La ansiedad, ese estado emocional en el cual una persona siente que no puede esperar el resultado de un acontecimiento o lograr sentirse calmo en medio de una situación demandante o incierta, es una respuesta natural del ser humano ante circunstancias exigentes, siempre y cuando la intensidad, duración y frecuencia de las crisis emocionales no se tornen excesivas. Cuando se vuelve patológico puede tomar la forma de diferentes desórdenes que se clasifican de acuerdo a sus determinantes, a la constelación de signos y síntomas y/o a través de los cambios observados en el comportamiento.

Naturaleza de la ansiedad

La ansiedad es un estado emocional y como toda emoción contiene elementos psíquicos y somáticos que la caracterizan. En general aparece como una señal de alerta ante una situación amenazante nacida en el medio externo o interno del individuo.

Según La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, la ansiedad se expresa a tres niveles:

  1. Cognitivo-subjetivo (la vivencia)
  2. Fisológico (signos y síntomas corporales)
  3. Motor (comportamiento)
Los investigadores Hovatta, Juhila y Donner (Finlandia) agregan que los trastornos de ansiedad involucran cambios biomoleculares específicos en los que participan mecanismos de estrés oxidativo ( aumento de formaciones reactivas de oxígeno) y las consecuentes reacciones enzimáticas para defender al organismo de la toxicidad que esos radicales de oxígeno provocan. El mayor daño, afirman, se produciría a nivel de las mitocondrias (organismos celulares generadores de energía) ubicadas a nivel cerebral. La falta de reacción enzimática compensadora del estrés oxidativo contribuiría a la gravedad o falta de resolución espontánea del cuadro.

Durante los episodios de ansiedad, el sistema nervioso autónomo (el cual controla las funciones cardíaca, respiratoria, digestivas, etc.) suele activarse y provocar malestares físicos diversos. Situaciones tales como discusiones importantes con reconciliación incierta, el recuerdo de las agresiones una y otra vez, o silencios a modo de castigo, podrían en algunas personas generar picos de presión arterial mientras que en otras podrían gatillar una gastritis o vómitos, desviando la atención de las causas psíquicas o acontecimientos externos que los generaron.

El sistema hormonal tanto como el inmune, estrechamente relacionados con el sistema nervioso, podrían también alterarse.

La unicidad de cada ser humano y de sus reacciones fisiológicas contribuirán a la instalación de los componentes corporales de los cuadros de ansiedad, estados que deben ser diferenciados de los cuadros psicosomáticos en donde la energía psíquica se expresa en el cuerpo por no poder ser elaborada adecuadamente en la psiquis.

Situaciones que pueden generar ansiedad

Diferentes tipos de situaciones pueden generar ansiedad, entre ellas:

  • Percepción de riesgo de peligro físico
  • Amenazas directas
  • Evaluaciones
  • Situaciones o resultados inciertos (en las cuales la persona invierte sentimientos, dinero, seguridad, estabilidad o salud)
  • Enfrentamientos a elementos fóbicos
  • Pérdida de control (sobre resultados, situaciones, conductas, etc.)
  • Situaciones varias que puedan disparar una señal de alarma de acuerdo a la personalidad y circunstancias de cada persona en particular.

Síntomas y signos de ansiedad

De acuerdo al cuadro ansioso que se instale las expresiones sintomáticas pueden variar:

  • A nivel cognitivo-subjetivo: irritabilidad, insomnio, preocupación, alarma exagerada, sensación de falta de control, miedo, inseguridad, alteraciones de la conducta, adicciones.
  • A nivel fisiológico: síntomas relacionados con el sistema nervioso autónomo (aumento de latidos cardíacos, alteraciones de la presión arterial, de respiraciones, de función colónica, náuseas, vómitos, irritación gástrica, aumento o pérdida de apetito, híper sudoración).
  • A nivel motor: hiperactividad, evitación de la situación temida, temblores, llanto, etc.
  • Síntomas psicofísicos resultantes de la combinación de los niveles anteriores más la participación de otros sistemas tales como el hormonal y el inmune: disfunciones eréctiles, disminución de la libido, enfermedades infecciosas, ciclos menstruales irregulares, rash alérgicos generalizados, etc.

Clasificación de los desórdenes de ansiedad

El DSM IV (Manual de Desórdenes Mentales) incluye 11 cuadros:

  1. Ataque de pánico
  2. Ataque de pánico sin agorafobia (miedo a espacios abiertos)
  3. Agorafobia sin ataque de pánico
  4. Fobia específica
  5. Fobia social
  6. Trastorno de ansiedad generalizada
  7. Trastorno por estrés agudo
  8. Trastorno por estrés postraumático
  9. Trastorno obsesivo compulsivo
  10. Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica
  11. Trastorno de ansiedad inducido por sustancias

Tratamiento y prevención de los trastornos de ansiedad

El tratamiento de los cuadros de ansiedad puede abordarse desde cuatro enfoques diferentes:

  1. Psicoterapias
  2. Farmacológicamente (ansiolíticos)
  3. Terapias combinadas (psicoterapia + fármacos de uso convencional)
  4. Tratamientos no convencionales (flores de Bach, homeopatía, reiki, meditación, autohipnosis, meditación, biofeedback, y varias opciones a evaluar y/o sumar al tratamiento convencional de acuerdo a cada caso)
Vale aclarar que la ansiedad como reacción emocional natural del ser humano no requiere tratamiento dado que como toda emoción se percibe, elabora y resuelve en una acción pertinente si se mantiene dentro de los parámetros emocionales normales. Pero en aquellos casos en que exceden lo esperado como reacción ante la situación que la genera, se recomienda la consulta con un profesional que guíe el diagnóstico del desorden psicoafectivo y el tratamiento pertinente.

La prevención de los estados ansiosos se basa en medidas que apuntan a restablecer el equilibrio dinámico psicosomático del individuo, como pueden ser: seguir una dieta equilibrada, evitar el consumo de azúcares o alcoholes, hacer del momento de las comidas un momento de descanso y socialización familiar; dormir en lo posible 8 horas diarias y en un horario “normal”, invertir tiempo de ocio en una vida social activa, vacaciones y enfocar en el humor; mantener una vida física y sexual activa, hacer ejercicios de manera rutinaria; enfrentar los problemas diarios sin esquivarlos, analizar cada situación de manera profunda pero sin obsesionarse con el problema o su solución, priorizar sentimientos y acciones, enfocar en aquello que suma calma y bienestar, y desechar o reconciliar todo aquello que pudiese transformarse en una preocupación de resolución incierta.

ConclusiónLa ansiedad es una respuesta emocional natural que activa los mecanismos de alarma de un individuo y que lo predispone a tomar acciones para solucionar la situación demandante que la genera.

Su aparición puede prevenirse o al menos aliviarse con una vida organizada, una dieta equilibrada, un descanso adecuado y una priorización y valoración de la importancia de las circunstancias cotidianas. De excederse en intensidad, se disponen de diversos tratamientos que evitarían las consecuencias que tal estado genera.