiendo unos al yugo de otros y todos al de la opinión.

Después de exponer las razones por las cuales Rousseau pensaba que el régimen democrático no podría llevarse a cabo, caemos en cuenta de que en nuestras sociedades sucede exactamente lo contrario.