El trastorno por estrés postraumático, reconocido por el DSM desde 1980, afecta a millones de personas. Las causas son diversas, y van desde los desastres naturales, como huracanes, terremotos o inundaciones, pasando por guerras, terrorismo, accidentes de tráfico, profesiones como bombero o hechos traumáticos como la violencia de género, las violaciones o el abuso sexual infantil. Todo ello converge en una gran complejidad en lo que se refiere al abordaje terapéutico de este trastorno. Hasta la fecha no puede hablarse de una fórmula universal que dé respuesta eficaz a este problema.

Prevalencia y estadísticas del estrés postraumático

Se calcula que la prevalencia del trastorno por estrés postraumático está entre el 5% y el 10% de la población.

Según el estudio de Breslau y colaboradores, de Detroit, las mayores probabilidades para desarrollar el trastorno por estrés postraumático siguen este orden:

  • Amenazas contra la propia vida (24%).
  • Presenciar una agresión o asesinato (23,6%).
  • Ser víctima de una agresión física (22,6%).
  • Muerte de un ser querido (21,1%).
  • Accidente de tráfico (11,6%).

Etiología del trastorno por estrés postraumático

Las causas de un trastorno por estrés postraumático casi siempre responden a eventos imprevisibles e incontrolables. La sensación de control sobre lo que ocurre desparece por completo, creando un estado de ansiedad e indefensión donde la seguridad y la resiliencia parecen perder todo su sentido. Las situaciones más comunes donde el estrés postraumático puede hacer acto de presencia son las que siguen:

  • Los desastres naturales.
  • La muerte de algún ser querido.
  • Los accidentes.
  • Los asaltos, delitos o agresiones sexuales.
  • Los abusos físicos o sexuales en la infancia.
  • Las experiencias de combate.
  • La tortura.
  • El secuestro.
Otras situaciones que pueden generar un estado de ansiedad son la pérdida del puesto de trabajo, un divorcio o el fracaso escolar, entre otros. Se considera que si bien estas situaciones son altamente susceptibles de provocar estrés, y que además no se puede desligar de la personalidad de cada individuo en cuanto a los efectos que puede tener, no se consideran los detonantes clásicos del trastorno por estrés postraumático.

Sintomatología del trastorno por estrés postraumático

Los síntomas del trastorno por estrés postraumático se clasifican en tres categorías principales:

La reexperimentación del evento, también conocido como flashbacks.

  • Episodios donde la situación traumática parece estar sucediendo de nuevo una y otra vez.
  • Recuerdos reiterativos y angustiantes de la situación.
  • Sueños repetitivos (pesadillas).
Evasión

  • Reacciones físicas a situaciones que recuerdan el evento traumático.
  • Despreocupación e indiferencia.
  • Aislamiento social.
  • Incapacidad para recordar aspectos importantes del trauma.
  • Sensación de un futuro incierto.
  • Disminución emocional al expresar distintos estados de ánimo.
  • Insensibilidad o bloqueo emocional.
Excitación

  • Falta de concentración.
  • Respuesta exagerada a los estímulos.
  • Dificultades para dormir.
  • Hipervigilancia.
  • Irritabilidad, impulsividad o ataques de ira.
Con independencia de estos síntomas, también hay que considerar otros factores con un elevado poder desestabilizante. Entre ellos está la culpa –habitual en los hechos traumáticos como la violencia de género o el abuso sexual infantil–, frecuentes dolores de cabeza, mareos, excitabilidad, miedo, fiebre y otros. Igualmente, asociados al estrés postraumático, se pueden producir otros trastornos como la depresión, los ataques de pánico o de carácter adictivo como el abuso de drogas, entre otras.

Diagnóstico y tratamiento del estrés postraumático

Se considera un diagnóstico fiable del trastorno por estrés postraumático cuando sus efectos se producen dentro de los seis meses posteriores de haber estado expuesto a la situación traumática y, obviamente, experimentar los síntomas característicos de dicho trastorno. Dichos síntomas, además, deben tener una duración mínima de un mes. En este caso el diagnóstico es de estrés agudo. Cuando se prolongan por más de tres meses se considera estrés crónico. De todos modos también existen casos donde el estrés se presenta después de transcurridos los seis meses del evento traumático. El diagnóstico, entonces, es de estrés de inicio demorado.

Se han empleado múltiples técnicas en el abordaje terapéutico del trastorno por estrés postraumático, lo cual también tiene mucho que ver con la formación del profesional de la salud mental. De hecho es difícil tomar en consideración una técnica por encima de otra. Debido a su complejidad, es aconsejable que el tratamiento se adapte al paciente y a sus circunstancias específicas. En cualquier caso, el objetivo consiste en disminuir los síntomas, prevenir las complicaciones crónicas y propiciar la rehabilitación social y ocupacional. También son muy aconsejables las terapias de grupo y de familia, así como los grupos de autoayuda. Entre los medicamentos más utilizados están los antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo, entre otros.

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