El Puente Grande de Tololotlán o Puente de San Antonio de Terán, que se tiende sobre el río Santiago, se encuentra a 14 kilómetros hacia el oriente de la cabecera municipal de Tonalá, Jalisco. Tiene 160 metros de largo por 6 del carril de circulación de vehículos y peatones, fue construido en el siglo XVIII y su estructura, según los especialistas, se encuentra aún en buen estado.

Antes de que se instalara el Puente Grande se perdieron muchas vidas en el río Santiago

Desde 1545 y 1585 hubo intentos por construir un puente firme sobre el río Santiago, pero no prosperaron sino hasta 1718, cuando entró en servicio el Puente Grande, cuya construcción duró varios años. Este puente durante siglos fue el lazo de unión entre la capital de la Nueva España y la de la Nueva Galicia.

Según los historiadores, los indígenas de Tololotlán pasaban personas y mercancías de un lado a otro del río en canoas hechas de troncos de árbol, estabilizadas con bules o calabazas grandes empujadas por indios nadando al lado, pero debido al uso de ese rudimentario y peligroso sistema se perdieron muchas vidas.

En la instalación del Puente de San Antonio de Terán destacaron tres personajes

Juan de Viruete, Cura de Zapotlanejo, movido por las continuas muertes de los indígenas al tratar de cruzar el río nadando, insistió ante las autoridades virreinales en la construcción de un puente.

Tomás de Terán de los Ríos, Gobernador y Capitán General de la Real Audiencia de Guadalajara, mandó construir el puente en la parte más baja del río Grande o Santiago, que se localizaba en las inmediaciones del pueblo indígena de Tololotlán.

Y Antonio del Real y Quezada, Oidor de la Real Audiencia de Guadalajara, fue el encargado de la obra; trabajó junto a sus asistentes Francisco Porres Núñez de Villavicencio, Alférez Real, y Pedro Gomero, Duque de Estrada, Alcalde Ordinario.

Al construir Puente Grande también se construyó la garita anexa

Viruete y Quezada insistieron ante Juan de Uribe, Procurador del Ayuntamiento de Madrid, para la provisión de fondos de la corona española para terminar el puente en el menor tiempo posible. Entonces, el gobierno español proporcionó 900 pesos para dicha obra y ordenó que los indios fueran los obreros.

Los encomenderos, que estaban acostumbrados a que los indígenas eran los que trabajaban y ellos quienes recibían los beneficios, se negaron a soltar a sus indios esclavos. Viruete y Quezada negociaron con la corona para que se comprometiera a reembolsar el dinero que dejaran de ganar por deshacerse por un tiempo de sus esclavos. Y entonces se cobraba un dinero por el uso del puente y así los españoles encomenderos recuperaban sus ganancias perdidas.

La Garita, que se ubica a un costado del puente, se construyó para el cobro del derecho de uso. Se tenía que pagar una cuota por las mercancías, las bestias y las personas que los recaudadores contabilizaban al pasar, éstas eran revisadas y así se fijaba el pago.

Puente Grande es un monumento histórico de México

El puente consta de 3 elementos: el propio desarrollo del puente y 4 grandes pilastras en las que se aprecia la mezcla de lo religioso con lo civil pues están las estatuas de los santos San Francisco y San Antonio y de los Reyes de España Felipe V y Luis I, también hay una pequeña ermita que está deteriorada y La Garita que lleva un gran avance en su restauración, la Secretaría de Cultura del municipio afirma que pronto será un centro cultural.

Por este camino, el Cura Hidalgo y los insurgentes llegaron a Guadalajara en noviembre de 1810 y también por allí transitaron los ejércitos de Hidalgo y Calleja, antes y después de la histórica batalla de Puente de Calderón, hecho que en este 2011 cumple 200 años de haberse suscitado.

Este viejo puente en la delegación Puente Grande es un monumento de relevancia histórica y en torno a él la gente del pueblo ha creado historias y leyendas con sus anécdotas.