La andropausia, aunque se asocia generalmente a la pérdida de respuesta sexual, abarca también el declive en el resto de actividades, por lo común relacionadas con la edad.

La andropausia, dentro del terreno de la sexualidad, va ligada a la impotencia, a la disfunción eréctil y, por ende, a la capacidad de reproducción. Esta situación aparece ante la disminución de la hormona sexual masculina; la testosterona, lo que conlleva, asimismo, un menor deseo sexual.

Causas de la andropausia

La andropausia tiene como causa subyacente más habitual el paso del tiempo, con el subsiguiente descenso de la producción de testosterona. No obstante pueden existir otras causas no relacionadas con la edad. Entre ellas están algunas enfermedades, algún tipo de medicación prolongada, un elevado nivel de estrés, no tener relaciones sexuales o incluso una vida en exceso sedentaria.

Síntomas de la andropausia

La andropausia, dependiendo de la personalidad de cada individuo, puede ser vivida de un modo natural o bien arrastrar toda una serie de síntomas que van desde la angustia a la depresión, pasando por la ansiedad, la irritabilidad o el insomnio.

Más allá del factor psicológico, también se manifestarán otros síntomas de carácter físico. En el plano sexual se apreciará una disminución de la líbido, descenso en la producción de esperma y testosterona o flacidez del pene. Otros síntomas característicos de la andropausia, ya más estrictamente relacionados con la vejez, incluyen la progresiva pérdida visual y auditiva, escalofríos, pérdida de masa muscular, encanecimiento o pérdida de cabello, arrugas y resequedad de la piel, dolores musculares o deterioro óseo.

Es indudable que todos estos cambios pueden afectar en el terreno emocional, razón por la que también puede producirse otro tipo de síntomas que se reflejarán en la conducta. Estos cambios podrán ser leves, según sea la estabilidad psicológica de la persona, o ser más acusados.

Tratamiento de la andropausia

Cuando la causa de la andropausia está relacionada con la vejez no tiene mucho sentido hablar de tratamientos. Ahora bien, se puede retardar el proceso haciendo algunas cosas y dejando de hacer otras. Entre las que conviene evitar está el tabaco, el alcohol o cualquier tipo de droga, así como controlar el sobrepeso y no caer en el sedentarismo. En el otro lado de la balanza, lo que debemos hacer, está la práctica de ejercicio moderado y otras actividades, tanto físicas como intelectuales, así como mantener una dieta equilibrada.

Cuando las causas son achacables a otros factores distintos al paso del tiempo, se puede optar por un tratamiento hormonal sustitutivo que consiste en la administración de testosterona para equilibrar los bajos niveles en sangre de dicha hormona. De todos modos convendrá hacer, previamente, un diagnóstico para determinar si este tratamiento es adecuado en cada caso, ya que solo se indica cuando va asociado a un incremento de la hormona luteinizante y al mencionado descenso de testosterona en sangre. El tratamiento se llevará a efecto no sin antes haber efectuado una exploración clínica completa y un análisis de sangre para determinar el antígeno prostático específico (PSA). Una vez realizado el tratamiento, el paciente deberá controlarse cada año el PSA y realizar una revisión de próstata.

La testosterona puede ser administrada por distintas vías: por vía intramuscular, con una inyección cada 2 o 3 semanas, a través de parches transdérmicos de liberación progresiva de testosterona o bien mediante parches subcutáneos cuya efectividad, en este caso, se reduce a unos 3 o 4 meses.

Es importante saber que la terapia hormonal sustitutiva con testosterona no debe administrarse en aquellas personas que presenten patologías tales como la diabetes, epilepsia, adenoma prostático, problemas hepáticos o de riñón, hipertensión arterial o insuficiencia cardiaca.

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