Para sentir las emociones de viajar, basta con emprender la ruta por los encantadores caminos de Michoacán en México, donde las sorpresas siempre esperan para mostrar un estado multifacético dominado por la cultura, posible de descubrirse en sus ciudades virreinales como Morelia y Zamora; pero el romanticismo está en sus cuatro fantásticos pueblos mágicos: Pátzcuaro, Cuitzeo, Tlalpujahua y Santa Clara del Cobre, a cuyos colores haremos reverencia en esta ocasión, con el fin de comprender sus historias en la belleza del presente.

A nivel nacional, Michoacán ocupa el primer lugar por el número de destinos incluidos en el programa nacional Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo Federal, sus cuatro referentes han traspasado las fronteras por importantes filmes cinematográficos y destacados eventos de talla internacional, pero sobre todo por la esencia fantástica que en sus detalles es posible percibir, en cada pueblo se vive diferente, pero en todos se experimenta la magia de viajar.

Pátzcuaro, la puerta del cielo

Su nombre proviene del purépecha y significa precisamente "La Puerta del Cielo", las escenas de los pescadores en su lago con la isla de Janitzio como lienzo son parte vital de las mejores postales, Pátzcuaro sorprende también en cada callejuela empedrada de su antiguo centro histórico, en los templos que informan del pasado glorioso, de las huellas en el presente capaces de llevarnos a saborear las exquisitas formas gastronómicas y el cultivo de la mente al presenciar instantes como la mundialmente conocida Noche de Muertos.

Al entrar a Pátzcuaro, la visión se enciende para captar la uniformidad de sus calles y casonas, los colores rojo y blanco mantienen la simetría típica de los pueblos michoacanos, mientras los rústicos y gigantes portones de maderas regionales son parte visible de la arquitectura, donde los balcones con floridas plantas y rejas de herrería magistralmente esculpidas al fuego, son parte de ese romanticismo que resulta inevitable fotografiar, así como sus artesanías en madera, cestería y alfarería laqueada.

Si de comer se trata, las corundas rellenas frente a la antigua catedral, hoy Basílica de Nuestra Señora de la Salud, son la mejor opción, los atoles de frutas regionales resultan ideales, sin olvidar la prestigiada nieve de pasta que se saborea mejor al caminar por la plaza de Don Vasco, considerada la más bella y grande de América Latina, que con más de cuatro siglos de vida invita a quedarse en Pátzcuaro, donde también el pescado blanco y la sopa tarasca esperan para los paladares exigentes.

Para completar la experiencia del pueblo se debe visitar: El Sagrario, Ex convento Jesuita, Antiguo Colegio de San Nicolás, Teatro Emperador, Biblioteca Pública, Plaza Gertrudis Bocanegra, Casa de los Once Patios, los fantásticos hoteles boutique, restaurantes de primer nivel, los miradores y por supuesto las islas del lago.

Tlalpujahua, historia de oro y esferas

Entre las montañas del oriente michoacano, la magia se siente en el frío del lugar, a 40 kilómetros al sur se reproducen los millones de mariposas monarcas en sus santuarios protegidos, especie que cada año emigra desde Canadá para deleitarnos con su espectáculo natural.

En sus estrechos callejones y antiguas minas, Tlalpujahua nos narra la legendaria historia minera que le dio bonanza, llegó a ser de los principales productores de oro y plata en el mundo durante más de tres siglos, al paso del tiempo se negó a morir, por eso hoy su arquitectura virreinal se levanta imponente en la colina que la ha visto inmortalizarse. El pueblo resulta encantador con sus muros coloridos, sus techos de tejas y calles empedradas, los rincones con fuentes y las plazas públicas son elementos exquisitos para transitar por ellos mientras la niebla entre los altos bosques crea el espectáculo que cautiva al viajero.

Por todos lados los talleres de esferas nos muestran la sorprendente técnica del trabajo artesanal de soplar el vidrio y aplicar la pintura de forma manual, creando con ello los detalles que las hacen los objetos navideños más bellos del mundo, conviene visitar Mina la Estrella, la casa museo de los Hermanos Rayón, las perfectas joyas arquitectónicas del siglo XVII como el Templo del Carmen, el Ex convento y el Santuario.

Santa Clara del Cobre, el origen de la vida en el metal

Entre espesos bosques de pino, Santa Clara abre sus talleres de cobre martillado, con el cual se elaboran espléndidas piezas de arte que han dado al vuelta al mundo por su indiscutible calidad, en el Museo del Cobre se exponen las más premiadas en su feria anual que se realiza en agosto.

El destino luce invadido por el preciado metal hasta en las leyendas públicas que señalan la nomenclatura de las calles, el kiosko de la plaza principal y sus bancas para el descanso del viajero también han sido finamente decorados con la técnica.

Este pueblo mágico conserva la atractiva arquitectura típica al estilo de Pátzcuaro, sus iglesias son un disfrute por sus bellas formas decorativas perfectas en forma de candelabros, enormes obras que hacen referencia a la naturaleza y detalles que adornan las imágenes religiosas principales del lugar. En Santa Clara la vida es de cobre y la magia radica en ello.

Cuitzeo en la rivera del lago

Declarado en 2006 como uno de los Pueblos Mágicos de México, Cuitzeo significa "Lugar de Vasijas", su existencia se ha desarrollado a orillas del lago que lleva su mismo nombre, de donde se extraen las carpas cocinadas de múltiples formas heredadas por la antigua orden evangelizadora de los agustinos, quienes mantuvieron en el pueblo uno de los cuerpos conventuales más destacados en todo el continente para la educación musical y la trasformación religiosa por medio del arte.

La arquitectura en Cuitzeo es modesta y emotiva, la paz en sus calles absoluta, hay instantes en que sólo se escucha el canto de las aves en el lago o entre los centenarios árboles frutales plantados por los frailes en el Convento de Santa Maria Magdalena, actual joya restaurada de la arquitectura mexicana.

Michoacán es El Alma de México, sus pueblos mágicos la oportunidad para vivir lo extraordinario.