Alois Alzheimer, neurólogo y psiquiatra alemán, fue el primero en publicar un trabajo a raíz de un estudio histológico sobre un paciente que padecía la enfermedad y que, más adelante, en 1910, pasaría a ser conocida como la enfermedad de Alzheimer.

Desde esa fecha no ha cesado la investigación sobre esta temida enfermedad. Hoy se sabe que el envejecimiento de la población es un factor que incide directamente en el aumento de casos de Alzheimer y que si no se logran avances importantes puede provocar un grave problema socio-sanitario. E igualmente económico. Hasta tal punto es así que ya se denomina a esta enfermedad como la epidemia del siglo XXI.

Etiología del Alzheimer

Realmente se desconocen cuáles son las causas que desencadenan la aparición de la enfermedad de Alzheimer. En un primer momento se barajaba la teoría de que algunos metales pesados, como el plomo, el aluminio o el mercurio, pudieran tener alguna relación, aunque hoy en día se ha descartado. En la actualidad los estudios observan factores como la falta de riego sanguíneo en las células del cerebro, inflamaciones del cerebro, traumatismos craneales, la presencia en el cromosoma 19 del gen apoE4 o las mutaciones genéticas. También se incluyen entre los factores de riesgo la enfermedad de Parkinson, el hipotiroidismo, el síndrome de Down o la carencia de vitamina B12.

Asociaciones para el mal de Alzheimer

Sintomatología del Alzheimer

Es indudable que un tratamiento efectivo tiene mucho que ver con un diagnóstico precoz. En este sentido conviene conocer bien los síntomas asociados al Alzheimer y acudir al especialista lo antes posible cuando se detecten. Estos serían los más relevantes:

  • Pérdida de memoria
  • Problemas con el habla.
  • Dificultad en el desempeño de las tareas cotidianas.
  • Desorientación en el tiempo y el espacio.
  • Ausencia de buen juicio.
  • Poner objetos fuera de su sitio habitual.
  • Dificultad para las tareas mentales.
  • Pérdida de la iniciativa.
  • Cambios de humor.
  • Cambios en la personalidad.

Diagnóstico del Alzheimer

Ante la aparición de síntomas que induzcan a pensar en la presencia de la enfermedad de Alzheimer, el médico descartará otro tipo de patologías cuyos síntomas guarden relación. El diagnóstico médico, que suele ser consecuencia de un largo proceso, puede determinar con seguridad la existencia de la enfermedad en un 80% o 90%.

Aunque el Alzheimer no tiene cura ni es posible recuperar las partes dañadas del cerebro, existe la posibilidad de administrar drogas que retrasen en desarrollo de la enfermedad y minimicen la gravedad de la sintomatología.

Además conviene seguir ciertas pautas que ayudarán a sobrellevar la enfermedad y a mejorar la calidad de vida del enfermo y de quienes le rodean:

  • Proporcionar al enfermo una rutina diaria.
  • Rodearle de un entorno social y familiar adecuado que estimule sus recuerdos.
  • Hacer un ejercicio físico adecuado.
  • Evitarle impedimentos y peligros.
  • Buscar cuidadores cuando sea necesario.

Tratamiento del Alzheimer

El tratamiento debe incluir el soporte a la familia del enfermo, ya que el desgaste psicológico es muy elevado. Igualmente importante será modificar el estilo de vida del paciente, incentivándolo a participar en actividades de grupo y alentando la comunicación, todo ello siempre supervisado. Introducirle en técnicas para incrementar el sueño y disminuir la ansiedad, así como la música relajante o la aromaterapia, también son efectivas.

A pesar de tratarse de una enfermedad incurable, existen medicamentos capaces de controlar sus síntomas. Los tratamientos, además, también se utilizan para el control de otras secuelas asociadas, como son la depresión, la ansiedad, y los comportamientos psicóticos como delirios, alucinaciones y pensamientos paranoicos.

La FDA (Food and Drug Administration) ha aprobado cinco drogas para el control de la enfermedad de Alzheimer. Un grupo de cuatro (Cognex®, Aricept®, Exelon® y Razadyne®) son las llamadas inhibidores de la colinesterasa. Estas drogas retrasan la progresión del deterioro cognitivo, minimizando la desintegración metabólica de la acetilcolina. El otro medicamento –Nemenda®– se cree que protege las células nerviosas del cerebro de un exceso de glutamate, un mensajero químico que se libera en grandes cantidades por las células dañadas por la enfermedad.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".

Podéis seguir mis artículos en Twitter.