De noche en las discotecas, todos los chicos quieren cambiar de sexo, pero nunca se dan cuenta de que probablemente en muchos momentos se arrepentirían. Así que ¿Qué envidia una mujer de un hombre?

En las discotecas nadie les da la paliza

Lo primero que puede pensar un hombre al oír esto, es "pobrecita, no sabes la pena me das" y esto sucede, porque las altas dosis de testosterona presentes en su organismo, hacen que a él le atraigan prácticamente todas las mujeres del local, menos dos o tres y si ha bebido mucho, probablemente tampoco les haga ascos. Pues bien, hormonal y biológicamente, la mujer, es completamente distinta, se encarga de seleccionar al mejor candidato para procrear, no importa si es guapa o fea, si se puede permitir hacer eso o no. Por lo tanto, a ella, de todos los tíos del local, solo le parecen interesantes, dos o tres y el resto, cuando se le acerquen en plan jauría, le parecerán un atajo de pesados. Así que para saber lo que siente una mujer en esos momentos, un hombre solo tiene que imaginarse a la más fea de todo el bar, intentando entablar conversación con él, pero yendo al grano, más o menos de esta manera:"¿nunca te han dicho que eres muy guapo?". Él se vería obligado entonces a guardar las formas y aguantar, aunque tuviese ganas de salir corriendo, intentando mientras tanto encontrar la manera de quitársela de encima. La conclusión de esto es simplemente que a una mujer no le molesta hablar con un chico en una discoteca, lo que es ya más pesado es aguantar la cacería de hembras.

En el ámbito laboral siguen siendo más respetados

En una entrevista de trabajo, a un hombre no se le juzga, ni por su físico, ni por su edad, ni por su estado civil. A una mujer sin embargo, durante la entrevista, en ocasiones, un buen físico le suma puntos, en otras, se los resta. Como todo el mundo sabe, a las guapas se las suele prejuzgar considerándolas tontas y a las gordas y feas, inteligentes. Si quien preside la entrevista, es un viejo verde, sin embargo, a la más guapa, la continuará tomando por tonta, pero aun así será a ella a quien elija. Otro obstáculo con el que se encuentra frecuentemente la mujer en el trabajo, es el de la edad, tanto si es guapa como fea, si además de mujer, es joven, lo tiene mucho más difícil.

Después, una vez incorporada a su puesto de trabajo, sus opiniones serán siempre cuestionadas, con mucha más frecuencia, por las demás mujeres.

A un hombre, no le importa cómo va vestido su compañero de trabajo

Los hombres no se critican entre ellos por tonterías ni entran en competiciones absurdas, entre ellos existe más compañerismo y envidia sana. Trabajan en equipo con facilidad, lo que no implica que sean amigos, ni que se vayan a tomar copas juntos, pero no hablan mal de su compañero de trabajo porque no viste apropiadamente para ir a trabajar o porque no les gusta su peinado o porque recibe mejores valoraciones de sus superiores que ellos.

Los hombres pueden tener hijos a la edad que quieran, las mujeres no

De esta manera, un hombre puede planear su vida de una forma muy distinta a la mujer y tener un hijo a los ochenta años, si quiere. Tal es el caso del actor Anthony Quinn, que fue padre del último de sus doce hijos a la edad de ochenta y un años, fruto de su cuarto matrimonio con su joven secretaria, cincuenta años más joven que él.

Sin embargo, una mujer, si bien en la actualidad, puede ser madre sin problemas hasta los cuarenta años, pasada esta edad, es prácticamente imposible que se quede embarazada. Antes de cumplir los treinta y cinco, el médico ya le está recomendando que deje todo lo que está haciendo y que se ponga a fabricar niños, aunque ella no tenga ni las menores ganas de ser madre en ese momento, porque si no, es posible que se le pase la oportunidad. Después está la presión social, a un hombre, a los treinta años, nadie le bombardea con el tema de la paternidad.

Nadie piensa que tienen fecha de caducidad

Existe una leyenda que afirma que una mujer, cuando cumple cuarenta años, ya no sirve para nada. La mujer, que curiosamente, se tiñe las canas, se pone cremas, hace dieta y va al gimnasio, mientras que muchos hombres, a los cuarenta y a los treinta, ya están gordos y calvos. Por supuesto, ellos ni van a spinning, ni hacen dieta, ni se tiñen, ni se depilan. El porqué de esta leyenda, se encuentra en el fin reproductivo de la unión entre hombre y mujer. El hombre siempre es reproductivo y la mujer no, por eso a ella se la castiga socialmente cuando sigue queriendo estar en el mercado, pasada ya su edad fértil. Afortunadamente, hoy en día, la mayoría de las uniones sentimentales ya no se basan en la idea de la procreación.

No tienen la regla, no soportan embarazos ni partos, nadie les viola y pueden orinar de pié

Efectivamente, un perturbado mental no viola a jovencitos, por alguna razón prefieren siempre a las mujeres. Así que un chico puede volver a casa solo de noche, sin temer que el tipo raro que se sienta a su lado en el metro, se meta una mano bajo el pantalón y empiece a masturbarse en su presencia.

Un hombre no tiene que soportar el síndrome pre menstrual, ni los dolores que el período provoca todos los meses. Tampoco tiene que soportar un embarazo, ni correr el riesgo que comporta un parto.

Pero hay una cosa que las mujeres envidian de los hombres sobre todas las demás, desde su más tierna infancia: poder orinar de pié.

En definitiva, siempre ha habido y habrá ventajas e inconvenientes entre ambos sexos, pero no son mejores ni peores en un caso ni en otro. Simplemente, diferentes.