La hepatitis B es la enfermedad infecciosa crónica más común, contabilizándose alrededor de 360 millones de casos en todo el mundo. Junto a la hepatitis C, es la enfermedad hepática crónica que con mayor frecuencia puede derivar en cirrosis hepática o carcinoma hepatocelular. La hepatitis A, al contrario que las anteriores, nunca puede ser crónica.

Causas y contagio de la hepatitis B

El virus de la hepatitis B puede transmitirse de varias formas:

  • Transfusiones de sangre.
  • Contacto directo con sangre infectada.
  • Relaciones sexuales con una persona infectada.
  • Tatuajes o acupuntura hechos con instrumental infectado.
  • Agujas compartidas entre consumidores de droga.
  • Compartiendo cepillos de dientes, maquinillas de afeitar u otros enseres de uso personal de alguien infectado.
El virus de la hepatitis B también puede ser transmitido a un bebé si la madre está infectada. Además existen ciertos factores que incrementan el riesgo de padecer hepatitis B:

  • Haber nacido en zonas donde existen altas tasas de infección por hepatitis B o tener padres que hayan nacido allí.
  • Estar infectado con el VIH.
  • Hemodiálisis.
  • Tener muchos compañeros sexuales.
  • Pertenecer a la población homosexual.

Sintomatología de la hepatitis B

Los síntomas asociados a la hepatitis b son variables, pudiendo incluso no presentarse ningún síntoma. En este último caso la persona infectada no es consciente de su situación, por lo que puede transmitir la enfermedad a otras personas. Los síntomas, cuando aparecen, pueden durar algunas semanas o incluso meses. Sin embargo hay personas que no pueden librarse de la infección, por lo que esta se vuelve crónica. Esto ocurre, aproximadamente, en el 7% de los casos. Los síntomas iniciales pueden abarcar:

  • Ictericia.
  • Fiebre.
  • Náuseas y vómitos.
  • Fatiga.
  • Dolor de cabeza.
  • Diarrea.
  • Inapetencia.
  • Dolores musculares y articulares.
Cuando la enfermedad se vuelve crónica pueden aparecer otros síntomas más graves:

  • Hipertensión portal
  • Cirrosis hepática.
  • Ascitis.
  • Insuficiencia hepática.
  • Encefalopatía hepática.
  • Cáncer de hígado.
  • Varices esofágicas.

Etiología del virus de la hepatitis B

El virus de la hepatitis B pertenece al género Orthohepadnavirus, de la familia de los Hepadnaviridae, conocido con las siglas VHB o HBV. El virus tiene un diámetro entre 42 y 47 nm, con un ADN de doble cadena de solamente 3.200 bases, siendo uno de los virus ADN más pequeños. Su envoltura viral contiene lípidos y proteínas.

Tratamiento de la hepatitis B

En el caso de la hepatitis B aguda no hay más tratamiento que el control de la función hepática junto a otras funciones corporales mediante exámenes de sangre. Lo recomendable, en estos casos, es guardar cama el tiempo que sea preciso, beber mucho líquido y comer saludablemente. Cuando se trate de hepatitis B crónica se pueden utilizar antivirales, que ayudarán a prevenir la posibilidad de desarrollar cirrosis o cáncer de hígado. En los casos más graves puede ser necesario un trasplante de hígado.

Debe evitarse siempre, cuando se trata de hepatitis B crónica, el consumo de alcohol, al igual que debe consultarse con el médico antes de tomar ningún medicamento, incluso analgésicos como el paracetamol o ibuprofeno.

Lo más habitual es un pronóstico favorable, remitiendo los síntomas en unas dos o tres semanas y volviendo el hígado a la normalidad en unos 6 meses a lo sumo. La tasa de mortalidad ronda el 1%.

Vacuna contra la hepatitis B: dosis

La vacuna de la hepatitis B consta de uno o varios antígenos, compuesta de microorganismos vivos atenuados o bien inertes que provocan una reacción inmune en la persona que los recibe sin que se desarrolle la enfermedad.

Todos los niños, tras el nacimiento, deben recibir la vacuna contra la hepatitis B, completando la serie de tres dosis a los 6 meses de edad. Las personas que por una u otra causa están en situación de riesgo deben aplicarse la vacuna, incluidos los trabajadores sanitarios. La vacuna se aplica en las personas que aún no han desarrollado la enfermedad. En cuanto a los bebés de madres infectadas o que hayan padecido la infección, deberán recibir vacunas especiales que incluyen la administración de inmunoglobulina, así como la vacunación contra la hepatitis B tras las 12 horas posteriores al nacimiento.

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