La cifosis afecta en mayor número a las mujeres que a los hombres, pudiendo aparecer a cualquier edad y ser congénita o adquirida, aunque es mucho más frecuente el segundo caso. En los adolescentes viene originada por la compresión de las vértebras, originando una curvatura hacia adelante en la parte superior de la espalda. Se conoce también como enfermedad de Scheuermann y a día de hoy se ignora cuál es la causa.

Causas de la cifosis

Entre las causas que pueden estar relacionadas con la aparición de la cifosis cabe destacar:

  • Enfermedades degenerativas de la columna, como por ejemplo la artritis.
  • Espondilolistesis.
  • Fracturas provocadas por la osteoporosis.
  • Traumatismos.
Otras causas menos comunes abarcan:

  • Trastornos del tejido conectivo.
  • Algunas enfermedades endocrinas.
  • Infecciones, como por ejemplo la tuberculosis.
  • Distrofia muscular.
  • Tumores.
  • Neurofibromatosis.
  • Polio.
  • Espina bífida.
  • Enfermedad de Paget.

Síntomas de la cifosis

Entre los síntomas más destacables, a nivel visual, está el arqueamiento de la espalda dando la apariencia de joroba, diferencia en la altura de los hombros o la cabeza inclinada hacia adelante. Otros aspectos sintomáticos engloban un leve dolor de espalda, fatiga, tensión de los músculos de la parte posterior del muslo, sensibilidad y rigidez en la columna y, en los casos más graves, dificultades para respirar.

Diagnóstico de la cifosis

Además de constatar la curvatura anormal de la columna mediante un examen físico, el médico investigará que no se haya producido ningún cambio en el sistema nervioso, como por ejemplo modificaciones en la sensibilidad, parálisis o debilidad. También procederá a efectuar una radiografía de la columna, pruebas de la función pulmonar cuando la respiración se vea afectada y una tomografía por resonancia magnética para descartar la presencia de tumores, infecciones o síntomas neurológicos.

Ejercicios para prevenir la cifosis

Más allá del tratamiento, toda persona puede adoptar unos hábitos que ayudarán a prevenir la aparición de la cifosis. Se trata de sencillos ejercicios que se pueden realizar en cualquier momento. Algunos de estos ejercicios consisten en:

  • Entrelazar las manos por detrás, juntando los omóplatos e intentando estirar los codos al tiempo que se elevan los brazos. Esta posición debe mantenerse unos 30 segundos.
  • Sujetar el codo derecho por detrás con la mano izquierda, llevándolo con suavidad hacia la izquierda. Este ejercicio debe repetirse cambiando de brazo y manteniéndolo medio minuto en cada caso.
  • Situar un brazo por encima del hombro en dirección a la espalda mientras el otro brazo irá por debajo, también detrás de la espalda. La idea es entrelazar los dedos, lo cual es fácil que no se logre. En este caso hay que utilizar una cuerda, toalla o similar y tratar de juntar las manos lo máximo posible. Hay que mantener esta posición medio minuto cambiando posteriormente de brazo.
  • Sentarse en el suelo con las piernas estiradas. Hay que colocar las manos por detrás y juntarlas tanto como se pueda, obligando a su vez a juntarse los omóplatos y a elevar el tórax. Mantener esta posición durante veinte segundos.

Tratamiento de la cifosis

El tratamiento prescrito irá en función de cuál sea la causa que lo provoca. Cuando se trate de una cifosis congénita requerirá cirugía correctiva lo antes posible. Por lo que respecta a la enfermedad de Scheuermann, el tratamiento se basa en la fisioterapia y la utilización de un corsé. En algunas ocasiones –las más graves– se deberá recurrir a la cirugía.

Si la causa es la osteoporosis se valorarán los problemas subyacentes de la afección, pudiendo ser la cirugía recomendable en algunos casos. La osteoporosis, en todo caso, deberá ser tratada para prevenir posteriores fracturas. En lo que se refiere a la cifosis causada por infección o tumor, habrá que pensar en tratamientos más agresivos, acompañados habitualmente de medicación y cirugía.

Aunque siempre hay que valorar cuál es la causa, como por ejemplo en el caso de la cifosis congénita, que debe considerarse como grave, las expectativas de esta enfermedad suelen ser favorables con el tratamiento temprano y adecuado. En cuanto a las complicaciones asociadas a la enfermedad, está la disminución en la capacidad pulmonar, el dolor de espalda que incapacita, la deformidad de la espalda y síntomas neurológicos como debilidad o parálisis en las piernas.

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