¿El alcoholismo es un síntoma o una enfermedad?

Una manera de verlo es que el alcoholismo es un conjunto de síntomas cuyas raíces se hallan en diversos trastornos de la personalidad subyacentes. Otro punto de vista, casi contrario, es que el alcoholismo es una enfermedad con una central patológica, causas específicas y un curso evolutivo bien definido.

¿Predisponen ciertos tipos de personalidad a que una persona posea alcoholismo?

Los alcohólicos son un grupo heterogéneo, que incluye tanto a las personas comparativamente razonables y estables que a través de los años se vuelven alcohólicas, como a personas inestables, vulnerables, inseguras e inmaduras.

Indisputablemente, entre los alcohólicos hay una proporción elevada de personas que tienen problemas psicopatológicos, como pueden ser: neuróticos, psicóticos limítrofes, deprimidos recurrentes o crónicos, personas tímidas, introvertidas, con problemas sexuales, o personas que llegan a padecer ansiedad y fobias, personalidades obsesivas, etc. Sin embargo, en ciertos individuos la reacción patológica al alcohol es el fenómeno primario.

En un gran porcentaje de las personas la ingestión de alcohol efectúa una función reguladora del humor. En otras, la incapacidad para tolerar frustraciones parece ser un elemento central. En otros casos, una tendencia autopunitiva utiliza alcohol como instrumento para satisfacerla.

Las tendencias a caer en un cuadro de depresión son frecuentes en los alcohólicos y tienden en algunas personas a generar y a perpetuar el abuso. Muchos alcohólicos poseen un bajo autoestima, son pasivos y exageradamente sensibles. También ocurre que muchos alcohólicos son rebeldes ante la autoridad, tienen problemas en el ámbito sexual y son hostiles. Estos rasgos son a veces resultados del alcoholismo. A través del tiempo, el alcoholismo nivela a quienes lo sufren. Los alcohólicos crónicos son más parecidos entre sí que quienes se inician en el consumo excesivo del alcohol.

La negación, la racionalización y la proyección de las culpa en los demás son bien llamadas las defensas psicológicas comunes en los alcohólicos. El sujeto abandona sus responsabilidades y se conduce en forma cada vez más dependiente y regresiva. Se siente en profunda soledad, culpable y atemorizado cuando está sobrio. En realidad, aquí se denota que necesita ayuda.

¿Por qué bebe el alcohólico?

Se necesita distinguir entre las causas de la ingestión exagerada de alcohol, que son en su mayoría sociales y psicológicas, y las causas de la dependencia del alcohol, que integran además las fisiológicas y orgánicas.

Basados en la psicología, se puede decir que hay dos grandes razones para abusar del alcohol: una es poder expresar impulsos objetables, y la otra, dar la espalda a una realidad dolorosa.

¿Cómo es el alcoholismo en la sociedad?

El alcoholismo es un problema que llegan a compartir tanto los países ricos como los pobres; se presenta en cualquier estructura social aunque parece ser más frecuente en las esferas sociales altas y bajas, a partir de la adolescencia y en el sexo masculino; esto se puede deber a que la mujer todavía se encuentra reprimida en la sociedad.

Se deduce que el ama de casa bebe más que la que trabaja. No es completamente hereditario, aunque se da más frecuente en hijos de padres alcohólicos; como se menciona anteriormente, también hay factores que lo pueden favorecer, como una personalidad predisponente, inmadurez e inadaptabilidad, con poca tolerancia a la frustración, incapaces de relacionarse adecuadamente con los demás. Algunas ocupaciones también lo propician como sucede con los agentes viajeros y obviamente las personas que trabajan con bebidas alcohólicas.

En relación al ambiente, se presenta en cualquier clima y en cualquier ubicación geográfica, tanto en zonas rurales como urbanas; algunas personas consideran que la producción de bebidas alcohólicas y la facilidad para adquirirlas lo favorece; sin embargo, se ha observado que hay países como Italia que producen gran cantidad de bebidas alcohólicas y no tienen un índice más elevado de alcoholismo. Es más frecuente en las familias desintegradas o donde se siente gran presión social; su consumo puede estar fomentado también por la publicidad que invita a beber y por un medio cultural en el que los festejos no pueden prescindir de alcohol.

Investigaciones han encontrado que hay menor número de alcohólicos en grupos sociales en los que los niños ingieren bebidas alcohólicas desde pequeños, pero siempre en un grupo familiar unido, en poca cantidad y muy diluidas, conjuntamente con las comidas, donde las bebidas no prueban que el bebedor sea más recio, donde la abstinencia es socialmente aceptada y la persona que bebe en exceso es completamente rechazada.