Algunos de los que viven en Madrid habrán visto en estos días por las calles de la capital unos bolardos un poco menos aburridos y más coloridos. Lo que pensábamos ser la acción espontanea de algunos chavales, que en estos días de frío querían abrigar mejor a estos objetos de mobiliario urbano -desde hace un tiempo imprescindibles en nuestras ciudades-, era nada más nada menos que una instalación artística.

Se trata de una instalación de Yarn Bombing: arte de la calle o graffiti ecológico, que emplea coloridos paño hechos de punto o crochet.

Es un movimiento artístico menos invasivo que el de los graffitis, ya que la lana es más fácil de quitar que limpiar la pintura o la tiza. Las razones de su nacimiento son parecidas, el yarn bombing es un movimiento artístico de protesta que quiere embellecer nuestras ciudades.

Algunas de sus acciones

En Londres, New York, Pamplona, A Coruña, este filón artístico ha actuado en varias ciudades del mundo. Ha revestido de lana y colores las míticas cabinas telefónica del Reino Unido, ha dado un aire algo menos agresivo al toro de Wall Street, ha puesto fundas de ganchillo en los cuernos de los toros del Monumineto al entierro de la capital navarra, ha cubierto recientemente con una vistosa túnica de ganchillo la escultura del guerrero romano de Botero de la Domus de A Coruña.

Un poco de historia

Este arte urbano nació en Holanda en 2004, con el fin de reivindicar la utilización de tejidos como el ganchillo o la calceta. ¡Hacer la calceta no es sólo cosas de abuelas! Es más, el movimiento cuenta entre sus miembros con muchos integrantes de sexo masculino. Otro tópico que el yarn bombing consigue derrumbar.

Muchas de sus acciones se desarrollan de manera ilegal, lo que en principio era la esencia del movimiento, pero cada vez más museos e instituciones se están sumando al apoyo de este movimiento, tal y como ha pasado con otros movimientos de arte callejero, incluido los más invasivos, como el citado graffiti.

Unos guerrilleros que no "buscan guerra"

También se hacen llamar los guerrilleros del ganchillo ('guerrilla knitting') pero no “buscan guerra”, lo único que buscan estos guerrilleros muy especiales es hacer sonreír a la gente y sacar el arte de las galerías y generar nuevas miradas, hacia árboles, bancos, esculturas, hacia espacios que, quizá, ya pasan desapercibidos por la gran mayoría de nosotros.